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Los ciudadanos están dispuestos a tolerar la corrupción: ENCUP

La politóloga Denise Contreras Ortiz proporciona su interpretación de los datos de la Encuesta Nacional sobre Cultura Política y Prácticas Ciudadanas.

Por: Fernando Trejo Lugo

De acuerdo con datos de la Encuesta Nacional sobre Cultura Política y Prácticas Ciudadanas (ENCUP), los ciudadanos están dispuestos a tolerar la corrupción (nepotismo entre sus formas) siempre y cuando el gobierno resuelva sus problemas, señaló Denise Contreras Ortiz, coordinadora de la Licenciatura en Ciencias Políticas y Administración Pública de la UAQ.

La politóloga, con Maestría en Análisis Político por la UAQ, ofrece un panorama de análisis sobre la responsabilidad compartida entre gobierno y ciudadanos para el ejercicio participativo de la democracia.

– Desde su punto de vista ¿cómo afecta al ejercicio del gobierno la baja confianza que hay en las instituciones?

– Creo que la falta de confianza resta legitimidad. Si el ciudadano no cree en el gobierno pues entonces es un gobierno que no cuenta con la legitimidad para poder tomar sus decisiones, te voy a hablar en términos de políticas públicas, que es más o menos lo que yo trato de manejar mejor: un gobierno que toma decisiones con bajos niveles de confianza puede caer en la deslegitimación.

– ¿Hablaría de un gobierno actual que esté en este límite de llegar a la deslegitimación?

– Pues no estaría muy segura porque además hay que cruzarlo con la apatía, en donde pues sí, ya lo hizo el gobierno ya no me importa ¿no? si ya alguien decidió por mí, ya no me importa.

Creo que hay varios indicadores que deberían estar llamando la atención, uno es el asunto de la baja participación política (…) Ejercer su derecho al voto, participar en asambleas de colonos, porque cada vez va más a la baja, sin embargo por otro lado lo acabamos de vivir.

Ante la tragedia nos unimos y apoyamos. Entonces sí hay una distinción en el ciudadano de con quién sí participar y para qué, y con quién no y por qué. Además, a quién de plano no tomar en cuenta. ‘Eso no me pasa a mí, les ocurre a otros’.

– ¿Cree que el ciudadano promueve la cultura del autoritarismo?

– En algunos casos sí. A veces creo que la corrupción somos todos, porque de alguna o de otra manera, como lo señalaba el doctor Rodolfo Sarsfield, todos encontramos incentivos positivos para tener este tipo de prácticas. Todo depende de cómo plantees la pregunta: si cuestionas ‘¿usted ha sido víctima de?’ o ‘¿usted ha participado en…?’ Claro que a todos nos gusta asumirnos como víctimas y no como parte de.

– ¿Quién es el responsable de la baja participación: el ciudadano que no se informa o que se informa mal y aparte su apatía, o el gobierno que la genera?

– Considero que hay una corresponsabilidad, tanto de los ciudadanos que no pedimos cuentas y que creemos que somos ciudadanos únicamente por ir a votar y el gobierno que únicamente se preocupa por promover el voto y si a eso le sumas el papel que juegan los medios de comunicación pues creo que ahí es donde  podemos encontrar un caldo de cultivo demasiado fértil.

Yo ciudadano no participo porque en el imaginario está que todo el gobierno es corrupto, y cuando esto ocurre ¿a quién beneficia?, pues a los ciudadanos. A lo mejor son sus parientes, a lo mejor son sus primos. Un gobierno en busca de una eficacia gubernamental tiene que tomar decisiones (…)

Al gobierno le interesa promover cierto tipo de participación ciudadana o de participación política, pero que a nosotros como ciudadanos únicamente nos interese meter ‘el dedo en la llaga’ y señalar lo que está mal y no proponer, o no movilizarnos (…) estoy convencida de que hay una corresponsabilidad. Para hacer café con leche se necesita café y también leche.

Nos enteramos de política gracias a la televisión

Para la académica y especialista, el resultado de la encuesta arroja que los ciudadanos “nos enteramos más de la política por la televisión que por los medios impresos o por la radio, pues nada más veamos el tipo de televisión que tenemos, el tipo de programas que se promueven a partir de las televisoras, que promueven un tipo de cultura política”.

– ¿Cuál es ese tipo de cultura política?

– Pues dependiendo de cuál programa definas, pero es un tipo de cultura más orientada hacia la victimización y la distracción, en televisión abierta hay muy pocos programas que hablen acerca de política. Me quede pensando que si el medio por el cual se informan de política es la televisión y si vemos los resultados de cuanta gente tiene acceso a la televisión por cable, que es donde se supone hay más diversidad, pues salimos con numeritos rojos.

– Respecto a lo que ha cambiado la cultura política del anterior estudio que se hizo a lo que se dio a conocer ahora, ¿qué es lo que más le llama la atención?

– En 2003 el 34% opinó que la política es muy complicada, 49% piensa lo mismo ahora, habría que ver lo qué están midiendo como política ‘complicada’. Me parece que los datos son para alarmarse, Creo también que es como está planteada la pregunta, preferir el desarrollo a la democracia como si fueran algo excluyente. La noción que se tiene de participación ciudadana no es nada más ir a ejercer el derecho al voto.

El asunto lo explicaba bastante bien el doctor Sarsfield: pasar la democracia representativa a democracia delegativa, en donde se prefiere que otros resuelvan o que el gobierno resuelva. ‘Prefiero un gobierno que me de todas las cosas aunque no me consulte, a un gobierno que me consulte pero que no resuelva’. Siempre se plantean las cosas muy polarizadas (…)

Sorprende también el impacto que ha tenido el crecimiento de los medios que se utilizan para enterarse de la política, la televisión aumenta de un 54% a un 76%, lo que yo mencionaba es que hay pocos programas que hacen política o que analizan de política quiere decir que los ciudadanos estamos más interesados en ver Tercer grado. Con todos sus asegunes. Entonces de repente uno dice ‘bueno pues por lo menos se informan’.

Otra cosa que llama mucho la atención es el cambio –porque pareciera contradictorio–: en el 2003 el 43% estaba poco interesado en la política, mientras que en el 2012 la cifra es del 65%.

Ustedes dirán que también hay una disminución entre los que dicen que están ‘nada interesados’ en la política, que va del 47% al 19%, pero lo que se mantiene en un crecimiento más moderado digamos más consistente de los que están muy interesados en política: del 7% que eran en 2003 casi llegamos al 16% que están ‘mucho muy interesados’ en política.

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