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MEMORIAL DE LUCHAS DE LA COMUNIDAD CULTURAL QUERETANA.

Unidad de Investigación Periodística

En noviembre de 1997 organizamos El Primer Foro Ciudadano en el Museo Regional de Querétaro, llamado así porque a diferencia de los tradicionales “encuentros, consultas o diálogos con la comunidad artística y cultural”, que organizaba el PRI-gobierno, este fue el primer foro en donde los artistas y promotores culturales nos auto-convocamos. Participaron creadores, grupos artísticos, trabajadores y promotores de la cultura, maestros y estudiantes de artes, académicos y se invitó a funcionarios culturales. El contexto en que se desarrolló fue en el arribo de Ignacio Loyola Vera como primer gobernador del PAN en Querétaro.

Era un momento histórico, pues después de casi siete décadas, la oposición conservadora llegaba al poder; había pues mucha efervecencia política. El nuevo gobernador nombró como titular del Consejo estatal para la cultura y las artes a José Luis Prudencio, un personaje (me atrevo a llamarlo así porque en sus breves días como funcionario usaba un atildado atuendo que incluía pipa y un monóculo que lo hacía parecer extravagante) y del cual se decía que su único mérito para asumir el cargo era “ser el profesor de órgano de la familia del gobernador”. Y efectivamente, Prudencio era prácticamente un desconocido para la mayoría de la comunidad cultural, tanto como artista y como funcionario. Una anécdota contada por el pintor Jordi Boldó, ejemplifica bien esto que decimos: “Me mandó llamar Prudencio y lo primero que me dijo fue que quería saber quién era yo. Le contesté: El problema no es quién soy yo, porque la comunidad cultural me conoce. El problema es quién eres tú. Dicho esto, salí de su oficina”. El descontento de la mayoría de la comunidad cultural fue creciendo conforme avanzaban los desencuentros entre el nuevo y bisoño funcionario con artistas y promotores, pues el problema de fondo es que no solo carecía de un mediano conocimiento de la administración cultural, sino que también desconocía el trabajo y trayectoria de los artistas y de las demás instituciones culturales, y sí llegó a contar con un proyecto, éste nunca fue claro y se le percibió siempre como un improvisado. En este marco realizamos este primer foro ciudadano, con la participación de la mayoría de la comunidad cultural, pues además de lo anteriormente dicho, el nuevo gobierno de alternancia había abierto amplias expectativas de cambios importantes, expectativas que muy pronto se esfumaron. En un breve y sucinto repaso de las propuestas presentadas podemos citar las siguientes: Alfonso Juárez y Francisco Escobedo propusieron la inclusión de la educación musical en la educación pública; Martha García Renart: Revaloración y apoyo a los artistas independientes y a la educación social y educativa del arte; Gabriel Horner: Sala, programación y exhibición de cine de arte para Querétaro; Manuel Cruz y Arturo Santana: Que el Estado tome en cuenta, apoye y ayude a acrecentar las variadas manifestaciones literarias y artísticas que existen en la entidad; Vicente Osorio: Revisión del marco conceptual y operativo para la promoción de las culturas populares en tiempos de la globalización: Diego Prieto: Una política cultural democrática, plural, moderna e integral para Querétaro; Gonzalo Ruiz Posada: Revisión crítica de la política cultural respecto a la defensa del patrimonio cultural en Querétaro; Arturo Pérez: Revaloración social de la fotografía artística en Querétaro; Jorge Martínez Marín: La promoción de las artes visuales como cultura de libertades; Abelardo Rodríguez, Manuel Oropeza y José Luis Álvarez Hidalgo, planteamos: La ciudadanización de la política cultural en Querétaro. Por su parte, la maestra Guillermina Bravo propuso la creación de una ley de cultura para el estado de Querétaro, con los siguientes puntos: Revisión de la legislación vigente en todo lo que respecta al cultivo de las bellas artes, asignación del gasto público que reafirme la responsabilidad social del estado de difundir las bellas artes sin menoscabo de la libertad de expresión, formular ley de fomento a las artes, inclusión de los creadores artísticos en la ley federal del trabajo, obligación tributaria a los empresarios para el desarrollo de la creación y desarrollo artísticos, incluir el derecho a la cultura de las bellas artes en nuestra Carta magna.

