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Necesario replantear apoyos para indígenas

Por Víctor Pernalete

Es necesario replantear la manera en que las diversas organizaciones gubernamentales y no gubernamentales implementan sus programas de desarrollo en las comunidades indígenas, propuso Blanca Isela Gómez Jiménez, coordinadora de la Especialidad en Gestión para el Desarrollo Comunitario de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPS) de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ).

La académica manifestó que, desde su punto de vista, es necesario regresar al principio de la aplicación de estos programas y aplicar los conceptos básicos que dicta la teoría de la intervención comunitaria.

“Seguimos trabajando de la manera en la que se está haciendo, en la que impera nuestro interés, imperan nuestras formas de ejercer el poder, porque no se puede ocultar.

“Hay que regresar al inicio de esto. Hay que revirar un poco lo que hemos estado haciendo. A lo que dicta el trabajo de intervención social en cualquiera de los territorios en los que te metas, y que es precisamente el entablar el diálogo con el otro, equitativo, respetuoso de los pensamientos, de los conocimientos y de la toma de decisiones de los otros”, manifestó.

Para Gómez Jiménez, de no cambiar esta manera en la que se trabaja actualmente se seguirá teniendo la idea de que sólo con los programas que se implementan se cubrirán todas las necesidades de las personas de la comunidad, sin que esto sea una realidad completa.

“Si realmente no trabajamos con esa equidad, con ese respeto y con esa honestidad de querer realmente entablar el diálogo para que esos espacios sirvan de expresión, sólo lograremos pensar que con nuestros programas vamos a solucionar las necesidades de la gente”, indicó.

Existen comunidades indígenas en las que hay tal cantidad de programas y organizaciones trabajando, que a veces es difícil que los resultados sean positivos, ya que de alguna manera los objetivos de unas y otras chocan y se estorban.

“Es evidente que las comunidades indígenas han sido totalmente manoseadas. El que tú te encuentres en una comunidad de mil 200 personas y que veas a más de cinco secretarías trabajando allí o más de siete programas echados a andar, eso implica también que hay más de siete intermediarios, más de siete consultores. Las agencias, las organizaciones, las mismas instituciones, equiparan a la población que está allí”.

“No hay que dividir, sino juntar todos esos esfuerzos para que el resultado sea contundente. Lo negativo es que los resultados están siendo separados, entre los programas de Semarnat (Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales), Sedesu (Secretaría de Desarrollo Sustentable), CDI (Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas) o alguna ONG. Los resultados no brillan”, agregó.

Aun así, los programas son buenos

Pese a los problemas con el que se encuentran hoy en día las diferentes organizaciones y sus programas para tener una participación sustentable en las comunidades indígenas, hay programas que son benéficos para estos lugares.

“Hay programas interesantes como los de la Semarnat, referentes al campo, o la Sedesu, con el manejo de los recursos naturales. Hay programas dirigidos específicamente al combate a la pobreza, como el Oportunidades, presente en casi todas las comunidades indígenas.

“También se encuentra el programa Seguro Popular, que busca que todas las personas tengan acceso a los servicios de salud. De ahí se derivan hasta la entrega de despensas al mes, o el Soluciones, que da becas y transporte escolar a los niños”, dijo.

Otros programas menos convencionales son los que vienen de organismos internacionales, así como aquellos sustentados por organizaciones civiles, ya que éstos buscan apoyar a las comunidades indígenas en otros sentidos.

“Hay otros programas que bajan por organismos internacionales, por ejemplo los de Peace Corp, que trabajan en el área de Amealco y que apoyan en procesos de autoconstrucción de vivienda o proporcionan tecnologías que puedan ser manejadas por las comunidades indígenas, como ollas solares o calentadores.

“Por parte de las organizaciones no gubernamentales hay otro tipo de apoyos, que tienen que ver con el proceso de organización. Cómo apoyar los procesos organizativos, procesos reflexivos para la toma de decisiones, para decidir qué es lo que quiero hacer por mi proceso comunitario, si le voy a apostar a los procesos a través del desarrollo y aprovechamiento de mis recursos naturales o a un proceso de desarrollo solventado por la política del combate a la pobreza, que tiene que ver con las becas”, apuntó la académica.

Algunas otras organizaciones se enfocan en darle a la población de las comunidades indígenas diversas herramientas con las que pueden buscar la superación mediante el aprovechamiento de los recursos que tienen a la mano.

“Hay otras organizaciones que están apoyando directamente a la capacitación de la gente, obtención de nuevos conocimientos, como los proyectos de hidroponía simplificada, y que llevan a las comunidades indígenas la cuestión de los huertos hidropónicos y el cuidado del recurso agua. Otros que les están apoyando para manufacturar los recursos que tienen a su alrededor, como jabones, champú, cremas”, explicó.

