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Los héroes queretanos del 19S

 

Son 32 años los separaran a nuestro país de una de las más grandes tragedias en su historia, las probabilidades de que el mismo día se pudiera reproducir un escenario de una magnitud similar eran escasas. En un hecho que asimilaba a un juego cruel del destino, el 19 de septiembre a las 13:14 horas, un sismo de escala 7.1 sacudió diversas zonas del centro del país; edificios, colonias, comunidades, personas y vidas quedaron destruidas o sepultadas bajo los escombros.

Ante el desastre, la sociedad civil encaró la tragedia inmediatamente, sumada a los cuerpos de rescatistas y otras autoridades que poco a poco tomaron control de las zonas que requerían atención para sacar gente de los escombros, llevar víveres, atender heridos, evaluar estructuras, retirar material o cualquier actividad que fuera requerida.

Distintas instituciones de atención médica del estado se hicieron presentes al enviar personal para apoyar en distintas zonas afectadas por el sismo; queretanos dedicados a la protección y al rescate mostraron su valor y su vocación de ayuda. Sin importar los recursos con los que contaban, lograron movilizarse y mostraron que Querétaro es una tierra de héroes.

Había apoyo, pero faltaba organización

Robert Jones es un estudiante universitario de Fisioterapia. Colabora en una de las instituciones de atención médica prehospitalaria más grandes del país. Robert acudió a distintas zonas de Morelos y la Ciudad de México, tanto como parte de la institución para la que trabaja, como por parte de la brigada organizada por la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ).

Robert refirió que la institución de atención médica para la que trabaja lanzó un comunicado en el cual solicitaban apoyo de personal en las horas siguientes, pero él no contaba con una autorización de la misma para asistir al apoyo; poco después liberaron un segundo comunicado en el que él ya se encontraba autorizado para movilizarse.

Pudo acudir por parte de una brigada organizada por la misma UAQ: “salió un segundo comunicado por relevo, cuando ya necesitan más personal para apoyar a los que ya se encuentran allá para permitirles descansar o porque deben regresar o acudir a otro lugar, en ese momento ya fui autorizado y pude irme incluso acompañando a compañeros de la brigada de la UAQ”.

El también paramédico comentó que laboró en distintos pueblos de Morelos como Jiutepec y Jojutla, además de distintas zonas de la Ciudad de México (CDMX) como Tlalpan y la colonia Roma: “estuve cuatro días; desde el jueves que me dieron la autorización pudimos llegar a Morelos y de viernes a domingo estuvimos en la CDMX. Terminamos regresando a Querétaro el mismo domingo pero en la tarde”.

Robert aseguró que lo más impactante que pudo presenciar fue el apoyo de la sociedad civil, aunque subrayó que existen diferencias entre el apoyo que puede vivirse en las zonas más pobladas y las menos comunicadas o más pobres: “Yo creo que en estas situaciones podemos ver claramente las dos caras de la moneda, porque en la CDMX sí había apoyo, organización, protocolos de mando… pero en Morelos no podíamos ver todo eso, o era menos”.

Robert Jones también enfatizo que si bien México respondió al llamado, lo importante siempre es seguir mejorando cualquier protocolo: “Claro que no hay límite para medir si estás preparado o no, pues en un desastre siempre habrá pérdidas, pero lo importante es que sean las menos posibles y siempre se trabaje por mejorar”, concluyó.

El silencio se escuchó en la CDMX

Diego Rosales es un trabajador de mantenimiento en la Universidad Autónoma de Querétaro desde hace siete años, principalmente en el edificio de Radio Universidad. Paralelamente, Diego trabaja como bombero y por casualidad ya se encontraba ya en la Ciudad de México al momento del sismo.

Había asistido a una conferencia de capacitación y se mantuvo en la ciudad para apoyar junto con una compañera: “Yo me encontraba en el World Trade Center de la CDMX, en el tercer piso, cuando nos pegó el temblor… me sentía con una gran impotencia de no poder ayudar a la gente, pues no iba preparado ni tenía equipo, iba con pantalón de vestir y zapatos, a una conferencia pues”, comentó.

Diego aseguró que la Coordinación de Protección Civil de la CDMX no pretendía pedir apoyo de estados vecinos pues creía que la situación podía controlarse con facilidad, por lo que oficialmente casi no existió apoyo de Querétaro y solamente los elementos que pudieron organizarse por su cuenta lograron acudir al apoyo: “no querían aceptar que habían sido rebasados, creían que podían con eso; aquí en Querétaro oficialmente no se había mandado apoyo, fue más por la voluntad de los compañeros que con sus recursos pudieron venir”.

Diego Rosales aseguró que la intervención del Ejército y la Marina no fue la más adecuada para agilizar las labores de rescate en las zonas más devastadas, pues no permitieron operar a los distintos cuerpos de rescatistas y de sociedad civil, únicamente dieron preferencia a grupos de rescatistas extranjeros y algunos de la misma capital: “de lo trágico es la forma en la que organizó la Marina y el Ejército. Un amigo rescatista me comentó que estaba en una zona en la que ya estaban a unos 20 centímetros de unas personas con vida, y llegó la Marina a quitarlos y entre discurso y peleas que duró como una hora, cuando regresaron ya estaban muertos”, denunció.

Rosales compartió que los momentos más emotivos eran cuando se lograba rescatar a una persona con vida de entre los escombros y previamente se alzaban los puños para pedir silencio y permitir escuchar a las víctimas atrapadas: “de pronto todos alzaban la mano y escuchabas el silencio, nada más los pájaros y en una ciudad tan grande, llena de carros podías escuchar el silencio… se escuchaba de pronto como movían la tierra y es de esos momentos en los que gritaban que encontraron a alguien vivo y todos aplaudían”, comentó con un tono de voz quebrada.

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