Se va Prudencio, llega Naredo

En su momento consideramos un éxito este Primer foro por la cultura y las artes, superando nuestras expectativas, pues el primer resultado fue la destitución de Prudencio al frente del Consejo Estatal para la Cultura y las Artes. El gobernador nombró a Manuel Naredo como nuevo director de este organismo. Fue entonces que un grupo importante de artistas cuestionamos esta forma de elección autocrática, argumentando que debería ser más democrática, con la participación de la comunidad cultural. El mecanismo que propusimos fue que ésta presentara una terna para que el gobernador nombrara al nuevo funcionario. Pero no atendieron esta demanda, totalmente acorde al discurso “del cambio” que el PAN pregonó machaconamente en esos años y por el cual llegó al poder. La sociedad en general queríamos que cambiarán las cosas, pero de fondo y no solo de color partidista. En la ceremonia en que se nombró al nuevo titular del Consejo estatal para la cultura y las artes, el CECA, realizamos una protesta por la forma antidemocrática en que se realizó. Aquí hay que señalar que Manuel Naredo contaba con el apoyo de muchos compañeros de la comunidad cultural debido principalmente a su gestión como director del Instituto municipal de cultura, el IMC, y agregar un dato interesante acerca de este organismo: Contemplaba en su fundación con un consejo directivo conformado por representantes de la comunidad cultural, aunque nunca se ejerció como tal, y siendo desaparecido de los estatutos legales durante las primeras administraciones panistas. Poco después de esta protesta, Naredo, que también había participado en el Primer foro por la cultura y las artes, convocó a la comunidad a mesas de diálogo El resultado en general fue bueno pues cuando menos tres demandas centrales y concretas que le planteamos: Pago justo y expedito, atención respetuosa y personal y prioridad a artistas locales, las cumplió en sus dos gestiones, la primera de 1997 a 2003 y la segunda en el siguiente sexenio de Francisco Garrido, 2003-2009, para beneplácito de la mayoría de la comunidad cultural. Cosa que se puede corroborar en una especie de balance o evaluación, publicada en el suplemento cultural del Diario de Querétaro, si la memoria no nos falla, en donde muchos artistas no escatimaron en elogios a su gestión llegando a compararlo con Pericles. Cosa que nos pareció a otros, exagerada, pues consideramos que sólo había cumplido con su deber. Sin embargo, viéndolo desde otra perspectiva, el hecho de que un funcionario tuviera, en lo general, una administración eficiente, un trato amable y que respondiera, en medida de sus recursos y competencias, a las necesidades, problemas y peticiones de apoyo de la comunidad, resultaba, en este país, un hecho notable e irrepetible. Pero también desde otro punto de vista, hay que señalar que en el último año en el cargo, el entonces gobernador Garrido Patrón, recortó tres millones de pesos al organismo cultural que encabezaba Naredo, paralizando de facto sus actividades y de lo cual nadie dijo nada, por lo que el festín de elogios y lambisconería de una parte de la comunidad a su persona fue, en última instancia, también echarle flores al gobernador Francisco Garrido, célebre principalmente por su opacidad, en donde pergeñó a un personaje fuertemente señalado  de corrupto, como Ricardo Anaya, cuya fortuna repentina, según algunos analistas, se acumuló mágicamente durante este gobierno, principalmente en el último año, conocido popularmente como “año de Hidalgo” (“o chingue a su madre el que deje algo”) Durante este mismo sexenio, la comunidad cultural realizó otras importantes luchas, ahora contra la dirección del Instituto municipal de cultura, el IMC. Primero, por la censura en contra de una exposición de Teresa Margoles en el recién estrenado Museo de la Ciudad, acusando la autoridad que este tipo de obras instigaba “una cultura de la muerte” que propiciaba que jóvenes “desadaptados”, como los “darketos” cometieran crímenes como el que sucedió en los primeros días de enero de 2000, en contra de una jovencita. El proverbial amarillismo de la prensa comercial se solazó con la noticia, delirando sobre la “falta de valores en la juventud” y satanizando las llamadas “culturas juveniles urbanas”. Pero la comunidad cultural cerró filas y en una carta pública publicada en los principales periódicos defendió la libertad de expresión y se manifestó contra el escarnio sobre las expresiones culturales y artísticas de los jóvenes. Finalmente, el resultado de la lucha fue positivo, el Museo de la Ciudad dejó de depender del Instituto municipal de cultura y pasó a manos del entonces Consejo estatal para la cultura y las artes. Este fue, a mi parecer, el hecho fundacional que permitió a Gabriel Horner, director hasta la fecha del museo, a tener un amplio margen de libertad y autonomía. La otra lucha, también contra el IMC, fue el amago de convertir la Casa de cultura “Ignacio Mena” en la nueva sede burocrática del instituto. Esto de acuerdo con la entonces directora Mónica Cadena y con el entrañable maestro Julio César Cervantes, el famosos “Diablo”. Ellos dos acudieron a nosotros, el grupo que habíamos organizado el Primer Foro ciudadano para la cultura y las artes en 1997 y las protestas contra la forma en que se designó a Manuel Naredo, en busca de apoyo para defender la noble institución que creó el doctor Ignacio Mena, quien donó esa casona en el centro histórico de la ciudad al pueblo queretano, en la década de los Ochenta, cuando el entonces gobernador Rafael Camacho Guzmán desapareció la única casa de cultura que había entonces y que estaba ubicada en la Casa de Écala, en la mera plaza de armas, para convertirla en oficinas, argumentando que este recinto cultural “era un nido de marihuanos y comunistas”. Con la coyuntura de una remodelación, el IMC vació la casa e interrumpió sus actividades. Fue entonces que la directora de la Casa de cultura, desconfiando de que el regreso ya no sucediera, embodegó mobiliario y equipos en el Museo de la Ciudad y en ese mismo recinto continuó con las actividades y servicios, pero ahora en calidad de “exiliada”. El objetivo fue no dejar completamente el control de la situación a la administración municipal de cultura, que tenía un perfil muy conservador, censurador y autoritario. Pues al mismo tiempo que sucedía esto, se multiplicaban las majaderías, atropellos de parte del IMC contra prácticamente la mayoría de la comunidad cultural, con el repertorio injurioso de siempre: Pago de funciones sumamente tardados, incumplimiento de apoyos ya acordados a eventos y festivales, trato despótico e irrespetuoso, etc. Estas dos situaciones llevaron a la comunidad cultural a pedir la renuncia del director del IMC, Carlos Leija, mediante una carta pública en donde se recabaron cerca de 150 firmas. Era tanto el malestar contra esta administración, que el maestro Gastón Lafourcade (padre de la famosa cantante Natalia) devolvió al municipio de Querétaro la medalla al mérito y la trayectoria artística que le había otorgado, como acto de protesta. Retomando la experiencia del Primer foro ciudadano por la cultura y las artes, se optó por realizar las protestas y movilizaciones a través de pequeños festivales artísticos en plazas públicas, principalmente el Jardín Guerrero, con música, exposiciones plásticas, recitales de poesía y narrativa, teatro y performance. Participamos, entre otros, el colectivo Mitote, LEGOM, Luis Alberto Arellano, José Luis Álvarez Hidalgo, Julio César Cervantes, Gerardo Esquivel. Finalmente logramos la renuncia de Leija y que la Casa de cultura “Ignacio Mena” no se convirtiera en oficina burocrática.

