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No me interesa el melodrama, por tanto no transcribo mis vivencias: Luis Alberto Arellano

Por Jacobo Pichardo Otero

Su interés político se inspira en una relación con el Estado sustentada en los trajes de cuero o plástico negro y los zapatos con tacones de 14 centímetros. Su creencia religiosa es una visión sadomasoquista de la realidad y sus alrededores. Acerca de él: Más de 30 y escorpión por pura dignidad. Signo del horóscopo chino: Dragón. ¿Su biografía? Psicólogo de extraterrestres. Como dato extra, escribe. Él es Luis Alberto Arellano.

En el marco del Sexto Festival Universitario “El otoño en la cultura”, este viernes 28 de octubre presentó en la ciudad de Querétaro su más reciente libro, Plexo, editado por el Fondo Editorial Tierra Adentro.

Es autor también de los libros Erradumbre (Mantis editores, 2003) y De pájaros raíces el deseo/ désir (Écrits des Forges/Mantis editores, edición bilingüe español-francés, 2006) y coautor de la muestra El país del ruido/ Le pays sonore (Écrits des Forges/ Mantis editores/ Les tempes des cerises, 2008).

Arellano, quien asegura que la poesía es una forma de ordenar el caos que le rodea y la manera de decir algo sobre su estancia en el mundo, concedió una entrevista a este reportero hacía finales de 2008, misma que permaneció inédita hasta hoy. En ella, el poeta queretano, habla de su proceso creativo y de la disyuntiva entre escribir poemas de tono cotidiano o confesional y su manera de concebir a Dios. Con la aparición de su nuevo libro, la publicación de esta entrevista resulta más que oportuna.

–¿Qué busca Luis Alberto Arellano con su quehacer poético?

–Plantearme una visión de mundo. Decir algo sobre mi estar en el mundo. Responder cuestiones que son nebulosas para mí. Constantemente me estoy preguntando cosas y la poesía es una forma de ordenar el caos que me rodea. Un orden precario y fugaz, pero que me da cosas, me enseña cosas. Plantear cuestiones.

–¿De dónde se nutre tu poesía?

– De mi entorno y de mi experiencia vital. Eso incluye la lectura.

–Algunos lectores califican tu poesía como “erudita”, lejana de las vivencias cotidianas…

–Ése es el problema de creer que la poesía es sobre lo que te pasa todos los días. Esa identificación de la poesía con la anécdota me parece muy limitada. El problema es que no puedes dar un recorte de tu experiencia vital sólo con sustantivos. Sino que debes crear una sintaxis que dé el tono de tu permanencia en el mundo. No veo por qué se deba escribir de un modo o de otro solamente. Hay elecciones estéticas que obedecen a un recorte de la realidad, pero eso no es en absoluto por la búsqueda de la perfección. Sino que obedecen a otros impulsos más vitales. Casi todo lo que he publicado de poesía tiene como origen un diálogo, y por lo regular, un diálogo amoroso. No creo que esté alejado de la vivencia. Que no sea transcripción de la vivencia es otra cosa. No me interesa el melodrama, por tanto no transcribo mis vivencias. Planteo problemas, abro discusión.

–La estética y la mitología está muy presente en tus letras ¿A qué se debe?

–Creo que la mitología tiene aún cosas qué decir, son relatos planteados como analogías de la vida subjetiva. En ese sentido me parecen ejemplares. Ése es el sentido de la historia y la mitología en mis poemas, el sentido ejemplar. Analógico. Sobre la estética no sabría qué responder, en todo caso dado que trabajo con el lenguaje en su nivel estético, te diría que me interesa una sintaxis de lo estético. Pero como contenido no lo creo.

–Dios es otra imagen recurrente en tus poemas, ¿Qué o quién es Dios para Luis Alberto Arellano?

–¿Cómo dar cuenta de esas experiencias donde uno busca un diálogo y recibe silencio? ¿Cómo son esos diálogos? El encuentro amoroso (donde uno dice y escucha, pero siempre resulta que los diálogos no se cruzan, cada uno habla desde sí y para sí); el habla del loco, en cuanto sintaxis de un diálogo permanente y silente; el diálogo del místico religioso; y el diálogo del amor filial (padre-hijo). Y creo que ahí está la forma en que concibo a Dios: un interlocutor silente.

Mis poemas tienen la gramática de un diálogo, aunque su sintaxis sea de otro modo. Casi siempre aleatoria. Para responder a lo tuyo: Dios es la figura más o menos convencional de aquello que nos excede. Cuando algo no es resultante de la suma de sus elementos, sino que hay un plus, un algo suplementario, ahí está, a mi juicio, el efecto Dios. Y eso como disparador del diálogo me parece muy vital.

No escribo teniendo en mente al dios judeocristiano. Sino que escribo sobre esa identificación con algo muy material que es lo que llamaba Kant lo sublime. Llamarlo Dios es una convención que me parece práctica y que creo que da cuenta de algo desde otra sintaxis distinta a lo que hay. Como dice Alain Badiou, aquello que no es resultado solamente de lo que hay a la vista, sino que denuncia la existencia de un plus. Es decir, Dios como la plusvalía de la experiencia humana. Ese tipo de planteos es lo que busco en los poemas donde aparece Dios, pero también lo busco en los poemas amorosos y en los poemas históricos o de orden mitológico. Esa plusvalía de la experiencia humana.

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