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Loyola, un baño de pueblo sin exceso

Por: David Eduardo Martínez

Afuera ya no hay lugar, si vienes en auto tienes dos opciones: retirarte o buscar un estacionamiento lejos. Casi todos los autos llevan calcomanías de la CNOP o la CTM, algunos las llevan pero de Antorcha Campesina. De pronto pareciera como si Luis Echeverría o José López Portillo hubieran resucitado y con ellos los acarreados y las consignas de los sindicatos.

Desde la avenida Constituyentes-que está cerrada porque es domingo y los domingos queretanos son para andar en bici con la familia- se ve venir una turba que porta pancartas de diversas formaciones políticas. Ahí están representados desde el Sindicato Único de Taxistas, operadores y Concesionarios del Estado hasta la Asociación de Tianguistas Familiares de Peñuelas.

Un poco más tarde se incorporan al contingente integrantes del Movimiento Democrático Queretano Francisco Villa y de la Unión de Comerciantes y Franeleros del Estado.

Una vez en la deportiva de Villas del Sol, dónde pronto se encontrarán con el alcalde y el gobernador, los marchantes se encuentran con sus compañeros de la Federación de Comerciantes y Locatarios Establecidos, quienes ya han llenado de pancartas las gradas del estadio de béisbol.

En medio de la marcha va un joven moreno y delgado que no deja de lanzar vítores al presidente municipal desde su altavoz. Un coro de voces desafinadas lo sigue cada que lanza el ya usual grito de: “Se ve, se siente, Roberto está presente”.

Más adelante, bajo la lona que mandaron colocar para expulsar al sol del evento, cientos de personas con playeras rojas aplauden a cada diputado priista que se cruza por alguno de los pasillos que conducen al estrado.

Cuando pasa el diputado tricolor Diego Foyo, un hombre obeso agita los brazos con dificultad para invitar a “las damas” a mandarle un “besote al señor diputado”. Por supuesto que las famosas damas le hacen caso y el crujir de los labios se escucha mientras el diputado baja su cara completamente enrojecida.

Algunos de los de rojo vienen con toda la familia y almuerzan los sándwiches que les dieron a la entrada envueltos en paquetes de unicel. Otros, ya con los paquetes vacíos no temen mostrar cierta impaciencia y decir “ya mejor vámonos…”

Sin embargo hay en quienes se nota un entusiasmo genuino. Junto a uno de los pasillos hay un grupo de mujeres de la tercera edad que, como si buscaran imitar a las adolescentes de las películas gringas, agitan unos pompones de rafia mientras piden una L, una O, una Y griega, y así sucesivamente.

Por supuesto que el lugar está diseñado para que el “baño de pueblo” no caiga en el exceso. A la mitad de la lona hay una barrera de hierro que separa al pueblo llano de quienes tienen el “privilegio” de relacionarse de algún modo con Roberto Loyola Vera.

Una vez pasando esa barrera solo hay dos tipos de proletario, los policías municipales orgullosamente uniformados, y un contingente de barrenderos también municipales que pareciera haber sido escogido de forma estratégica para decorar una de las hileras humanas frente al presidente.

En cuanto llegan Calzada y Loyola, la masa se traslada directamente hacia ellos como si esperaran tocarlos para obtener algún favor milagroso. Lo mismo sucede con Sandra Albarrán, la primera dama del estado, quien es llenada de besos por prácticamente todas las mujeres que logran acceder hasta la valla.

Al frente, en la zona VIP, Loyola y Calzada dan la mano a diversos prohombres queretanos entre los cuales está el rector de la UAQ Gilberto Herrera Ruiz. También hay líderes de todas las formaciones políticas, presidentes de colegios profesionales, representantes de los rotarios, representantes de los leones y, por supuesto, una buena cantidad de industriales y comerciantes.

Antes de que Loyola inicie su discurso, hay una entonación del himno nacional por parte de un coro de niños vestidos uniformemente con togas y hay honores a la bandera con elementos de la policía municipal.

Luego, como en unos quince años, hay un pequeño espacio durante el cual se proyectan los “logros” que ha alcanzado la administración de Loyola hasta el día de hoy. En la sala de prensa se ven varios reporteros ansiosos por sacar a bailar a la quinceañera.Luego viene el discurso, aunque antes los mismos niños del himno se avientan su versión del Huapango de Moncayo.

A diferencia de lo que sucedió en centro sur, aquí el discurso es mucho más amigable, incluso sencillo. No se habla de ejes de trabajo ni de pendientes administrativos. Se habla de un Querétaro bonito, seguro y la fuente del Jardín Guerrero se quedó dónde estaba porque un matrimonio le dijo a Loyola que ahí se habían conocido. Ternura total.

Cada que hay una pausa, la gente contesta con aplausos y exclamaciones de júbilo. Eso se mantiene igual por casi media hora, tras la cual Calzada y Loyola dejan el estrado acompañados de nuevo por los devotos que esperan un milagro de “la mano del rey”.

A Calzada se le acerca una mujer sollozante y le dice a gritos: “Usted es el mejor gobernador del país”, poco le falta para decir “del mundo” y ¿por qué no? “del sistema solar”.

La gente se dispersa y cada quien sale por su lado. La mayoría van a ver la “expo-informe” que consiste en una serie fotos comparativas entre diversas zonas remozadas por el gobierno municipal, un camión muestra del sistema de prepago RED Q y un bibliobús que está completamente vacío.

Los empresarios escaparon lo más lejos que pudieron del vulgo y buscaron refugio en la sala de prensa, cosa que finalmente pagaron cara porque a Juan Arturo “El Pollo” Torres Landa lo solicitaron varios reporteros para entrevistarlo.

Al final todos fueron excepto, quizá, la brigada de barrenderos, que con resignación se dispuso a deshacerse del fantasma de aquel informe “de cara al pueblo”.

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