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Nadie es ilegal en tierra robada

No como el gigante de bronce de la fama griega,
con miembros conquistadores a horcajadas de tierra en tierra;
aquí, a nuestras puertas bañadas por el mar y al atardecer, se yergue
una poderosa mujer con una antorcha, cuya llama
es el relámpago aprisionado, y su nombre
Madre de los Exiliados. Desde su mano-faro
brilla con una bienvenida mundial; sus ojos apacibles dominan
el puerto con puentes aéreos que enmarcan las ciudades gemelas.
«¡Conserven, tierras antiguas, su pompa legendaria!», grita ella
con labios silenciosos. «Denme a sus cansados, a sus pobres,
a sus masas apiñadas que anhelan respirar libremente,
a los miserables desechos de su rebosante costa.
Envíenme a estos, los sin hogar, azotados por la tempestad,
¡Levanto mi lámpara junto a la puerta dorada!»

Emma Lazarus
2 de noviembre de 1883
Palabras grabadas en la placa de bronce en el pedestal de la famosa Estatua de la Libertad

¿Acaso se justifican las fronteras en pleno siglo XXI?

Debemos cuestionarnos este proceso migratorio, el cual es, en realidad, una representación del privilegio de contar con los documentos necesarios. Debemos reflexionar sobre las desigualdades entre no ser ciudadano estadounidense y ser ciudadano mexicano. Es vital generar conciencia de que el concepto de ciudadanía va más allá del lugar de nacimiento; involucra el acceso a derechos humanos (¿por qué tenemos diferentes derechos humanos si se supone que son derechos básicos?) y a una calidad de vida profundamente desigual.

Pero no nos vayamos tan lejos. Quedémonos más cerca de casa. Según la página del San Diego Union Tribune, el Puerto de Entrada de Otay Mesa (POE por sus siglas en inglés) fue calificado por el entonces embajador de Estados Unidos en México, John Gavin, como “otro paso significativo en la construcción de los lazos que unen a nuestros dos países”. Sin embargo, este muro de 3 mil 180 kilómetros representa la muerte de más de 6 mil mexicanos y mexicanas. Y esa es solo la cifra oficial aproximada. ¿Cuántos no han sido encontrados?

Entre ellos, mi primo José Luis, que desapareció intentando cruzar hace más de 20 años. Hace más de 20 años, José Luis se despidió de mi tía con la promesa de “mandar los dólares para la casa”, su mochila en la espada y un sueño que desapareció junto con su promesa.

La frontera simboliza la desigualdad social y política entre ser mexicano y ser estadounidense. Porque los mexicanos que cruzan “al otro lado” sacrifican su cultura, su idioma, el estar con sus familias para “vivir una mejor”, sabiendo que uno de sus mayores sacrificios es su vida. Mientras que los estadounidenses llegan a México con un aire de superioridad, exigiendo silencio y comodidad.

Pero ese no es mi punto. Mi punto es que no debería haber una diferencia cuando se trata de derechos. Se ha hablado de la crueldad de otras fronteras: el Muro de Berlín, que dividía a la Alemania Democrática de la Alemania Comunista; el estrecho de Gibraltar que separa Italia de Albania; y por supuesto, el río Bravo que divide México y Estados Unidos. Y aquí surge otra pregunta: ¿Por qué no se habla de la frontera entre Estados Unidos y Canadá?

Porque para hablar de fronteras, es necesario estudiar su origen. Según Carbonell, estas han sido trazadas por medios hoy considerados ilegítimos: invasiones, colonización, compra ilegal de territorio, etc. Y entonces aparece ese término: “persona ilegal”. ¿Cómo puede alguien ser ilegal? Carbonell lo aclara: “normalmente se consideran ilegales las conductas, los bienes, pero no las personas”.

Y tal parece ser que a Donald Trump le hace falta una lección de historia: Los nativos americanos estuvieron en esa tierra primero. Los estados que hoy comprenden California, Texas, Arizona y Wyoming eran hasta el año 1848, territorio mexicano. Los mexicanos no se movieron, la frontera se movió.