 

“No hay que quitar tema de las comunidades indígenas de la agenda”

Blanca Isela Gómez Jiménez afirmó que las comunidades indígenas son un tema muy importante, pero que sólo se retoma en ocasiones específicas, por lo que dijo que la realidad de los indígenas es cotidiana y en esa medida deben de ser tomadas sus problemáticas.

“Es un tema muy importante, relevante. No hay que quitarlo de la agenda de la discusión. Pareciera ser que la realidad de las comunidades indígenas solamente son importantes en el momento en el que se decreta una reforma, un programa o una política social”.

La coordinadora de la Especialidad en Gestión para el Desarrollo Comunitario señaló que la pobreza de las regiones indígenas se puede dividir en tres tipos, y ésta genera una serie de procesos que deben de ser tomados en cuenta por las autoridades y organizaciones que tratan el tema.

“Hay una pobreza de tipo alimentario, pobreza patrimonial y pobreza económica. Está prácticamente alejando a los habitantes de las comunidades indígenas de su propio territorio, porque no hay condiciones, para que la gente se pueda quedar y cubrir las necesidades básicas, como la alimentación, educación y salud”.

Uno de los procesos que se dan en las comunidades indígenas debido a las condiciones de pobreza que existen, es el de la migración. Gómez Jiménez explicó que puede ser interna o externa.

“Vemos procesos de migración, tanto internos, al interior de regiones geográficas, como el semidesierto queretano o los valles, que es la migración de los indígenas de Amealco, hacia Querétaro, San Juan del Río; o la de los indígenas de Tolimán, a Ezequiel Montes y Tequisquiapan.

“La migración externa, a los puntos urbanos más importantes de la región centro del país y algún tipo de migración, que se sigue dando, a nivel internacional, como Estados Unidos”.

Pese a lo que la se considera en general, que la migración es un proceso que afecta sólo a los hombres, la experta en el tema indicó que según sus estudios, se ha dado cuenta que las mujeres y las familias en general están formando parte de este fenómeno.

“Ahora nosotros podemos observar –a través de la historias de vida– que la migración no se está dando sólo con el sexo masculino, sino que también tienden a migrar las mujeres y familias completas, por ende. Este proceso lo vemos más en la migración interna, o sea una familia de Amealco se viene completita al centro de Querétaro.

“En cuanto a la migración hacia los Estados Unidos, es más difícil que se vaya toda la familia, porque se elevan los costos, del ‘coyote’, además que entra la variable de a dónde se llega, qué espacio hay. Se hace de manera pausada, primero los jefes de familia, luego las mujeres y posteriormente los niños”, agregó.

“El capital cultural sigue vivo”

Pese al abandono del territorio por los procesos migratorios, existen comunidades en las que el capital cultural no se pierde, e incluso muchas personas que abandonan su lugar de origen refuerzan sus usos y costumbres y tratan de mantener estos comportamientos a la distancia.

“Es variable, no en todas las comunidades sucede exactamente lo mismo. Hay comunidades que el estar fuera de su territorio les hace arraigarse más a las tradiciones culturales de organización. Desde los Estados Unidos, desde Monterrey, o mucha gente que emigra al sur del país, es gente que manda su cuota para la fiesta, que va a fungir como mayordomo de la fiesta o presta su fuerza de trabajo para organizar las festividades”, recordó.

La política pública no está preparada para absorber a los indígenas que llegan

Blanca Isela Gómez Jiménez manifestó que la afectación de la migración a las ciudades de los indígenas no genera una problemática propiamente sobre los habitantes, sino que las políticas públicas no contemplan programas de vivienda, de alimentación o de empleo para las nuevas personas que llegan a vivir.

“La política pública no está diseñada para absorber a estas personas que llegan como migrantes a nuestra ciudad. De ahí de que hay la necesidad de contabilizar cuántos son, de dónde son, cómo son; de tenerlos perfectamente ubicados, de saber cuáles son sus problemáticas y necesidades”, alertó.

Por último, la académica se refirió a los problemas que aún existen de racismo y del hecho de que se utiliza a los indígenas como gancho para atraer turismo.

“También está el proceso del racismo en la ciudad. No se puede obviar, porque se da. Queremos al indígena como adorno del centro, porque eso sirve para que puedan venir los turistas a mirarlos. Desafortunadamente el turismo en México se ha desvirtuado a eso, a ver a los indígenas. Ahí están de escaparate.

“Cuando se trata de la convivencia, respeto y equidad entre las personas en la ciudad, empieza la cuestión racista. ‘Que no deben estar aquí, que regresen a su pueblo, que se ven mal y es vergonzoso’”, finalizó.

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