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Maravillas fúngicas

Se han desarrollado alrededor de los hongos alucinógenos múltiples perspectivas e incluso mitos. Por un lado, se hallan entre la demonización y por otro han constituido alicientes para culturas antiguas, y más recientemente para movimientos contraculturales.

Nunca pasan inadvertidos, quizá sea porque poseen el poder de cambiar la perspectiva del mundo en el que vivimos y permite a través de esta experiencia conocer mundos alternos que difícilmente se pueden “alcanzar” sin este psicotrópico.

Los hongos son una de las especies más longevas en nuestro planeta, algunos investigadores señalan que esta especie pudo haber existido desde hace más de dos mil 500 millones de años, lo que los convierte en algunos de los primeros organismos multicelulares que conoció la atmósfera terrestre y que pudo proliferar con gran rapidez sobre la superficie.

Los hongos son organismos muy particulares y para los humanos, en muchos aspectos, siguen siendo un misterio pues según lo explica Celia Elvira Aguirre Acosta encargada de la Colección de Hongos del Herbario Nacional de México. Se calcula que existen 10 millones de especies de hongos, pero la mayoría no han sido descritas ni estudiadas.

Estos seres son cruciales para los ecosistemas. Pues son los encargados de descomponer la materia orgánica. Pueden reproducirse de manera asexual y sexual. De hecho, el ser vivo más grande del mundo es un hongo llamado Armillaria ostoyae, también conocido como “hongo miel” está en Estados Unidos y se extiende por 9.6 kilómetros. Crece principalmente bajo la tierra a través de un entramado de filamentos.

Aguirre Acosta cuenta que nuestra especie ha sabido utilizar los hongos de múltiples maneras. Ya sea en la maduración de quesos como el Roquefort, en enzimas para la fabricación de papel, alimentos como champiñones y setas e inventos que literalmente han salvado vidas como la penicilina.

Portales

Dada la importancia de los hongos en nuestra especie y su predominio a lo largo de la historia, ya desde culturas antiguas eran consumidos como alimento, ya que podían ser consumidos con gran facilidad además de que su resistencia en varios entornos y climas garantizaba que los primeros pobladores no se quedarán sin alimento.

Fue tal la suerte que descubrieron que algunos grupos de hongos alteraban su percepción, tenían la facilidad de relajarlos y hacer que vieran y sintieran cosas sobrenaturales. Las cuales no podían experimentar sino era a través de este consumo.

Con el tiempo las especies de hongos alucinógenos formaron parte de muchas culturas, su uso no se limitó al simple goce en torno al poder que tenían de causar efectos relajantes y alterar la percepción de la realidad. También en culturas como la maya y la mexica se usaron como parte de ritos, que según su cosmovisión eran un portal hacia la introspección, la divinidad y la sanación.

María Sabina, curandera y chamana oaxaqueña, fue una figura central mediáticamente respecto al uso medicinal de los hongos en el siglo XX. Se cuenta que era capaz de curar a las personas a través del consumo de estos, pues según lo llegó a explicar, cuando los comía podía acceder a un terreno místico y hablar con los dioses que le revelaban los males de sus pacientes y cómo curarlos.

Para 1960, el boom de los hongos tomaba cada vez mayor relevancia en México y en el mundo. Jóvenes pertenecientes al movimiento “hippie” y otros movimientos contraculturales, empezaron a utilizarlos de formas más variadas y frecuentes. En esta misma década, el uso de la especie Psilocybe mexicana se volvió“recreativo”. A pesar de que en ese momento era cada vez más común su consumo, los círculos sociales más conservadores no lo veían con buenos ojos y abiertamente lo demonizaban.

¿Hongos contemporáneos?

En la actualidad el tema del consumo de hongos alucinógenos sigue siendo difícil de abordar, considerado en muchas mesas de conversación como un tabú, pues se les relaciona con las drogas y sus efectos dañinos. Sin embargo, diversos estudios han comprobado que, aunque los efectos son similares, los hongos no dañan ni destruyen las neuronas, ni tampoco causan síndrome de abstinencia.

En 1956 el micólogo Roger Heim identificó el componente activo de los hongos, la psilocibina. Después el químico Albert Hoffman pudo sintetizarla, es decir, crear un compuesto químico a través de la combinación de elementos más simples. Esta sustancia crea efectos en el cerebro muy parecidos a la serotonina, lo que genera que al consumirse pueda llegar a modificar la percepción del espacio e inclusive el estado de ánimo del consumidor.

Los efectos del consumo de hongos alucinógenos a corto plazo inician poniendo la visión borrosa, la boca seca y pulsaciones rápidas. Después de un tiempo se agudizan los sentidos y se pueden llegar a tener alucinaciones visuales, sonoras o táctiles. Son frecuentes las distorsiones del espacio y tiempo.

