Los caídos de La Sabanilla: sangre agraria

Cada 28 de noviembre, La Sabanilla, Jerécuaro, Guanajuato, recuerda la hazaña que resultó en el ejido que les dio libertad agrícola. A 89 años de distancia, la comunidad sigue homenajeando a quienes arriesgaron la vida “por un pedazo de tierra”. El problema de latifundio
Todavía para 1936, la comunidad de La Sabanilla se enfrentaba al sistema económico, social y político de los latifundios. Esta palabra viene del latín “latifundium” que se compone del término “latus”, que significa “ancho” o “extenso”, y “fundum”, interpretado como “la base para vivir”. Por lo tanto, el concepto se refiere a “una gran propiedad agrícola de gran extensión”, según el Diccionario Etimológico Castellano de Chile.
La finca, con el mismo nombre del rancho, estaba inscrita, pero intestada, “a nombre de la señora Victoria Llaca de Rivas, cuya nacionalidad se desconoce”, señaló la “Resolución de donación de ejidos al poblado de La Sabanilla”, publicado en el Diario Oficial de la Federación (DOF), en el tomo 104, el sábado 2 de octubre de 1937.
En tal situación, la hacienda era administrada por Guillermo Zenea, uno de los hijos de Llaca de Rivas. De acuerdo con la historia oficial, contada por los hermanos Gonzalo y José Herrera, “la gente trabajaba de sol a sol, solo por un puño de maíz y frijol para subsistir” mediante las tiendas de raya. El principio de estas era la sustitución de salarios por productos con precios inflados; y dado el nivel de analfabetismo, las personas solo hacían una raya en lugar de firmar en las libretas de contabilidad.
El plan agrario
Cansados de la situación, nueve hombres, entre ellos dos jóvenes de 16 y 20 años de edad, solicitaron por escrito al gobierno del estado de Guanajuato (Gto.), el 25 de octubre de 1935, la “dotación de tierras por carecer de las indispensables para satisfacer sus necesidades económicas”, según la misma resolución del DOF. “Querían tener su propia tierra y sembrar para ellos”, señala la historia oficial.
Los nombres de aquellos eran:
- Francisco Reséndiz.
- Baltazar Arellano.
- Mauro Gómez.
- Miguel Tinajero.
- Donaciano Arellano.
- J. Carmen Zarraga.
- Cleto Reyes.
- José Reyes.
- Amador Zarraga.

