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Más balazos a la justicia

Por Angélica Hernández

Al igual que sucedió con el cadáver de Marco Antonio Hernández Galván, el cuerpo de Mario de la Vega Alcántara, ex agente de la Policía Federal Preventiva (PFP) que fue baleado el 13 de abril de 2005, también fue exhumado por personal del panteón Cimatario.

–Mario de la Vega Alcántara. Abril de 2005

–¿También lo asesinaron?

–También.

–José Mario de la Vega Alcántara… El cuerpo también fue exhumado, el 3 de abril de este año… ¿Y él?

13 de abril de 2005

Es de madrugada. Mario de la Vega viaja en una Jeep Grand Cherokee color blanco, a su lado va Manuel Juárez Sánchez como conductor; ambos son agentes de la Policía Federal Preventiva (PFP).

Avanzan por la avenida Candiles rumbo al domicilio de Mario; mientras, él piensa en los últimos meses del año anterior, en lo que hizo en ese entonces. Un día, detuvo a Gelacio Gómez Tavarez, quien conducía un tráiler en el que transportaba –entre otras cosas– el dinero que obtenía por la venta de drogas.

Gelacio Gómez Tavares, no muy lejos de ahí, recuerda también ese día. El agente de la PFP revisó el tráiler y al encontrar el dinero, tomó varios fajos para sí mismo. Un robo, un robo que Gómez no iba a permitir.

En otro punto de la avenida Candiles, Felipe Martínez Jiménez y Javier esperan en una camioneta Windstar color verde el paso de la Jeep en la que viaja Mario. Lo han estado siguiendo las últimas semanas y conocen bien su rutina. Felipe conducirá el vehículo, Javier se encargará del resto.

Cerca de la colonia Real de San Carlos, al final del bulevar de Las Américas, la Jeep blanca aparece a la vista de Felipe; éste hace avanzar rápidamente la camioneta y se planta con ella delante de Juárez y de la Vega.

Entre tanto, prepara ya la puntería en contra de la Jeep. De la Vega y Juárez están desprevenidos, no reaccionan aun cuando los disparos ya se escuchan impactándose contra el metal, el cristal de la camioneta y los propios cuerpos de sus tripulantes.

Todo ha sido demasiado rápido. Felipe y Javier escapan en un instante, listos para cobrar los 200 mil pesos que Gómez les ha prometido por llevar a cabo la masacre.

En la Jeep, pese a las tres heridas que le rasgan el cuerpo, Juárez vive y voltea para buscar a su compañero. De la Vega no ha corrido con tanta suerte; su cuerpo, acribillado, ha recibido cuatro impactos letales.

Cuatro años más tarde, en enero de 2009, Gelacio Gómez y Felipe Martínez son detenidos por la Policía Investigadora Ministerial (PIM) de Querétaro y acusados de homicidio calificado y lesiones calificadas.

Felipe Martínez es sentenciado a 33 años y 10 meses de prisión, además de ser obligado a pagar 2 mil 643 pesos de los gastos funerarios, más 32 mil 156 pesos por concepto de indemnización por muerte, y 4 mil 823 pesos como indemnización para Manuel Juárez.

En cuanto a Gelacio Gómez Tavares, es sentenciado a 39 años y seis meses de prisión. Javier sigue prófugo, aunque ya hay una orden de aprehensión en su contra.

Los familiares de Mario de la Vega no están conformes con esta resolución, ya que dicen que él no realizaba actividades ilegales y, por tanto, no pudo ser blanco de la venganza de Gelacio Gómez.

Sólo hay una verdad: Mario de la Vega Alcántara fue acribillado la madrugada del 13 de abril del 2005, mientras se dirigía a su casa, en compañía del suboficial Manuel Juárez Sánchez.

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