Las alucinaciones se deben principalmente a la activación de los receptores serotoninérgicos, los que funcionan con esta sustancia, por ello implica el aumento de los niveles de serotonina. Esta es una hormona y un neurotransmisor, mejor conocidos como “la hormona de la felicidad”. Entre sus funciones está, regular el estado de ánimo, el control del sueño, apetito y digestión, cicatrización e influye en el deseo sexual.

En los hongos, las alucinaciones que provoca pueden causar pánico. Además, se han registrado intoxicaciones por el consumo de estos. A largo plazo no se han registrado muchos efectos secundarios. Sin embargo, se ha documentado el Trastorno Alucinógeno Perceptivo Persistente; quien lo desarrolla sigue teniendo flashbacks de sus alucinaciones después de que ha pasado tiempo de su consumo.

Instituciones académicas como la Johns Hopkins Medicine de Estados Unidos, han empezado a crear centros de estudio y departamentos psicodélicos, que buscan ahondar en el conocimiento sobre los hongos, sus componentes y las reacciones que estos pueden generar una vez que sean consumidos. Se han promovido enfoques en torno a los psicotrópicos que han generado expectativas sobre sus posibles usos innovadores.

Este interés desde el ámbito científico también ha traído consigo un nuevo descubrimiento, y es que los hongos podrían ser utilizados como fármacos para tratar enfermedades psiquiátricas o bien como aliciente a desórdenes psicológicos, y aunque los estudios acerca de este tema no han podido concretarse, los avances son importantes y señalan que en poco tiempo podremos tener sustancias sintéticas en forma de cápsulas o pastillas que provengan de los componentes de los hongos alucinógenos.

Aunque habrá que poner cuidado en los márgenes teóricos de estas investigaciones, pues se sabe de sobremanera que la industria farmacéutica ansia la venta de sustancias psicodélicas ya que la derrama económica significaría millones de pesos en ganancias y la lealtad de múltiples clientes.

La discusión sobre la sintetización de los compuestos sigue siendo hasta ahora una moneda en el aire sujeta a los límites éticos, científicos y procedimentales. Se vuelve importante señalar que los hongos no pueden ser cultivados como las plantas, y aunque se puede estimar los lugares y las temporadas en las que crecen, no se sabe con exactitud dónde podrían proliferar. Eso significa que hacer un negocio regular de ellos es complicado por estas consideraciones.

¿Qué pasa en México con la psicodelia?

En lo que a la ciencia mexicana concierne, los estudios sobre los psicotrópicos también han tenido avances, quizá en menor medida que en otras naciones pues los recursos económicos destinados a estos estudios son contados. Con todo ello las investigaciones y trabajos periodísticos realizados, han permitido que se avance en la concepción de la psicodelia y que se creen nuevos círculos de conversación que permitan una mayor apertura social del tema.

Así entonces en este oleaje científico encontramos a Naief Yehya, escritor y ensayista mexicano quien escribe “El planeta de los hongos” un libro que relata la historia de los hongos alucinógenos y el LSD, desde su origen prehispánico hasta la actualidad y que busca resaltar la manera en que han acompañado al género humano.

Estos micrófonos lo llevaron a presentar su trabajo al “Hay Festival”, evento que se organiza año con año en el estado de Querétaro y que permite acercar a la población con la ciencia, la tecnología y el arte. Son espacios para que se abra la conversación y se incentive la participación de los queretanos.

Naief Yehya en conversación con el biólogo y escritor Andrés Cota Hiriart, reflexionaron sobre cómo los “hongos mágicos” han influido en el devenir cultural y su desarrollo. Desde la antigüedad alterando la percepción y suscitando ritos a su alrededor, hasta los movimientos contraculturales a partir de 1960 y ahora en la médula de Silicon Valley “la cuna de la tecnología”.

El autor del “Planeta de los hongos» habla de esa consideración y de cómo varios de los inventores e ingenieros, empleados de grandes empresas de tecnología, consumen regularmente hongos alucinógenos para inspirar sus creaciones. Yehya ve además una tendencia, ya no sólo en algunas facciones de la izquierda que abogan y hacen uso de los hongos, sino que partes de la derecha, que anteriormente se mostraron reacios a aceptar el consumo, pero hoy empiezan a hacerlo.

Los “hongos mágicos” vuelven a la escena cultural, o, mejor dicho, quizá siempre formaron parte de ella.

Natalia Alcocer

Estudio Comunicación y periodismo en la UAQ y soy reportera y fotoperiodista del semanario Tribuna desde abril de este año. Me gusta el fotoperiodismo, el periodismo de investigación y poder hacer que mi trabajo sirva de algo.

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