CulturaDestacadasInformación

Miércoles de Ceniza en Querétaro: entre la fe, la nostalgia y la imposición

En Querétaro, las tradiciones más fuertes siempre han estado ligadas a la religión. El Miércoles de Ceniza, fecha que marca el inicio de la Cuaresma, sigue siendo un día de profunda significación para una población aún muy creyente.

Me dispuse a visitar uno de los templos más icónicos de la ciudad: Templo y exconvento de la Santa Cruz de los Milagros. Mientras caminaba hacia la iglesia, Saúl Hernández, por medio de los audífonos, me recordaba la fecha repitiendo como un mantra: “En un Miércoles de Ceniza, en un Miércoles de Ceniza, en un Miércoles de Ceniza…”. La música se mezclaba con la expectativa de lo que estaba por vivir.

Dentro del templo

Al entrar, encontré a un grupo de personas sentadas, admirando la arquitectura, las estatuas de vírgenes, santos y representaciones de Jesús. El canto de un feligrés resonaba con fuerza gracias al espacio del lugar, aunque las palabras se perdían en la prolongación de las vocales.

La gente nunca dejó de llegar: personas arriba de 40 años acompañadas por su familia nuclear (madre, padre y los dos hijos), parejas de adultos mayores heterosexuales para no olvidar las viejas costumbres de Querétaro; niños recién salidos de la escuela acompañados por sus madres o abuelas. La tradición se repetía, año tras año, como un recordatorio de identidad.

La voz de la tradición

Entre los asistentes conocí a Sara Ramírez, una mujer de unos 70 años que había viajado desde Carrillo a esta iglesia para seguir la fe. Me explicó que la misa sería hasta las seis de la tarde, pero que lo esencial era recordar la importancia de la Cuaresma, hubo alguien que dio su vida por nosotros; lo mínimo que podemos hacer es la Cuaresma, dijo con tranquilidad.

Para ella, la práctica era también una herencia familiar. Desde niña, sus padres la llevaban a recibir la ceniza como símbolo de arrepentimiento por sus pecados, porque claro, desde niños somos unos pequeños diablillos pecadores.

Aunque tenía cosas que hacer, decidió dejarlos de lado para acudir al templo y, de paso, recorrer las calles del centro.

Antes de salir, les dijo a sus hijos y nietos que deben venir a ponerse la ceniza, ya que este evento no se repetirá hasta el siguiente año. Como una pequeña conclusión, me contó que, dado a estas fechas milagrosas, solo espera que las cosas mejoren, portarse bien, estar tranquila y encontrar la paz, pero sobre todo espera que esta tradición no se pierda.

El rito personal

Animada por la conversación, decidí acercarme al ministro laico con mi frente en alto, pero con un solo movimiento y 6 palabras hizo que me agachara y replanteara mi vida, untó ceniza en su pulgar y la colocó en mi frente mientras pronunciaba las palabras: “Arrepiéntete y cree en el Evangelio”.

Salí del templo desconcentrada, tomé algunas fotos, me senté en las jardineras cercanas, reflexionando sobre lo que acababa de escuchar y buscando algún significado. Me arrepentía de ir a la iglesia y animarme a que me pongan la ceniza de palmas quemadas; hace mucho me había alejado no solo de la iglesia, sino también de la religión, y solo provocó que sintiera nostalgia.

Ese recuerdo se intensificó más cuando vi a una niña entrando a la iglesia con su mochila, seguramente apenas salió de la escuela y fue llevada por su mamá a recibir la ceniza; los niños no tienen idea de lo que están haciendo, pero saben que van a ser recompensados con un elote del puesto que está en la calle o unos chicharrones preparados, pero sin cueritos, ya que cuenta como carne. Y sobre el Evangelio, espero mencione sobre mi director de periódico y su acompañamiento a mis notas para que pueda creer en él.

La fe de los jóvenes

Cuando me dispuse a regresar a mi casa, me encontré a Sebastián Villegas, un joven de 23 años con la ceniza marcada en la cabeza. Me confesó que tenía un conflicto con la fe, pero acudía por tradición familiar; sentía que regresar a creer en alguien celestial se debía a las fechas y al recordatorio de su padre, que desde Jalisco le dijo que fuera a recibir la ceniza.

Aunque su fe fue impuesta por sus papás, espera que ahora los jóvenes tengan la libertad de elegir en qué creer, en qué tener fe, porque cualquier religión que tengamos puede traer paz interior; dicho esto siguió observando su miel que acaba de comprar de un señor; le dijo que era estudiante, pero aun así lo apoyaba.

Polvo eres y en polvo te convertirás

En el trayecto del centro a mi casa pensaba sobre estas fechas. Las palabras que marcan el inicio de la Cuaresma y conocida por todos son: “Polvo eres y en polvo te convertirás”; sea cual sea tu religión, al final todos vamos a valer lo mismo, y después de unos años vamos a ser polvo que ayudará a que crezcan flores, nueva vida y, desde lo personal, te digo que es el ciclo más milagroso y maravilloso.

Ante esta frase y una cruz en la mitad de nuestra cara, nos recuerda a su vez la fragilidad de la vida y la humildad que todos compartimos, y más cuando personas cercanas a la iglesia nos señalan con ese símbolo y nos dicen que nos arrepintamos y creamos en el Evangelio.

En México, pero principalmente en Querétaro, más allá del rito religioso, el Miércoles de Ceniza se convierte en un momento de encuentro comunitario, de identidad compartida y de nostalgia por las costumbres que siguen vivas; yo sólo espero que no me pongan la ceniza de mis notas en Tribuna, porque seguramente no recibiría el perdón a mis pecados.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba