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“No me imaginaba ponerme una nariz y enamorarme del arte del payaso”

Por Claudia Díaz

Israel Rodríguez tenía 21 años cuando se vistió de payaso por primera vez. Con el maquillaje y el vestuario impecables, después de varias horas de trabajo, se muestra muy entusiasmado de hablar para Tribuna de Querétaro.

 

Sobre sus inicios recuerda que ya desde los 11 años participaba en obras de teatro con los Cómicos de la Legua y a los 13 años ayudaba a otro payaso, Efrén Estrada, a pasar la mara (recoger dinero después de las actuaciones), fue él quien lo invitó a hacer un número de payasos.

 

“El personaje de Efrén se llama Meneto y me dijo, te voy a poner Pirrimplín, yo le dije, no, mejor Meneito. En ese tiempo Juan José Casados, bailaba El Meneíto y estaba de moda, coincidía con Meneto e hicimos la pareja.

 

“Yo tenía el cliché de los payasos de hablar ‘¡hola amiguito!, ¿cómo estás?’ Y se me hacía muy falso… yo lo hice muy natural. Me sentí payaso pero sólo como actor, ahora soy payaso. Bajé del escenario y me quedé… ‘Esto es para mí’. Y se me pone la piel chinita de acordarme porque… ¡Ay! ¡Me dio emoción, jajaja! Porque bajo de escena y nace el personaje. Fue en Sábados Queretanos y me encantó.

 

“Tuve que aprender a tratar al público. Ahora trabajo dentro de un marco de respeto pero en mis primeras funciones Franco Vega me dijo: ‘El show está muy bien, pero tú estás muy pelado y muy llevado con la gente…’ y yo acepté la crítica. Yo sobrevivía con el teatro, compartía honorarios de actuación con 10 personas, o más, pero hoy Meneito se lleva a la bolsa lo que cobra, Meneito es el que me da de comer. Y cobro por hacer lo que me gusta: José Luis Kobayashi me va a producir el disco de Meneito, él es rockero, a mí me gusta mucho el rock y si puedo hacer rock para niños, bien hecho, lo voy a hacer. Ahora con Mario Govea, cantautor queretano, y Maykos Records, se va a poder. Voy a cantar mezclas de blues, jazz. Las letras serán sobre los derechos de los niños”.

 

Durante la entrevista no deja de saludar a cada niño que se acerca para verlo, la mayoría lo mira con asombro. ¿Todavía hay niños que no saben que un payaso es un señor disfrazado?

 

“¡Sí! pero es difícil para mí, porque al principio era muy irreverente y luego me volví muy ñoño… Un payaso queretano me enseñó que el payaso es una caricatura del ser humano y que no deberíamos exhibir la parte humana. Es un personaje mágico, por eso no muestra su piel, por eso siempre traigo guantes… Los niños se la creen, por eso cuido mi personaje.”

 

Su voz se quiebra y se muerde los labios: “Durante determinado tiempo de mi vida cuando yo salía en televisión despegué los pies de la tierra muy fuerte y me elevé y traté mal a gente… hablo de la gente que me ama. Antes a mis hijos les prohibía que me dijeran papá frente al público, y no besaba nunca a mi esposa cuando estaba trabajando, pero hoy he madurado y me doy cuenta de que para ellos es un orgullo que yo sea payaso.”

 

Los niños de hoy

“Yo te puedo decir que si yo llego a un show y ‘hola chaparritos, ¿cómo están?’, se paran y se van. Los adultos somos educados y hasta hipócritas con un espectáculo, ‘¿qué tal viste mi show?’, ‘¡padrísimo!’ Pero los niños se paran y se van. A los niños les gusta esto (truena los dedos), la dinámica, el ping-pong. En los niños de hoy veo mucha apatía, la mayoría se engancha en videojuegos y en el Internet. Los papás no juegan con sus hijos, por eso los niños ven tanta tele. El payaso se concibió para divertir a la sociedad, no sólo a los niños. En mi show muchas veces los papás participan a regañadientes, no quieren jugar ni un ratito con sus hijos, algunos me pagan para que los entretenga en las fiestas, es como si pensaran ‘haz lo que quieras’, pisa al payaso, golpéalo, sácale la lengua, es su trabajo, ¡no! Hoy en esta expo, ha habido niños que me han ignorado y papás que ni siquiera me reciben mi tarjeta, ‘¡No me la rechace por favor, que mandé a hacer 10 mil!’

 

“Yo puedo enganchar a niños que han visto los mejores espectáculos usando mi caja de magia llena de chunches, mi cuerpo, mi expresión corporal, mi voz… También a niños de comunidades a las que he asistido, que no han visto nunca en su vida un payaso, sólo por televisión… y son tremendos, igual que los niños bien. No soy botarga pero ya me pegan en las espinillas, me dan de zapes… he tenido malas experiencias con niños de escasos recursos, he tenido shows difíciles pero pocos. En cada fiesta hay un niño complicado… en foros no pasa, mi propuesta es más escénica, pero en fiestas infantiles sí. ¿Cómo le hago? Pues tengo hijos… La mayoría de las veces me llevo sorpresas bien bonitas, pero algunas veces no. Recuerdo una fiesta en la que al final la mamá me reclamó: ‘¿Por qué no le hiciste caso a mi hija? Yo te contraté para que la divirtieras a ella’. Pues la niña estaba llorando, había como cien personas y la madre y la niña eran las únicas que tenían cara de comal, fue uno de los mejores shows que he dado, ¡pero a la niña no le gustaban los payasos! Otras veces me dicen, ‘a mi hijo no le gustan los payasos’ y al final quieren foto y me dan los brazos.”

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