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Los espacios deportivos se tiñen de partidismo

Por Miguel Tierrafría

¿Qué encanto tienen aquellos espacios floridos con fachadas pintadas de rojo? ¿O aquellas planchas de concreto habilitadas con color azul? ¿O acaso es la muestra de quién es el que manda? Algún día llegará al poder el color verde fosforescente y cuando menos, estos lugares de recreación y algunos espacios más, serán vistos desde lejos y hasta dañarán la pupila.

En un recorrido hecho por este medio, se constató que la Unidad Deportiva Plutarco Elías Calles (en El Tintero), el Parque Querétaro 2000 (en la delegación Epigmenio González) y el Parque Alcanfores (en las inmediaciones de El Retablo y La Florida) están impregnados del color rojo que aparece en el logotipo del PRI, mientras que canchas aledañas a Los Alcanfores muestran el color azul en su remodelación.

El cuidado de esos espacios deportivos es minucioso por parte de los intendentes. Al menos es lo que se observa.

Con su podadora, uno de los trabajadores del parque corta el pastizal seco; otro va y viene con las mangueras para regar los pastos de las canchas de futbol, también los pequeños espacios donde hay anuncios que dicen “No pise el pasto”.

Personas adultas comienzan a hacer su calistenia: estiran sus pies y sus brazos y ejercitan cualquier extremidad sujeta a alguna lesión; se preparan quizá para alguna competencia importante, como un hobby y por el simple hecho de competir y convivir.

Aquellos señores comienzan su andar lento y conforme avanzar, su paso es más rápido hasta perderse en los múltiples senderos de aquel parque.

La puesta de sol es inminente. Sus extintos rayos bañan las risas y los juegos de los infantes que se deslizan a través de las resbaladillas, los brincolines y los columpios. Para aquellos niños, el límite de sus aventuras es su mismo entorno.

Los juegos en donde simulan las hazañas de sus héroes favoritos, no sólo en los cómics o las caricaturas, sino también los héroes de carne y hueso.

Aquellas hazañas que parecieran ser lejanas para algunos, mientras para los niños la palabra imposible no existe; o los que juegan a ser conductores de autos, con sus triciclos o los carros eléctricos en donde apenas y caben.

Las preocupaciones de sus padres no importan; que los dejen soñar, reír, jugar, correr por hoy y los días que les quedaran de vacaciones, después a su derecho y obligación: estudiar. Algunos padres de familia observan de reojo a sus hijos.

Con una manta en el pasto, algunos bocadillos para pasar la tarde, jugo de naranja para los niños, a placer descansan de un día de labores y conversan sobre temas de interés particular (o tal vez público).

En el recorrido por aquellos parques “colorados” (pintados de rojo en algunas paredes) se aprecia en un pequeño espacio los entrenamientos en muchos deportes. En cuanto al futbol, los campos “llaneros” es el lugar ideal para ver nacer a los futuros Messi, Cristiano Ronaldo, Chicharito, entre otros.

No les importa fallar el pase, la chilena, el remate de cabeza; nadie pierde en este juego puro, todos ganan por el simple hecho de la pasión y diversión que les genera… y hasta lo más grotesco puede surgir en otras canchas, en este caso la habilitada por los amigos del color azul.

En ese lugar, el futbol se convierte en un incentivo, las apuestas vuelan desde dinero hasta las “caguamas”; no hay margen de error. Los envases de cerveza en los alrededores de la cancha evidencian los rastros de una batalla (no campal) en la que el deporte fue el intermediario para demostrar la superioridad sobre el adversario.

Mamás trasladan “su oficina” a los parques y unidades deportivas

El viaje se traslada a otro parque de esos “colorados” con soluciones para la demanda de los asistentes. Aquí practican los deportistas que viajan en el sendero del profesionalismo, con el destino a los Juegos Panamericanos en Guadalajara e incluso con miras a la ciudad del Palacio de Buckingham en el apocalíptico año 2012.

Los pequeños nadadores saltan a la alberca olímpica; practican sus modalidades y diferentes estilos que les demanda su disciplina: mariposa, libre, braza, entre otras. Los padres se encuentran en las gradas viendo el desempeño de éstos.

Mamás profesionistas que trasladan su oficina a una butaca, con teléfono y computadora a la mano, haciendo las labores requeridas. Como está la red inalámbrica para conexión a Internet, algunos otros están interactuando con el mundo virtual y las redes sociales.

Personas que aprecian el momento más silencioso que se percibe con el olor de la tierra mojada, del pasto mojado, aquella sensación que desconecta del ajetreo de la vida laboral, del intenso tránsito vehicular que a unos metros genera un puente en construcción.

O también el sonido que los árboles pregonan cuando son golpeados por el viento, quizá por ello dichos espacios ecológicos son concurridos para el ejercicio, la recreación y la diversión.

La literatura es deglutida por señores que bajo un árbol, acostados y camuflajeados con el pasto, disfrutan de las aventuras épicas de algún personaje memorable, palabra por palabra se deleitan de la belleza que emana de un sentimiento, de la capacidad intelectual de los escritores para el acomodo de las mismas palabras que cotidianamente se utilizan en la jerga.

En todos los parques visitados la convivencia entre padres e hijos es mostrada con los paseos en bicicleta, las tertulias en las bancas de los parques hablando de todo menos de nada, tan sólo disfrutando la compañía.

El sol se ha puesto y el viento aumenta con intensidad. Poco a poco las hojas secas de los árboles caen. El crujido de éstas es inevitable.

Los parques siguen con su magia, donde se combina la interacción de las personas con su naturaleza: árboles, césped, insectos, arbustos y la tierra.

La recreación continúa por parte de los asistentes, sin embargo, el vigilante (montado en su bicicleta) anuncia el cierre del espacio “colorado”, invitando a las personas a salir.

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