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Migración e industrialización, causa del pandillerismo en Pie de Gallo

Las siete pandillas de esta comunidad están conformadas, mayormente, por jóvenes de entre 14 y 25 años

Por: Vladimir López Escobedo

Jóvenes de entre 14 y 25 años de edad son quienes integran las siete pandillas que están asentadas en la comunidad de Pie de Gallo (delegación Santa Rosa Jáuregui), revela la tesis “El pandillerismo en Pie de Gallo, Santa Jáuregui: estudio de cambio social”, elaborada en 2013 por la socióloga Ruth Ortega Saldívar.

 

Las pandillas que se encuentran asentadas en la comunidad de Pie de Gallo son Los samuráis, Los Diablos, Los del Madroño, Los Maras, La Yerbita, Los Perrazos y Los Termos, puntualiza la investigación realizada por la egresada de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales.

Estas pandillas se conforman por «jóvenes que ingresan a los 14 años y permanecen hasta los 25, aproximadamente» quienes, por medio de estas organizaciones, «demuestran su repudio a la sociedad, cuyos valores se les antojan perniciosos y caducos».

Los jóvenes que conforman las pandillas tienen trabajo: se dedican a ser obreros o ayudantes de albañil. Sin embargo, para Ruth Ortega, “ninguno de estos trabajos representa aprendizaje y superación de metas”, sino al contrario: son actividades mecánicas y cansadas.

La presencia de pandillas en la comunidad de Pie de Gallo no sólo es un problema de jóvenes -dado el temprano consumo de bebidas alcohólicas y drogas- sino que afecta en otras esferas sociales porque, al defender su territorio, generan riñas entre pandillas o entre éstas y la policía.

De acuerdo con la investigación, a las pandillas se les señala como culpables de asaltos y robos ejecutados con un alto grado de violencia, “que demuestra la superioridad de éste (el pandillero) contra el débil”.

La policía es visualizada como “un orden ajeno y distante (…) una institución que no escucha sus demandas” y a la cual le manifiestan su repudio. Los choques y enfrentamientos entre las pandillas y los policías son “constantes”.

Este enojo ha llegado incluso a enfrentamientos y agresiones contra la población, como en 2012, cuando vecinos denunciaron presunto vandalismo de policías municipales que agredieron físicamente a un adulto mayor, torturaron a otro hombre y rompieron los vidrios de una camioneta (Tribuna de Querétaro 653).

Aunque las autoridades tienden a negarlo, en Pie de Gallo es común la posesión de armas de fuego. Su uso “es generalizado”: va desde armas calibre 45 hasta la Glock 17, revólver y escopetas de retrocargas.

En Pie de Gallo, el alcoholismo y la drogadicción van en aumento debido al crecimiento de grupos de «jóvenes pandilleros», advierte el estudio.

En Santa Rosa Jáuregui se ha presentado un aumento del número de pandillas y su disputa por el territorio, como consecuencia de una crisis institucional derivada de la transformación: “pasó de ser una zona rural a una zona urbana industrializada”.

La comunidad sólo cuenta con escuelas “de preescolar a telesecundaria, estas instituciones no logran contener a los alumnos”, que abandonan la educación por no estar adaptada a sus intereses.

 

Fracturas institucionales

Ruth Ortega Saldívar se dedicó a investigar el pandillerismo en esta comunidad. Su trabajo consistió en el análisis de distintos actores sociales involucrados en el tema y de instituciones como la familia, la religión, la política y la escuela.

Utilizó una metodología cualitativa centrada en el uso de las técnicas de observación y entrevista semiestructurada (a líderes de la comunidad, personas que conviven con las pandillas, y tres jóvenes que son integrantes de dos pandillas).

La investigación señala que la urbanización e industrialización, así como la migración y movilidad suscitadas en la delegación de Santa Rosa Jáuregui, son los factores que han estimulado el crecimiento de pandillas en la zona.

En esta delegación ha existido un crecimiento no regulado de la industria, así como falta de oportunidades de trabajo y educación, lo que provoca una fuerte movilización y migración social, principalmente entre jóvenes, según la socióloga.

De acuerdo con la investigación hecha por Ruth Ortega, las principales fracturas institucionales se encuentran en la sociabilización temprana, dentro de la familia, debido a que durante la niñez, la mayoría de los ahora “pandilleros” vivían en un contexto de pobreza y violencia doméstica.

En la pandilla, “el joven encuentra un mundo de sentido que le apoya en su actuar y toma de decisiones”. Las pandillas están conformadas en su totalidad por hombres y el tatuaje es un elemento simbólico de sus integrantes.

Asimismo, la solidaridad y el apoyo entre los integrantes de la pandilla son constantes, sobre todo para ‘alertar’ de patrullajes o visitas de policías federales, estatales o municipales, así como militares. El aviso es vía mensaje de texto a los de su grupo, y éstos lo comunican a otras pandillas “para protegerse o estar al tanto de algún evento que vaya contra sus prácticas”.

La música preferida de los integrantes de las pandillas está en los géneros de narcocorrido, hip hop y rap. Escuchan “pura loca, de cráneo. Así, de mariguanos… es tipo música loca, de drogas, de todo eso”, admitió un integrante de pandillas.

La población de Pie de Gallo ve a los políticos “con cierta decepción, su presencia en el lugar es en épocas de campañas e inauguraciones (estas últimas escasas), pero nunca como funcionarios interesados en las verdaderas necesidades de la población local”.

También existe repudio contra los dos partidos políticos que han estado en el poder, especialmente contra el PAN y la exalcaldesa María del Carmen Zúñiga.

Origen y efervescencia de las pandillas

El aumento en el número de pandillas se presenta porque “los jóvenes tienen un acceso a información mayor, en comparación a los jóvenes de generaciones anteriores”, esto provocó que instituciones como la familia, la religión, la política y la educación tuvieran lo que Anthony Giddens llama una “coyuntura de circunstancias”.

En América Latina, el desarrollo del pandillerismo tuvo efervescencia con el surgimiento de la Mara Salvatrucha y el Barrio 13, bandas que tenían como centro de operaciones la ciudad de Los Ángeles, California.

Estas bandas se conformaron por migrantes centroamericanos, pero con el tiempo sus prácticas se fueron haciendo «violentas, delincuenciales y establecieron redes de tráfico de drogas», por lo cual el gobierno estadounidense tuvo que tomar medidas coercitivas.

En México se presentó el pandillerismo de forma similar; esta práctica entre los jóvenes se incrementó con la migración hacia el país del norte. Según Ruth Ortega, fue una adaptación del pachuco chicano, sólo que en México se le denominó «cholo». Se refiere a la “falta de espíritu” del joven mexicano, en términos de Octavio Paz.

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