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No cabía un alma más: así se vivió el México vs Corea en el Zona Fest

A las cinco de la tarde todavía faltaban dos horas para el silbatazo inicial, pero la emoción ya se sentía en cada rincón del Zona Fest. El sol caía con fuerza sobre los miles de aficionados que poco a poco abarrotaban el recinto para presenciar el encuentro entre México y Corea del Sur. Lo que parecía una tarde cualquiera terminó convirtiéndose en una auténtica fiesta futbolera.

Desde temprano era evidente que la convocatoria sería masiva. Conforme avanzaban los minutos, caminar entre la multitud se volvió cada vez más complicado. Familias enteras, grupos de amigos, parejas y aficionados de todas las edades llegaban vestidos con la camiseta verde de la Selección Mexicana. Los puestos de comida trabajaban sin descanso y las mesas y sillas instaladas en el lugar quedaron ocupadas mucho antes del inicio del encuentro.

Una multitud verde

Bajo la enorme carpa, adornada con decenas de banderas internacionales, la multitud comenzó a concentrarse frente a las pantallas gigantes. Algunos aficionados buscaban el mejor lugar para observar el partido, mientras otros aprovechaban para tomarse fotografías y disfrutar del ambiente previo.

A medida que se acercaban las siete de la noche, el lugar lucía completamente lleno. Desde una posición elevada, la panorámica era impresionante: una auténtica multitud verde ocupaba cada espacio disponible. No cabía una sola persona más. El ambiente era inmejorable y la emoción se reflejaba en los rostros de quienes esperaban con ansias el inicio del partido.

Cuando comenzaron a sonar las notas del Himno Nacional Mexicano, miles de voces se unieron en un mismo canto. Por unos instantes, la multitud dejó de ser un grupo de desconocidos para convertirse en una sola afición. Los teléfonos celulares se elevaron para registrar el momento mientras el orgullo mexicano se hacía presente en cada rincón del lugar.

…Y que falla la señal

Con el arranque del encuentro llegó también la tensión. Cada jugada era seguida con atención absoluta. Los aficionados reaccionaban a cada falta, cada recuperación de balón y cada aproximación al área rival. Nadie quería perder detalle de lo que ocurría en la pantalla.

Uno de los momentos más curiosos de la noche ocurrió cuando la transmisión sufrió pequeñas interrupciones de apenas unos segundos. Aunque no representaron un problema importante, bastaba con que la imagen se congelara para que de inmediato se escucharan reclamos, silbidos y comentarios entre los asistentes. Entre risas y bromas, la afición esperaba que la señal regresara para continuar siguiendo el partido.

Una explosión de emoción

La explosión de emociones llegó con el primer gol de México. En cuestión de segundos, el silencio expectante se transformó en una celebración ensordecedora. Miles de personas se pusieron de pie al mismo tiempo, levantaron los brazos, gritaron, cantaron y abrazaron a quienes tenían a su alrededor.

Los minutos continuaron entre nervios, aplausos y constantes muestras de apoyo a la Selección Mexicana. Cada llegada al área rival provocaba que cientos de aficionados se levantaran de sus lugares, mientras que las oportunidades desperdiciadas generaban gestos y manos sobre la cabeza. A pesar de los altibajos del encuentro, el respaldo hacia el equipo nunca disminuyó.

Mientras el partido avanzaba, el cielo comenzó a cambiar. Las nubes aparecieron poco a poco y la lluvia hizo acto de presencia. Sin embargo, el agua no fue suficiente para apagar la fiesta. Algunos aficionados buscaron refugio, otros simplemente aceptaron mojarse un poco, pero prácticamente nadie abandonó su lugar. La atención seguía puesta en la pantalla y en el desempeño de la Selección Mexicana.

Ni la lluvia apagó el entusiasmo

La lluvia, lejos de disminuir el entusiasmo, pareció reforzar el sentimiento de comunidad entre los asistentes. Apretados bajo las zonas cubiertas o compartiendo espacio para protegerse, los aficionados continuaron alentando como si nada estuviera ocurriendo.

Conforme avanzaban los minutos finales del encuentro, la atención seguía centrada en las pantallas. Cada jugada era seguida con la misma intensidad que al inicio y, tras el silbatazo final, los aplausos y comentarios sobre el desempeño de la Selección Mexicana se hicieron presentes entre los asistentes.

Sin embargo, la noche aún no terminaba. Aunque algunos aficionados comenzaron a retirarse, la mayoría permaneció en la Zona para presenciar la presentación de El Tri. Poco a poco, el ambiente futbolero dio paso a la música, pero sin perder la energía que había caracterizado el día. Entre canciones, aplausos y cientos de personas que continuaban ocupando el recinto, la actividad se prolongó durante varias horas más, cerrando una noche que mantuvo a la afición reunida de principio a fin.

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