DestacadasInformación

Los Olvidados de los Días de Muertos

Tendrán algo en común la ceremonia funeraria, la visita familiar en el aniversario luctuoso, y la conmemoración mediante ofrendas y limpieza de las tumbas en los sincréticos 1 y 2 de noviembre: Los trabajadores del panteón, normalmente conocidos como sepultureros”, mantienen y construyen el espacio para alojar a la muerte lejos de la ciudad.

Amurallado, el panteón municipal de Santa Bárbara descansa a orillas del Boulevard Metropolitano Corregidora y a las faldas del Área de Reserva Ecológica El Batán. El visitante, tras abrirse paso entre los cientos de puestos sobre la banqueta, entre flores, comida, y mercancías variadas, consigue llegar al portón de entrada. A sus espaldas, una ciudad lejana del que emana un ruido difuminado de sus habitantes y máquinas. A su frente, se presenta la entrada a una necrópolis en la que se trabajó de 8:00 a.m. a 8:00 p.m. durante las dos semanas previas, preparando y maquillando sus vialidades, pasillos, y nichos.

Es aquí donde entraron en el 2024, según medios oficiales, aproximadamente 22 mil personas durante los Días de Muertos. Los administrativos estiman una cantidad mayor de visitantes en el 2025 por ser fin de semana, aunque aún no se ha declarado el conteo oficial. En el apogeo de la multitud, los trabajadores laboran con fervor atendiendo con amabilidad y destreza a los usuarios del panteón. Proporcionando su agua, resolviendo sus dudas, pintando sus tumbas, rotulando los epitafios y cruces, quitando alguna hierba. Es aquí donde se evidencia que el foco de sus labores son especialmente los vivos.

Esto es un hecho agridulce para los trabajadores del panteón por varias cuestiones. Pese a que en todos sus oficios se trabaja con pericia y respeto, teniendo como objetivo construir un bien público para la población, la atención al cliente es muchas veces considerada como una de las mayores dificultades con las que necesitan lidiar. Tal interacción es a veces percibida como un potencial o directo conflicto laboral, consecuencia de un generalizado estigma, o de la indiferencia y desagradecimiento por la ignorancia de sus implicaciones laborales, o dicho en palabras de ellos mismos:

Sí, luego está bien que de repente nos toman en cuenta a nosotros ¡porque como que somos los olvidados! Los olvidados en el sentido de…somos los que menos pelan ¿verdad?

Ante el olvido hacia los integrantes del panteón, vivos y muertos, los trabajadores deciden recordar. Los tantos elementos encontrados dentro del camposanto no son solo marcadores espaciales, son tramos de memoria. Memorizan las historias encontradas dentro del panteón, las identidades de sus muertos, los ritos funerarios, las experiencias extranormales, así como las condiciones laborales que definen un trabajo precarizado. Es decir, la herramienta proporcionada, la capacitación, la contratación, e inclusive el reconocimiento, son puntos percibidos como débiles en su labor.

El olvido, tal como lo describe el lema rotulado fuera del panteón municipal de Santa Bárbara, será la tutela de tanto los muertos como sus trabajadores:

“Si tú prometes recordarme, yo te prometo vivir”.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba