“Mi estilo es no tener estilo”: Jesús Águila Herrera, un talento inmortal

Con 82 años de edad, Jesús Águila Herrera, trascendió. Si bien ya no estará físicamente en el mundo, la obra de “El Águila” siempre vivirá. Ya sea a través de una caricatura o de una acuarela, la sociedad contiene, y contendrá, el arte de su crítica, una humanidad estética.
El pasado 11 de octubre del 2024, se dio a conocer el fallecimiento del pintor y caricaturista queretano, Jesús Águila Herrera, a los 82 años de edad. Varias instituciones y personas, entre ellas Tribuna de Querétaro, y la ahora titular de la Secretaría de Cultura del Estado (Secult), Ana Paola López Birlain, dieron a conocer esta noticia, en compañía de su más sentido pésame para la familia y los amigos del artista.
Si bien las condolencias son necesarias, no bastan para dimensionar a un personaje como Águila Herrera; es por ello que se debe recordar para que lo viva el resto de la sociedad.
“Un don innato”: Salvador Rangel
Jesús Águila Herrera, conocido entre sus colegas y amigos como “El Águila”, nació en 1942 en el barrio de La Cruz, en la ciudad de Querétaro. De acuerdo con el columnista de Tribuna de Querétaro, Salvador Rangel, el futuro talento demostró, desde temprana edad, un “don innato por la pintura”, por lo que se inscribió a la entonces Academia de Bellas Artes de la Universidad de Autónoma de Querétaro (UAQ) a los 21 años, en 1963; y una vez ahí, fue alumno del Maestro Agustín Rivera Ugalde, quien le ayudó a reforzar sus técnicas. Posteriormente, estuvo como becado en la Academia de San Carlos, una instancia perteneciente a la Facultad de Artes y Diseño (FAD) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
A sus 25 años, en 1967, Águila Herrera llevó a cabo su primera exposición, de manera colectiva, en el Instituto Politécnico Nacional (IPN), en el entonces Distrito Federal, ahora la Ciudad de México (CDMX). Como resultado de tal evento, el acuarelista recibió invitaciones para exhibir sus obras en el extranjero. Por lo que, en 1979, fue parte de la presentación artística de Montreal, en Canadá, dentro del Salón del Humor Mundial.
“El decano de los moneros en Querétaro”: Efraín Mendoza Zaragoza
Águila Herrera no solo destacó en la acuarela, sino también, en la caricatura impresa o el acto de hacer “monos”, una forma cariñosa de nombrar estas obras. Su amplio conocimiento de la vida social y política de Querétaro y el país, le permitió la capacidad de trazar la realidad. Por más compleja que pareciera, siempre logró transmitir su mensaje gráfico. Es entonces que, en 1968, formó parte del Diario de Querétaro, en donde dio a conocer sus caricaturas.
En este sentido, se debe reconocer la importancia de este tipo de publicaciones. Según el profesor de Periodismo de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPS) de la UAQ, Efraín Mendoza Zaragoza, el cartón es más que una caricatura humorística. Es un género que, al exagerar y ridiculizar las características de un personaje o situación, logra explicar y hacer entender algo que sería difícil de comunicar a través de un discurso elaborado, especialmente para un público con prisa o poco dispuesto a profundizar. Sin lugar a duda, “El Águila” siempre cumplió con este objetivo.
Para 1990, Águila Herrera ingresó al semanario El Nuevo Amanecer de Querétaro, en donde, además de caricaturizar a la política, ilustró a la humidad en sí. A través del suplemento Amanecer Cultural, dio imagen a varios de los contenidos publicados ahí; tales como los versos titulados Poesía, de José Luis de la Vega, en 1992; la historia Sebas: el ritual de los años, de Eugenio Medina Ramírez 2 [sic]; y la composición Cuarto de azotea de César Cano Basaldúa, ambas en 1993. Aunque los textos fueran varios, Águila Herrera solo daba énfasis a una población en particular: las mujeres. En aquellos números, se puede dar cuenta de los trazos que dan vida a diferentes figuras relacionadas con lo femenino, siempre semidesnudas o por completo al descubierto.
Un colaborador inolvidable
Además del “ácido y la delicadeza de los trazos”, apunta el también sociólogo Mendoza Zaragoza, los moneros concuerdan en que es esencial monitorear a las instituciones para exigir rendición de cuentas, crear nuevas formas de relación entre los ciudadanos y el poder, y situar a la sociedad diversa y conflictiva en el centro de la agenda actual. Es por ello que Jesús Águila Herrera siempre mantuvo viva la caricatura política activa.
Para 2012, “El Águila” se unió a la lista de colaboradores de Tribuna de Querétaro para compartir planas semanales con estudiantes, académicos y docentes de la FCPS de la UAQ. Una vez aquí, su destreza fue notable número tras número, especialmente, en 2014, año en el que 43 estudiantes de la Escuela Normal Raúl Isidro Burgos, de Ayotzinapa, fueron secuestrados y desaparecidos en Iguala, Guerrero.
En aquellos, y siempre latentes tiempos, Águila Herrera demostró su talento gráfico a favor de la comunidad estudiantil y la justicia social, siempre en exigencia al Estado mexicano y a sus integrantes. Una de sus tantas obras, por ejemplo, en diciembre de aquel año, ilustra a una figura femenina con un cartel que expresa: “el discurso autoritario del viejo PRI ya es obsoleto: no estamos en el 68, estamos en el 43”.
Así como esta “monería”, realizó varias más en su estancia en este semanario, por lo que se recordará, de manera activa, para siempre.
El vuelo de “El Águila”
A pesar de su impecable trayectoria, Águila Herrera no archivó sus obras propiamente, y tampoco se identificó con un estilo en particular: “mi estilo es no tener estilo”, afirmaba.
En torno a la partida de “El Águila”, el también coordinador de la mesa directiva de Tribuna de Querétaro, Efraín Mendoza Zaragoza, externó, desde 2012, que “más allá de la delicadeza gráfica de sus líneas, destaca por la hondura de su contenido: una crítica fina, alejada de la víscera y del panfleto, que sintetiza el sentir del pueblo llano e interpela a los pensadores de nuestro tiempo”.
Después de poco más de ocho décadas, la vida terrenal de Jesús Águila Herrera ha llegado a su fin. Sin embargo, sus acuarelas y sus caricaturas seguirán en las exhibiciones y en las páginas de la sociedad queretana; y de esa manera, en una parte de la memoria mundial. Si bien su familia, sus amigos y admiradores visten de negro, el arte y la crítica se alegran de haberlo tenido en sus ediciones.
En una ocasión, “El Águila” llegó a expresar lo que podría ser el significado de su felicidad: “todavía ando en la infancia”.

