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‘No es drogadicto, sólo consumidor de cannabis’

Jóvenes artistas callejeros utilizan la marihuana para “conseguir un poco de paz” y detener un poco el paso del tiempo

Por: David Eduardo Martínez Pérez

Adrián Sánchez y Emilio Tovar son poetas, músicos y artistas callejeros. Tienen 21 y 19 años, respectivamente y los dos consumen marihuana desde los quince. A simple vista no se les nota nada fuera de lo común, pero ellos no desaprovechan una oportunidad para fumarse “un porro” donde no se vea “muy placa”.

Si uno mira a Sánchez de cerca, puede distinguir fácilmente la dilatación de las venas sobre sus ojos. Él habla con pausas y se mueve igual, no tiene prisa y usa la hierba como una vacuna contra el reloj. No es nada amigo del tiempo, por el contrario, se empeña en achacarle al fenómeno la culpa de cuanta desgracia pueda padecer el hombre moderno.

“El tiempo no me gusta mucho. Pasa muy rápido, la neta y uno lo que quiere es pasársela chido ¿no? por eso me gusta andar sin prisa cuando estoy relajado o disfruto de lo que hago. A veces sí hay que apurarse, pero ahorita no, por eso me gusta el arte callejero, deja tiempo para los trips de uno.”

– ¿De qué tratan esos trips?

“Pues de todo, ¿no?, (risas) Pues básicamente son ideas que incorporo en mi trabajo. Pienso en algún tema sobre mí mismo y eso lo escribo después o lo acoplo para armar una rola o un sonido… yo toco el bajo y a veces el violín, aquí con el Emilio. Vamos a los cafés del centro y ahí pedimos permiso de tocar. Nos queda mucho tiempo para venir a divagar al museo (de la ciudad) o al cineteatro”.

– ¿Escribes o compones inmediatamente bajo el efecto de la marihuana?

– “No, fíjate que de preferencia no así. Sí anoto así como las ideas que se me vienen en una libretita, pero no escribo ni compongo pacheco porque luego no me sale. Salen las ideas, pero el trabajo ya armado no”.

Sánchez se acomoda el saco y revuelve con una mano su melena llena de rizos negros. Luego mira alrededor como si buscara a alguien y detiene sus ojos plagados de ojeras. Insiste en que no es drogadicto, sólo consumidor de cannabis, aunque sí conoce a personas que han caído en el consumo de drogas más fuertes.

“Pues yo empecé a probar la mota con los compas, pero nada más con ellos. No me gusta entrarle a otras cosas. Aunque conocí a un dealer que me vendía y terminó en un anexo por San José el Alto”.

Sánchez asegura que el anexo es todo menos acogedor. Afirma categórico que su dealer le contó detalles bastante escabrosos sobre su paso por el centro de readaptación.

“Les daban de comer una madre que se llama ensalada de oso, que es puro brócoli hervido sin limón ni nada y si no quería, se lo guardaban y lo obligaban a tragárselo echado a perder y lleno de vello, porque los depilaban a todos y metían el vello en unas bolsas. También los hacían vestirse de mujer, para humillarlos.”

– ¿Y qué pasó con el dealer?

– “Salió y ahorita sigue ahí dándose de todo”.

A diferencia de Sánchez, que es alto y corpulento, Tovar ofrece un cuerpo fino y muy delgado, aunque sus ojos negros guardan cierto parecido a los de un tlatoani azteca.

Viste anacrónicamente, con saco y corbata, pero desaliñado. Su pantalón de vestir lo acompaña con huaraches y su cabello es muy largo y delgado. Comenta que probó la marihuana en secundaria y desde entonces la utiliza para conseguir paz y silencio.

“Ya casi no hay silencio, la gente vive entre puro ruido, yo pruebo la mota para tripearme en silencio, que es como una forma de meditar también.”

Aunque actúa y hace espectáculo de clowning, a Tovar lo que le interesa es la poesía y el violoncelo, que a veces mezcla con instrumentos prehispánicos. Se mantiene con las tocadas que ofrece en bares y cafés, casi siempre tocando algún instrumento sencillo. También se declara fan de los sintetizadores.

“Me gusta mezclar sonidos, yo no tengo sintetizador, pero luego me junto con banda que si tiene y los invito a tocar para sacar algún varillo. No es que me guste cobrar por hacer esto, pero es mejor vivir así que de un trabajo fijo con horario y toda la cosa”.

Tovar ha frecuentado varios talleres literarios y aunque no tiene obra publicada, su trabajo se ha difundido a través de redes sociales. Actualmente tiene un poemario en pdf titulado “Pronombres impropios”, el cual contiene el siguiente fragmento:

Hoy me divorcié de yo. Yo separado. Yo anulado. Anonadado. Dardo de plumas de quetzal. Yo usurero.

Yo basurero intelectual. Yo interactuando en el espacio viciado del tiempo. Yo accelerandode

Larghissimoa Allegro Prestissimo con fuocoen menos de un segundo yo imberve. Yo pasivo. Yo pasillo de biblioteca consumida por el fuego. Yo casona de barrio nómada. Yo umbral de agua prieta.

Yo sonoro. Yo bombante. Yo tecleo en un aparato de mierda, letras. Yo previsor del huracán Tú.

Ninguno de los dos piensa dejar la marihuana a corto plazo, pues consideran que les ayuda a reflexionar y generar ideas nuevas. Sin embargo, ambos se muestran renuentes a probar cualquier otra droga, por temor a que los deje incapacitados para dedicarse a la música, la poesía y el teatro callejero, sus verdaderos intereses.

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