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Música y protesta durante el movimiento estudiantil de 1968

Personajes como Óscar Chávez, que aparece en la película ‘El Grito’, Ismael Colmenares del grupo Los Nakos, Enrique Ballesté, José de Molina y Judith Reyes, principalmente, son los que van a encabezar una militancia cultural adherida a los jóvenes y sus causas.

De entre los diferentes tipos de propaganda, panfletos, volantes, manifiestos y caricaturas; las letras de canciones impresas y entregadas de mano en mano se convirtieron en un tipo de propaganda muy socorrida durante el movimiento popular de 1968.

No son las típicas coplas de protesta latinoamericanas -que acompañaron las batallas de la Revolución cubana y en Suramérica- sino adecuaciones a canciones preexistentes que, parodiando el ritmo, narraron una determinada versión de los acontecimientos y de los personajes en la palestra. Las letras picarescas y acusadoras presentan una fuente de estudio de primer orden para el estudio del Movimiento Estudiantil de 1968.

Personajes como Óscar Chávez, que aparece en la película El Grito, Ismael Colmenares del grupo Los Nakos, Enrique Ballesté, José de Molina y Judith Reyes, principalmente, son los que van a encabezar una militancia cultural adherida a los jóvenes y sus causas.

Previo al movimiento popular estudiantil, Reyes y Molina ya habían tenido una experiencia política donde se convirtieron en una especie de juglares combativos con una característica muy particular: Ambos construían sus canciones a partir de la música popular mexicana. Las canciones que se entonaban son parodias, de canciones en boga y, o, corridos revolucionarios.

Música, arma política

De acuerdo con los informes de los agentes de las Direcciones de Investigaciones Políticas y Sociales (IPS) de la Secretaría de Gobernación, era bastante común que en las manifestaciones se entonaran canciones contra ciertos personajes. El canto se convirtió en un instrumento de protesta y la evidencia de ello está en los audios recuperados en la obra de Leobardo López Aretche ‘El Grito’.

La música tomó un papel muy relevante, pues posibilitó la difusión de muchos acontecimientos desconocidos, como el exilio de Judith Reyes en Europa. La música entonada en las marchas y en los actos de protesta posibilitó que la opinión pública conociera de hechos que no fueron cubiertos cabalmente por la prensa.

El movimiento estudiantil se caracterizó por inyectar antisolemnidad y festividad a la vida política. Nadie hasta ese momento había tratado a las autoridades de tal forma y a los símbolos patrios de esa manera. La chamacada logró, mediante la caricaturización de la clase, exhibir los métodos del autoritarismo, con lo cual rompió la tradición solemne de respeto a la figura presidencial.

El cirmen de cantar

Los agentes de las diferentes corporaciones bajo el mando de la Secretaría de Gobernación IPS y de la Dirección Federal de Seguridad (DFS) consignaron en sus reportes la presencia permanente de música en los diferentes mítines y concentraciones, por ejemplo en un mitin estudiantil del lunes 26 de agosto en que se exigía la liberación de un grupo de comerciantes detenidos en la cárcel de Iztacalco. El agente de las IPS reporta: “Frente a la Cárcel de Iztacalco, [los manifestantes] hicieron un círculo y con las personas reunidas entonando canciones en contra del Sr. Presidente de la República, del Gral. Corona del Rosal y de los granaderos”.

Un momento clave de los acontecimientos de 1968 fue la marcha del día martes 27 de agosto de 1968 en la que cerca de medio millón de personas marcharon desde el museo de Antropología e Historia en el Bosque de chapultepec al zócalo capitalino. Irreverentes y osados, decidieron en una asamblea popular mantener un plantón en espera del dialogo público con la presidencia. Los informes de las IPS reportan los pormenores.

Sobre paseo de la Reforma, los de la “Escuela Superior de Economía del IPN [van] con mantas y pancartas, cantando y echando porras”. Los contingentes van arribando a la plancha del zócalo y algunos como “los de arquitectura del IPN cantan tonadas alusivas a los granaderos”.

Metros atrás, los de la Vocacional Número 6 pasan por el “Hemiciclo a Juárez, cantando: ‘Para ser buen periodista, debe ser arrastrado como Ordaz, como Ordaz. Hay Zapata si vivieras cuantas chingaderas vieras. Me voy pal’ pueblo hoy es mi día, chingue su madre la policía’”.

¡‘Mutis’!

Al filo de la media noche, “continúan en la plaza aproximadamente 800 estudiantes en los campamentos con fogatas encendidas y entonando canciones aludiendo a Cueto, a los granaderos y al C. Presidente de la República”. Pasada la media noche, del zócalo brotan campamentos, “han prendido fogatas; [y] un estudiante veracruzano canta huapangos en contra del gobierno en forma insultativa”.

La toma del zócalo termina pasada la una de la mañana del miércoles 28 de agosto. Luego del ultimátum para que desalojaran la plaza, aparecen vehículos militares, soldados y policías a pie que a la fuerza expulsan a los ocupantes. En la huida una guitarra es aplastada por las pesadas llantas de una tanqueta.

Muchos salen despavoridos por distintos rumbos del centro de la ciudad, otros más son detenidos, se escuchan detonaciones por el rumbo de Pino Suarez y la Alameda. Son los preludios de un terrible desenlace.

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