Posteriormente, según el DOF, el 16 de febrero de 1936, la solicitud “fue turnada a la Comisión Agraria Mixta” para iniciar el trámite del expediente. En consecuencia, la administración estatal comenzó el proceso de traspaso agrario a través de la Junta Censal, donde se registraron, el 26 de julio del mismo año, a 199 personas beneficiadas “con derecho a dotación” de terrenos que pertenecían a la hacienda.
Sin embargo, el Departamento Agrario solo contempló a 184 personas, puesto que, “indebidamente”, se habían incluido “a 15 mujeres casadas y viudas” que aparecían en el censo sin “familia a su cargo”, de acuerdo con la resolución.
“Por un pedazo de tierra”
Por desgracia, el 28 de noviembre de 1936, el patrón descubrió aquel plan, y contrató a mercenarios para aprehender a los nueve hombres responsables de la solicitud. Ya fuera desde su casa o el campo, según la historia oficial, se llevaron a los hombres “como animales”, arrastrándolos desde los caballos que montaban los enviados por el hacendado.
Cuando pasaban por la zona llamada “Las Troneras”, al sureste La Sabanilla, uno de los nueve expresó: “Si de todos modos nos van a matar, ¿para qué nos llevan tan lejos?”, a lo que los mercenarios hicieron caso. No obstante, la madre de uno de los detenidos los pudo alcanzar, y les pidió a los contratados que, antes de continuar, todos se hincaran para rezar la oración “Alma de Cristo”, aquella que se pronuncia al término de la comunión católica.
Una vez concluida, “fusilaron a sangre a fría” a los señados como revoltosos, quienes cayeron al suelo. De ahí el título popular de la historia: “los caídos”. Después de la primera ráfaga de tiros, “todavía les dieron el tiro de gracia”, según la historia oficial.
“Tata Cárdenas”
Sin embargo, dos de los nueve hombres, “milagrosamente, quedaron vivos”, puesto que “se quedaron quietos” durante el remate, solo “a uno le tocó un balazo en un dedo”. Se trataba de Amador Zarraga y José Reyes, quienes narraron “que los asesinos temblaban al disparar, una señal de miedo”. Años después, estos murieron por la edad.
Como resultado del fusilamiento, quedaron siete mujeres viudas con hijos e hijas menores. En sincronía, el presidente de la República de entonces, Lázaro Cárdenas del Río, viajó al estado de Querétaro, por lo que se enteró de lo sucedido en La Sabanilla, a 30 kilómetros de distancia.
Ante ello, el mandatario ordenó que se apresurara el traspaso agrario en forma de ejido, y que “cada quien tuviera su propia tierra” con sus respectivas escrituras. De manera complementaria e inmediata, Cárdenas entregó máquinas de coser a las viudas junto con 5 mil pesos, según la historia oficial.
Dos frentes, una propiedad
La resolución del Diario Oficial señaló que el poblado de La Sabanilla no disponía “de otro medio de vida” que no fuera la agricultura; que las heladas eran frecuentes y ponían en riesgo a las siembras, así como que “los cultivos principales de la región” eran el trigo, el maíz, el haba y el frijol.
De igual forma, y según la Oficina de Rentas de Coroneo, Gto. que indica el DOF, la hacienda de La Sabanilla tenía “un valor catastral de 96 mil 495 pesos”, monto que era conformado por 162 hectáreas de medio riego, mil 24 de tercera calidad, 2 mil 728 de cerril y agostadero, así como mil 247 de suelo “incultivable”. Un total de 5 mil 161 hectáreas.
Para fortuna del rancho, el entonces Palacio del Poder Ejecutivo de la Unión del país, el gobierno de Guanajuato, así como la Comisión Agraria Mixta, rechazaron las solicitudes hechas por Guillermo, Carlos Zenea y Manuel M. Rivas de registrar la hacienda como “pequeña propiedad” a sus nombres. Estas fueron emitidas el 16 de marzo y el 10 de agosto de 1936.
No las tomaron en cuenta porque no comprobaron, legalmente, ser herederos de Victoria Llaca de Rivas, y por la invalidación de “un escrito firmado por numerosas personas” que aseguraban ser “peones acasillados de la hacienda”. Es decir, trabajadores permanentes que vivían dentro de la propiedad. Todo eso según la resolución del DOF.
Legado agrario: milpas propias
El traspaso agrario resultó en la dotación de 2 mil 844 hectáreas tomadas de la hacienda: 324 de riego, 832 de temporal, mil 612 de agostadero cerril y 76 para zona urbanizada.
Con ello, La Sabanilla quedaba sujeta a las disposiciones de la administración ejidal, y a la organización económica, agrícola y social que dictara el gobierno de la República. “A construir y conservar en buen estado de tránsito los caminos vecinales”, y a la “conservación, restauración, propagación y explotación de sus bosques y arbolados” en sintonía con el entonces Departamento Forestal.

Los Héroes de La Sabanilla
Para finales de la década de los 90, el ejido construyó un monumento en memoria de aquellos nueve hombres en el lugar donde fueron fusilados. Ahí mismo, cada 28 de noviembre, es celebrada una misa y una convivencia pública con comida, música y la lectura de la historia de “los caídos”.
Además, el 27 de enero de 2013, se publicó en la plataforma de YouTube un corrido musical que narra este pasaje del rancho, interpretado por Carmen Sosa, y sus hijos Mario y Gustavo Ávila. Así mismo, y según la historia oficial, se montó una puesta en escena al respecto en el teatro “Macedonio Alcalá” de Oaxaca.




