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Movimiento de los indignados es alentador para sociedad del s. XXI

Por Abril Suárez

“El movimiento de los indignados, como ocurrió en otros momentos en el país con el Movimiento de Liberación Zapatista, ha puesto en evidencia que efectivamente no podemos olvidarnos del ser humano y colocar en su lugar a la ganancia, al capital o el supermercado”, expresó Gonzalo Guajardo González, catedrático de la Facultad de Filosofía de la UAQ.

Gonzalo Guajardo aseguró que aunque cada movimiento se expresa con motivos diferentes, todos se articulan bajo la frase “hombres del mundo, manifestaos”; no capitales, ni religiones, ni intereses particulares, sino hombres en un movimiento alentador porque muestra posibilidades de acción que se creían acabadas.

En cuanto a la percepción de los jóvenes respecto a la situación social, económica y política, el profesor universitario explicó que es una cuestión de conciencias que varía de los escenarios y las experiencias; por lo que hay muchos tipos de conciencias.

No obstante indicó que existen algunas que parecen totalmente ajenas a lo que está aconteciendo y viven la inmediatez en cuestión de tiempo y en términos espaciales, “podríamos decir que son conciencias adormiladas”.

Por otro lado, el académico afirmó que existen otras conciencias que parecería que viven en el “más completo terror”.

“Hay muchos jóvenes que viven aterrorizados de tal manera que identifican un presente y un futuro absolutamente inciertos o agresivos de manera grave, y voltean a diferentes lados y en ninguno avizoran signos de recuperación o de reconformación de la sociedad.

“Pero tanto unos como otros se identifican a sí mismos como meros espectadores de lo que acontece y no se asumen como voluntades o sujetos”, señaló.

En el caso de los indignados y ocupas, consideró que ellos son los que se colocan como conciencias que dicen no a lo que se presenta y no se advierten como espectadores. A ello agregó que ellos parecería que son los menos pero la explosión de movimientos dada en todo el mundo significa que está creciendo.

Además, advirtió que es importante señalar que el fenómeno se está dando en Wall Street (cabeza, cerebro o el corazón del capitalismo) y tiene una expresión firme, donde han enviado a policías, Ejército y sin embargo se han mantenido los indignados.

Por otra parte, el catedrático de la Facultad de Filosofía manifestó que a decir de algunas personas, en esta idea parecería haber una perspectiva optimista, con cierto corte teológico por su carácter salvador, cuando en realidad él no lo plantea de esa manera.

No consideró que los ocupas sean la nueva fuente de salvación ni un nuevo mesías ante el capitalismo, sino que se presentan meramente como una expresión de que el ser humano no ha podido ser derrotado ni sustituido como el real dueño de la historia y del mundo.

“Vamos a la zaga en movimientos sociales”

Al respecto de nuestro país y de la presencia de estas manifestaciones, señaló que afortunadamente se ha dado algo similar, porque en ciertos aspectos México va a la zaga de muchos movimientos sociopolíticos y económicos.

“En el siglo anterior parecía que México llevaba la batuta respecto de las demandas y movimientos par los pueblos latinoamericanos. Es valioso tener algunos movimientos que aparecen en cierta medida muy modestos, como los Sin Techo que estuvieron en Querétaro con alrededor de (según los medios) 200 manifestantes”, recordó.

Al cuestionarle respecto de los posibles mecanismos de defensa del sistema ante estos brotes de inconformidad social, Gonzalo Guajardo recordó que anteriormente el capitalismo desarrolló medios para acallar las voces del proletariado y en varios momentos también ha detenido las voces de la protesta y los opositores.

“Me parece que una de las características de los tiempos actuales, de lo que hace el capitalismo para acallar estas voces, son los movimientos supuestamente revolucionarios que se dan en la Cuenca del Mediterráneo, como el caso de Libia, Egipto, Túnez, Palestina e Irak”.

Explicó que estos movimientos han sido promovidos para destruir regímenes que de alguna manera eran alternativos al capitalismo, además con una riqueza extraordinaria y una ubicación estratégica, porque desde ahí se distribuyen las redes de colocación del petróleo, por lo que para el sistema era necesario reapropiarse de esa zona para recuperar el poder económico y también para aparentemente eliminar algunos motivos de la indignación.

El académico señaló que “justamente las cabezas del sistema capitalista son las que aplauden y enarbolan los movimientos revolucionarios, como en el caso de Irak y Afganistán, que realmente fueron ocupados por Estados Unidos y en Libia el movimiento de destrucción del sistema de Gadafi es apoyado por los franceses, de manera que la misma cabeza del sistema dominante se mete a destruir regímenes alternativos con apariencia revolucionaria”.

“Los Indignados son el reflejo del Manifiesto Comunista con rostro de siglo XXI”

“Un fantasma recorre Europa; es el fantasma del comunismo”, manifestó Gonzalo Guajardo González, al recordar la frase final del Manifiesto Comunista, “proletarios de todo el mundo, ¡uníos!”.

Al respecto del llamado Movimiento de los Indignados, originado en España a mediados de este año y que proclama una lucha por una democracia más participativa y que ha tenido eco en ciudades de todo el mundo, el catedrático de la UAQ hizo una comparación con este movimiento emergente y el entonces proclamado por Carlos Marx en el Manifiesto Comunista.

Guajardo González expuso que el Manifiesto en aquel entonces proclamaba como el sujeto de la historia moderna occidental al comunismo y al proletariado; sin embargo, los cambios en el horizonte social, económico y político en la segunda mitad del siglo XX, junto con el derrumbe del Muro de Berlín y la disolución de la Unión Soviética, habían hecho perder todo aliciente de responder al mandato absoluto del capitalismo, el cual encontró el camino abierto para convertirse, hasta hoy en día, en el gran dueño del mundo.

Este capitalismo dominante que concentra la mayor parte de las riquezas en el uno por ciento de la población, dejando a “una mayoría casi aplastante” en pobreza e indigencia, señaló, ha llevado a expresiones extremas de un dominio irrestricto.

Por lo que actualmente, aseguró, el movimiento de los indignados pone de manifiesto que el ser humano que se había debilitado –e incluso para algunos posmodernistas había muerto– no se ha acabado.

“Esto, expresado en el Manifiesto Comunista como el gran sujeto histórico que haría retroceder al capitalismo, parecía que había terminado, pero ahora vuelve a aparecer, aunque con el rostro del siglo XXI; con una historia detrás de sí en la que el capitalismo se configuró dominante y el sujeto débil, pero revive, ahora sí como un fantasma que había muerto y vuelve a aparecer aterrando no sólo Europa, sino el mundo entero”, concluyó.

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