Un segundo Foro

El Segundo Foro Ciudadano por el Arte y las Culturas, retomó la propuesta de crear una ley de cultura para Querétaro que retomara las propuestas de artistas y promotores, la cual fue presentada por la maestra Guillermina Bravo durante el primer foro, en 1997. Para ello volvimos a auto-convocarnos como la comunidad cultural y organizamos tres foros. El primero se realizó en el Museo de la Ciudad de Querétaro, en marzo de 2003, el segundo fue en Jalpan de Serra y un tercero en Cadereyta. De ello se desprendió un diagnóstico y numerosas propuestas encaminadas a configurar una Iniciativa de ley de cultura. Para ello solicitamos la asesoría legal y el apoyo operativo de la Comisión Estatal de Derechos Humanos. Después de arduos y fructíferos meses de trabajo, en noviembre de 2003 entregamos una Iniciativa de Ley para las culturas y el arte de Querétaro, a la Comisión de Educación, Cultura y Ciencia de la LIV Legislatura del Estado y a cambio recibimos la promesa de los diputados de esa Comisión de discutir, trabajar y presentar a la sociedad conjuntamente la iniciativa presentada. El Foro ciudadano por el arte y las culturas fue una expresión social activa y propositiva de la comunidad cultural, sin compromisos partidistas, ni religiosos, ni personales. Los puntos centrales de esta iniciativa de ley son: Se propone la creación de un organismo de carácter autónomo, esta iniciativa señala los órganos que ejercerán las funciones y la forma como las llevarán a cabo, una de éstas es el Director del Instituto, que tendría una función ejecutiva, y el otro sería un Consejo directivo, conformado por representantes de la comunidad cultural, que sería el órgano supremo, el que diseñaría las políticas y los planes y programas culturales y que para nombrar al director o directora, propondría una terna a la legislatura local para que de ella se elija a uno. Otro punto importante es que, como órgano autónomo de Estado, tendría una mayor autonomía y un presupuesto de ley, ya no sujeto al criterio del gobernador. Pero esta iniciativa de ley no fue la que aprobaron los diputados, sino una que ellos hicieron, traicionando una vez más su compromiso de apoyar la ciudadanización de las políticas públicas. Así en Consejo estatal para la cultura y las artes se convirtió en el Instituto queretano para cultura y las artes.

