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Los títeres en la educación

Por Luz Angélica Colín

Hablar de la historia de los títeres es hablar del origen mismo del hombre; Es hablar de universos creados a partir de su sombra reflejada sobre las paredes de una cueva gracias al fuego. Hombres y mujeres semidesnudos jugaron con sus manos mientras el fuego calentaba sus primitivos hogares imitando el vuelo de las aves con las manos enlazadas en cruz, ahora una gaviota, luego un águila al abrir en extensión total ambos brazos, descubrir la maravilla de las sombras… así se fueron tejiendo los hilos, hilos que más tarde sostendrían muñecos a imitación del alma de los hombres.

Eso son los títeres, metáfora de movimiento, metáfora de sensaciones, metáfora de sentimientos. Eso representan, ese otro yo que habita en mí y que sólo puedo ver y escuchar cuando lo miro fuera: el ánima. Arte que como ninguno, conjuga tanto en su expresión, cómo para la realización misma de la acción dramática a que está destinado, primordialmente dos artes –aunque se nutre y requiere de todas– la plástica y la escénica.

 

De acuerdo con muchos investigadores, los títeres aparecieron por primera vez en Egipto –muñecos articulados y de hilos hallados en la tumba de Gelmis en Antinoe apuntan a este hecho–, luego en Grecia –los neurospastas– incluso mucho antes que el teatro al que dieron origen. Los chinos por su parte, utilizaron títeres con técnicas sofisticadas desde tiempos remotos. Estos hacen su aparición en los ritos religiosos y en las calles, entre la gente del pueblo. De China según las crónicas, los músicos trashumantes, atravesando Corea, los llevan a Japón dando origen al Bunraku.

En México hay claros antecedentes del títere que datan de la época prehispánica, como lo escrito en una crónica de La historia verdadera de las cosas de la Nueva España de Fray Bernardino de Sahagún en que se refiere a ellos y a quien los movía haciéndolos bailar. En Cacaxtla, se han encontrado figurillas articuladas (900 A.C.) de la Cultura Teotihuacana. Otros hallazgos similares de la cultura Olmeca datan del 1500 A.C., lo que presupone una antigüedad similar a los muñecos de hilos encontrados en Egipto. Por lo que no es aventurado decir que los títeres permanecen unidos al hombre en su devenir, no sólo en México, sino en todas las culturas.

Los títeres nacieron con el hombre mismo en su búsqueda por entender quién es él y quien es en relación con el otro, ese otro que habita en él y que a veces desconoce o le sorprende. Nacieron para hacer salir a los dioses, para hacerlos bailar, para que hablen su otredad y le devuelvan su mirada.

Es por todo ello, por lo complejo y lo sencillo a la vez que puede ser hacer títeres; porque involucran a todas las artes y en ello está su enorme riqueza de expresión; porque son nuestra ánima, nuestra otredad; porque pueden hablar lo que nuestro cuerpo grita y nuestra voz calla; que los títeres en la educación resultan un elemento por demás valioso, por encima de muchas otras estrategias pedagógicas, y muy superior en cuanto a sus alcances a otro tipo de materiales didácticos.

Utilizar títeres como instrumento o medio de aprendizaje es haber entendido que este arte es un puente directo hacia el juego, libre de obstáculos; Camino abierto hacia la posibilidad de trabajar, desde un lugar protegido, temas que de otro modo serían muy difíciles de abordar para un niño como el abuso, la violencia, o materias tan áridas o abstractas como las matemáticas o la física.

El títere nos permite transitar por un mundo de fantasía (metáfora) en el cual encontramos el espacio ideal para transmitir valores, conocimientos y en términos didácticos, aprendizaje significativo. Es así mismo, una importante herramienta de participación comunitaria y resulta ser un elemento altamente valioso como mediador entre el mundo infantil interno y la realidad.

A partir de actividades con títeres, los niños tienen la oportunidad de reconocer, enfrentar y transformar en forma constructiva situaciones adversas que amenazan su desarrollo. A través de los títeres ya sea como talleres, cursos o como apoyo en la transmisión de conocimientos en una materia académica, los niños se acercarán a condiciones muy importantes en la formación de la personalidad: autoestima, autonomía, creatividad, aprendizaje y humor.

Los títeres, y el entorno que son capaces de crear para establecer la acción dramática, se traducen en pequeños universos que permiten de una manera lúdica, decodificar lo que el niño o el joven está viviendo, y con ello convertirse como en el origen, como en el principio de los tiempos, un poco en dioses, capaces de impactar e incidir en su realidad, y en verdad, los títeres tienen esa posibilidad si son utilizados como una maravillosa alternativa en la educación.

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