Mujer en la ciencia: La brecha de género, el obstáculo sin final

Valorar la investigación
“Para mí, la mujer en la ciencia significa un camino muy largo, ¿no?”, destacó Oliva Solís Hernández, docente de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ):
“[Significa] que hemos tenido que ir luchando. A unas nos ha costado menos, a otras les ha costado mucho más, pero es un camino de satisfacción, no de realización o de demostración, porque las que hemos llegado a donde estamos, y otras que han llegado todavía más arriba, pues han demostrado que el ser mujer no debe ser un criterio, no para valorar la aportación del conocimiento a la historia de la humanidad, no. El conocimiento es el conocimiento independientemente de quién lo produzca”, profundizó.
“Sin embargo, para poder hacerlo pues ha sido el resultado de múltiples luchas para que las mujeres accedamos a la educación. Primero a la educación básica, luego a la educación media, luego a la educación superior, luego a los institutos de investigación y luego… Entonces todo ha sido una lucha constante. La mujer en la ciencia es lucha, pero al mismo tiempo es este regocijo y es evidencia de que sí se puede”, agregó la historiadora.
Trabajó un tiempo en el Tecnológico de Monterrey, pero al proponer investigación en una institución que no contemplaba dichos trabajos, terminó por ser despedida. No obstante, esto representó una nueva oportunidad para ella en la UAQ, donde pudo dedicar parte de sus esfuerzos a la investigación académica.

Lo primero que realizó al ingresar fue presentar un proyecto de investigación, pero al haber ingresado por honorarios no se le permitía hacerlo.
“En dos ocasiones intenté registrar proyectos de investigación y en las dos ocasiones me dijeron que no, ahora eso ya cambió. Ahora quienes están por honorarios ya pueden presentar proyectos, pero en ese momento no. Entonces yo continúe haciendo investigación por mi cuenta, a veces en el Instituto Nacional de Antropología e Historia. Nunca quedé inactiva”.
La doctora Oliva, al igual que otras mujeres investigadoras, ha tenido que fungir un rol adicional de forma paralela con su trayectoria profesional. Luego de haber terminado el doctorado, concursó dentro de la convocatoria para obtener plaza de docente dentro de la UAQ, la ganó y eso le permitió poder generar sus propios proyectos.
“Entonces estudié el doctorado en Administración aquí en la UAQ, terminé justo cuando salió la convocatoria para la plaza, entonces concursé y bueno, la gané. Empiezo a registrar proyectos y entonces empiezo a hacer investigación, pero no tienes las mismas condiciones que los compañeros varones, no”, explica.
“Cuando vemos la trayectoria académica, la trayectoria laboral de los varones, muchas veces son lineales, ¿no? Y ascendentes. Las trayectorias de las mujeres están más pausadas, están así como que subes y bajas; o sea, se describen otras trayectorias porque están estos otros elementos, el de los hijos, por ejemplo. Eso anímicamente te pega, pero además hay que estar atendiendo, cuidando, y pues, todas esas cosas ralentizan la investigación”.
A pesar de todo, Solís Hernández ha procurado tener una trayectoria lo más estable posible, aunque afirma que han habido momentos en donde la condición de género ha impactado en su vida profesional. Para ella el soporte ha sido su esposo, su mamá cuando todavía vivía, su suegra, sus redes familiares le permitieron crecer académicamente; de no haber contado con ellas, la brecha de género se convertiría en un obstáculo abismal.