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Más que una cascarita, rehabilitación de Nueva Realidad

El ejercicio y la disciplina fueron las banderas para recuperar este espacio recreativo y deportivo en la colonia Nueva Realidad

Foto: Miguel Tierra Fría

Por: Miguel Tierrafría

 

El frío y la noche se hicieron presentes en la cancha de usos múltiples en la colonia Nueva Realidad. Entre unos volantines inservibles, columpios con las cadenas rotas, la yerba alta, poco a poco los habitantes de esta colonia han rehabilitado el espacio para que los niños puedan hacer uso de él.

 

La cita era a las siete y media. A esa hora comienzan a llegar los niños, los papás, los instructores, los balones de futbol y los conos.

Mientras todo es tranquilidad, no pasa ni un alma en la calle; rara vez la ruta 122 se anuncia entre la calle al pasar en la calle empedrada. Unas rejas algo dañadas por el mismo paso del camión han resentido el trajín.

La temperatura es baja, ya son las siete y media y una camioneta llega y se estaciona al lado de la cancha. Empiezan a bajar balones y niños. Se baja Jerónimo Loza Durán, quien trae una sudadera gris, pants color azul, tenis y su cabeza tapada con el gorro de su sudadera.

De un momento a otro se llenó de niños y adolescentes con un montón de balones: unos que querían encestar el balón en la canasta, otros corriendo con él, otros se distraían en las resbaladillas, pero todos corrían, jugaban.

Jerónimo comenzó a relatar la experiencia que han tenido con el apropiamiento de este espacio. Cuenta que la cancha era un lugar ocupado por los vicios: las drogas y el alcohol, un lugar al que ni padres de familias y menos niños podían acudir para el esparcimiento.

En las vacaciones de verano comenzaron con un torneo, para que el ejercicio y la disciplina fueran las banderas para recuperar este espacio.

“Hay que hacer algo que nos junte, que nos una, y entonces fue cuando surgió esto, al principio empezamos con mi nieto que anda por ahí, empezamos con los hijos de Tere, los hijos de Jaime, con el nieto de Ramón y Chucho.

“Empezamos como siete, ocho, a juntarnos aquí. Trajimos un balón y empezamos y se juntaron más niños y luego ya hicimos una convocatoria para hacer un torneo en el verano. Hubo bastante asistencia. Entonces se continúa ya con esto.”

La reacción de aquellos que ocupaban el lugar, la mayoría proclives a vicios, fue de querer integrarse a los trabajos que Jerónimo, José de Jesús Rodríguez, Ramón Vargas y otros más comenzaban a efectuar, sin embargo, afirmó Jerónimo, “escuchaban la palabra ‘disciplina’ y mejor se iban.”

“Los compas en aquella esquina se juntaban a venirse a drogar, a echar chela. Ahorita ya no se ven aquí, se retiraron, pasan, nos ven hacer entrenamiento o eso pero tampoco tenemos conflicto. Con ellos no hay violencia, no la ha habido.

“Los primeros días quisieron integrarse pero vieron que no era cascarita nada más, sino que era hacer un proceso de entrenamiento, de formación de disciplina y como que nos les gustó, no les gusta la disciplina, se alejan cuando oyen ‘disciplina’, ellos nada más quieren venir a ocupar el espacio y echar cáscara pero no echamos cáscara aquí, al último con los niños… pero es ejercicio.”

 

Foto: Miguel TierrafríaBuscan diversificar actividades

El entrenamiento comienza. A lo largo de la cancha se forman dos grupos: el de los niños y el de los jóvenes; se colocan conos en la parte lateral y una cuerda a media cancha. Empiezan todos a hacer ejercicio de zigzag entre los conos, al igual que con la cuerda y regresar trotando. Al final se juntaron como 30 niños y adolescentes a entrenar a pesar del frío. Jerónimo dirige a los niños, les da indicaciones, los ubica, los disciplina…

“A ver chamaquitos, tienen que ir con orden, esperen a que su compañero pase de entre los conos y al oír el silbatazo salen ustedes”, les decía Jerónimo a los niños porque ya comenzaban a hacer el mismo ejercicio pero ahora con balón pegado al pie. Para los niños el frío ya se había quitado, mientras que para los papás que esperaban el clima les tullía el cuerpo. Los niños ya sin chamarras, corrían con su balón.

Al seguir charlando con Jerónimo, aseveró que aparte de estas actividades deportivas, se planea otras que involucren el teatro, el baile, la lectura, porque afirma, no a todos los niños les gusta el futbol, les gusta el ejercicio pero cuando es la hora de las cascaritas, mejor prefieren irse a jugar a los columpios o las resbaladillas, es por eso que buscaron a través de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ) la creación de proyectos culturales para seguir con esta tendencia de recuperar estos espacios públicos para los niños y jóvenes.

Jerónimo planteó que muchos niños no vienen porque se carece de una diversificación de actividades en las cuales desarrollarse. Principal e inicialmente comenzaron con el futbol para fortalecer la unidad entre los colonos de Nueva Realidad, pero buscan que haya más afluencia de niños.

 

Alcohol y drogas persisten

Por su parte Ramón Vargas, quien auxilia en las actividades de acondicionamiento físico con los niños, señaló que “en el abandono de la colonia todos nos dedicamos a trabajar, a sustentar la casa, pero nos descuidamos pues y ya participamos en partidos, en otros grupos sociales, pero todo es igual, no cambia.

“El efecto en nuestra colonia sigue siendo el alcohol, la droga, las autoridades lo quieren resolver con patrullas, con armas, con violencia y nosotros hemos visto que ése no es el camino: puedes ver los niños aquí jugando, nadie se preocupa por un cigarro, por una cerveza, andan divirtiéndose.

“Entonces ése es el camino, los que venían a tomarse su cerveza, a fumarse su cigarro de marihuana, están ahí lejos, ya hasta se nos orillaron. Nos respetan, pero no nos molestan.

“El trabajo es con la misma comunidad y principalmente estos pequeños que apenas empiezan, los que ya están grandes después de los 15 años ya son jovencitos que ya saben lo que hacen.

“Si ahorita descuidamos esa parte del inicio de esta niñez, pues va a seguir como estábamos antes y el resultado lo puedes contemplar, la participación de estos niños, fueron invitados en un momento, solitos llegan y nadie los obliga a venir, no se les tiene condicionados, todo es totalmente voluntario y pues si empezamos por ahí vamos avanzar”, explicó.

Ya son casi las nueve de la noche y los niños siguen con mucha cuerda. Después de haber ya concluido algunos de los ejercicios que Jerónimo les puso, se fueron a jugar a los columpios, el volantín y las resbaladillas; en la otra parte de la cancha se empieza a fraguar la cascarita.

 

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