En resumidas cuentas y a la distancia, la comunidad cultural, a nuestro parecer, se manifiesta en sus luchas, ahí es donde toma cuerpo y espíritu, en donde adquiere identidad, solidaridad, donde remueve sus inercias narcisistas y reflexiona, piensa, hace memoria, propone, se activa como sujeto político; deja su sumisión. Para finalizar, compartimos cuatro tesis sobre los trabajadores de la cultura y las artes, que elaboramos hace años pero que no pierden su vigencia: Primera tesis:La comunidad cultural, entendida ésta como la red de intereses e identidades comunes, que compartimos trabajadores culturales y públicos consumidores de las creaciones culturales y artísticas, por largos periodos se torna social y políticamente insignificante. En otras palabras, se queda sin voces y sin discursos; sin comunicación con la sociedad y tampoco entre compañeros y colegas. Y este estado parecido a la catatonia, nos hace mirar hipnótica e individualmente hacia un solo punto: la subordinación frente al Estado, y esta sumisión termina por infantilizarnos, volviéndonos impotentes, frágiles y sumamente dependientes de un papá ausente. Pues el Estado en México, a partir de la Revolución Mexicana, se introyectó en nuestra subjetividad bajo la forma política del paternalismo. Un padre cruel, autoritario y represivo, por un lado, y por el otro, protector, conmiserativo y con un discurso social. “El ogro filantrópico”, lo llamó Octavio Paz.Segunda tesis: El Estado ya no es un interlocutor importante del trabajo artístico y cultural. Su rol de promotor y patrocinador cultural se ha vuelto insignificante. En muchos municipios prácticamente han desaparecido estas funciones. A lo más que aspira actualmente, para justificar su existencia, es a organizar festivales y eventos sin ton ni son, y repartir becas, cada vez más insuficientes y pobres, que sirven de escaparate de un falso auge cultural. Y en este marco, los trabajadores de la cultura somos tratados como población socialmente vulnerable. O dicho sin eufemismos, tratados como una manada de limosneros en pos de la única zanahoria que comer. El Estado se ha convertido en un obstáculo más para las culturas y las artes. La nueva consigna debería ser ya no extender la mano para que nos dé algún miserable apoyo, sino luchar para gestionar directamente los recursos del Estado como trabajadores con derechos. Tercera tesis: Una buena parte de los trabajadores de la cultura en Querétaro, se están convirtiendo en trabajadores del entretenimiento, en detrimento de la educación, las artes y las culturas. Corremos el peligro de convertirnos en agentes activos del negocio de la trivialidad, de tornar nuestro trabajo en insignificancia cultural, en chatarra artística, en changarrización social; perdiendo el control sobre nuestro propio trabajo. Adoptando un patrón cuyo primer objetivo, sino el único, es sacar provecho del trabajo ajeno. Perdiendo con ello nuestra libertad creadora y nuestra dignidad, a cambio de salarios francamente irrisorios en la mayoría de los casos. Con ello arribamos a la proletarización de los artistas, convertidos ahora en el ‘cognetariado’ del capitalismo cultural.Cuarta tesis:Los trabajadores de la culturatenemos que dejar de mirar únicamente hacia el Estado y hacia los Empresarios, donde cada vez más hay desolación, soledad y miseria, y mirarnos más entre nosotros, en donde podemos encontrar creatividad, compañía y fuerza. Tenemos que recuperar tres cosas: La primera, el control sobre nuestro trabajo, ser dueños de lo que hacemos. Prescindir de los intermediarios. La segunda, recuperar el espacio público como escenario de nuestro estar en el mundo, y la tercera, recuperar el Nosotros, es decir, tratarnos como compañeros; aprender a escucharnos, ser generosos, respetuosos y solidarios entre nosotros mismos. Recuperar la ética, la dignidad y el sentido gremial como ejes de nuestro trabajo.

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