Música, identidad en la adolescencia y resistencia: la nostalgia de la juventud de Abel García

En un ejercicio de análisis sobre los procesos de subjetivación en la juventud contemporánea, la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ) fungió como sede de la conferencia titulada “Música, identidad en la adolescencia y resistencia: la nostalgia de la juventud”. El evento exploró la función de géneros como el rock y el metal en tanto recursos de resistencia cultural y ejes fundamentales para la estructuración del sentido de pertenencia en las etapas formativas del individuo.
Abel García González, colaborador del Seminario Permanente de Estudios sobre Heavy Metal de la UNAM, fue el encargado de conducir la ponencia. Durante su intervención, García González, vinculó experiencias de carácter personal con relatos de la vida estudiantil además de marcos de referencia filosóficos para explicar la relación cotidiana entre el sujeto y las sonoridades de carácter disidente.
El ponente, que también es docente de bachillerato y licenciado en derecho por la UAQ, subrayó que el fenómeno musical trasciende el plano estético para insertarse en las dinámicas de poder y los procesos de búsqueda interna que caracterizan a los sectores juveniles en contextos de crisis o cambio social.
En la adolescencia, la música es un refugio
En el desarrollo de su exposición, García González relató diversas anécdotas centradas en jóvenes que, a pesar de compartir el rasgo común del miedo frente a la incertidumbre del entorno, manifestaron conductas de notable valentía. En este sentido, el conferencista informó que la música se constituye como un espacio de liberación, un refugio donde la expresión del yo, encuentra un canal legítimo frente a las presiones externas.
Como parte de su argumentación, el especialista detalló casos específicos para ilustrar las tensiones propias de esta etapa de vida. Entre ellos, destacó la experiencia de una estudiante que manifestó sentirse “liberada” tras la lectura pública de un texto de su autoría, así como el caso de un alumno que optó por realizar una exposición de espaldas al grupo para gestionar su inseguridad. Asimismo, relató el reclamo de un joven hacia sus progenitores por una mayor exigencia académica, interpretando estos actos como descubrimientos de la propia agencia, en un terreno marcado por la ambivalencia emocional.
El colaborador del Seminario Permanente de Estudios sobre Heavy Metal de la UNAM, a su vez puntualizó que estos ejemplos demuestran cómo la adolescencia no es solo un periodo de transición biológica, sino un campo de batalla simbólico. En este contexto, la música opera como el tejido que permite a los jóvenes apropiarse de su realidad y reinterpretarla desde sus propias necesidades.
Canciones que iniciaron la identidad
El análisis del ponente se profundizó al abordar la carga semántica de piezas icónicas del cancionero latinoamericano. Abel García González recordó la relevancia emocional de la composición “Té para tres”, de la agrupación argentina Soda Stereo. Al citar el verso “Buscando descifrarlos, no hay nada mejor que casa”, el expositor resaltó la importancia del hogar (tanto físico como simbólico) en la construcción de la seguridad ontológica del adolescente.
De igual manera, el conferencista analizó el tema Viento, de la banda mexicana Caifanes, calificándolo como un himno del rock nacional que encapsula el choque generacional entre la juventud y la senectud. La narración sobre el origen de dicha pieza reveló una anécdota en la que un gesto espontáneo de un anciano, plasmado en una frase escrita en una servilleta, se transformó en un símbolo de retrospección. Según expusó el docente, la frase “Préstame tu peine y péiname el alma” sintetiza el deseo de ordenamiento interno que buscan los jóvenes a través del arte.
Para el ponente, estos referentes artísticos funcionan como puentes que permiten a los individuos transitar hacia una vida adulta con mayores herramientas de interpretación. La música, bajo esta óptica, deja de ser un mero objeto de consumo para convertirse en un lenguaje que dota de significado a las historias cotidianas.
Una revolución en el vacío, filosofía que suena a rock
En la etapa final de la charla, el ponente estableció un diálogo entre la música y la teoría social. Comparó la condición juvenil con figuras históricas de la talla de Ernesto “Che” Guevara y el subcomandante Marcos. Según el orador, estos personajes encarnaron, en sus respectivos contextos, la ruptura con la tradición y la búsqueda de sentido en medio de lo que denominó “vacíos sociales”.
Al respecto, compartió que el discurso del subcomandante Marcos vinculó históricamente al rock con la rebelión indígena, especificando como un elemento “crítico, irreverente e imprudente”. Esta caracterización resuena con la capacidad de este género musical para llenar las ausencias que la estructura social deja en el desarrollo de los jóvenes.
La dimensión filosófica también ocupó un lugar central en la disertación. Abel García también analizó producciones discográficas como “The Dark Side of the Moon”, de la banda británica Pink Floyd. Expresó que sus letras y melodías funcionan como metáforas de las contradicciones humanas, estableciendo paralelismos con los aportes de pensadores como Friedrich Nietzsche, Theodor Adorno y Alain Badiou.
Por otro lado, recalcó la dificultad que enfrentan las nuevas generaciones para ubicarse en un mundo definido por la modernidad líquida y el caos del sistema capitalista. La sensación de no estar preparados para la vida, según se expuso, encuentra en el rock una mirada crítica que permite procesar la condición humana desde la resistencia.
Finalmente, Abel García González concluyó que la música no debe ser entendida exclusivamente como entretenimiento, sino como un lenguaje de identidad y acompañamiento político y emocional. La Facultad de Psicología, tras esta jornada, se consolidó como un espacio para la reflexión sobre cómo los jóvenes encuentran en la música un refugio frente a las exigencias y omisiones del mundo adulto.