Recuerdo que durante las elecciones presidenciales de Estados Unidos en 2016 leí una frase que hoy, en medio de nuevas protestas, vuelve a cobrar vida:
Nadie es ilegal en tierras robadas.

¿Por qué todavía se protesta?

No sé por qué, hoy, 10 de junio de 2025, del 5 al 10 de junio, se está protestando para que un niño no sea separado de su padre, para que una hija pueda seguir viviendo con su madre, para que las familias permanezcan unidas. ¿Acaso una viva digna no es un derecho universal?

Era una tarde del año 2005. Dos jóvenes de 16 años venían de la playa. Después de una semana de mucho estudio y trabajo en la preparatoria, iban de regreso a casa. En el camino, vieron luces que les indicaban detenerse. Pero no era la policía local. Era una camioneta de inmigración. Les pidieron sus identificaciones. No las tenían. Y por esta razón, fueron detenidos y fueron deportados.

Dos jóvenes estudiantes, cuyo único “crimen” fue disfrutar una tarde de playa. No estaban borrachos. No portaban armas ni drogas. Solo les faltó portar la identificación de ciudadanía estadounidense.

Y así, Javier y Juan fueron deportados a México sin dinero, sin documentos, solo con sus sueños rotos: el de terminar la preparatoria, estudiar en la universidad, construir un futuro.

Y como ellos, hay miles. Jóvenes que solo buscan lo mejor, que quieren estar con su familia, que luchan por mejores oportunidades.

Pero han sido marcados por un sistema que los denomina como ilegales. Sin embargo, ICE no sólo está atacando a personas indocumentadas, está persiguiendo a personas de piel morena, ojos cafés y cabello castaño a pelinegro, sea cual sea su estatus ciudadano.

Estados Unidos, el país de la ¿libertad?

Dicen ser el país de la libertad, pero el presidente manda militares a reprimir protestas contra las brigadas de inmigración. Dicen ser el país de la libertad, pero revisan celulares y dispositivos electrónicos, y si no les gusta lo que encuentran, te regresan. Dicen ser el país con la mejor educación, pero prohibieron a Harvard —una de las universidades más prestigiosas del mundo— inscribir a estudiantes foráneos.

Déjenme ser clara: lo que está ocurriendo en Los Ángeles, California, no solo es moralmente inaceptable, es legalmente indefendible.

Los Ángeles, es una ciudad santuario. Quiere decir, que es una ciudad que protege a migrantes indocumentados. Es una jurisdicción que limita la cooperación con el Servicio de Inmigración y control de Aduanas (ICE por sus siglas en ingles), mejor conocido como “la migra”, con el fin de proteger a las personas “ilegales” de ser deportados por infracciones menores. Esto, es una designación votada democráticamente y promulgada como ley por los mismos residentes de la ciudad.

Entonces, es anticivil que en una ciudad santuario haya redadas de ICE. De ahí las protestas, es una comunidad uniendo fuerzas. Es la raza protegiendo a la raza. Pero el presidente mandó fuerzas militares a detener la protesta.

Seamos claros: ser “ilegal” en Estados Unidos no es un delito penal, es una violación civil, quiere decir que tiene el mismo peso legal que pasarse una señal de alto en bicicleta, encender fuegos artificiales o vender productos no licenciados en la página de Etsy. Es una violación civil sujeto a sanciones civiles, una multa. No prisión. No detención.

Y ciertamente, no sujeto a un secuestro extrajudicial, como lo está haciendo “la migra”.

Sacar a alguien de su casa, de su trabajo, de su escuela, a punta de pistola, sin orden judicial ni el debido proceso, obligarlo a subir a un vehículo sin identificar, conducido por agentes armados vestidos de civiles, no es hacer cumplir la ley: es secuestro.

Así que, si tanto les preocupa lo “ilegal”, que se empiece por observar a esos individuos armados que violan las protecciones constitucionales en nombre de una supuesta “ley”. Si tanto les preocupa lo “ilegal” ¿Por qué eligieron a un criminal como presidente?

Daniela Esmeralda Rosales Mata

Rioverdensa de California. Licenciada en Comunicación y Periodismo. Editora Junior y Jefa de Información de San Juan del Río. Docente de inglés.

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