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“Nos amenazaron de muerte”

“Nos dicen… que nos fuéramos de ahí, porque nos iban a matar”, confesó Ricardo Juárez, inconforme con la empresa Avícola Gala

FOTO: Lourdes Durán

Por: Lourdes Durán Peñaloza

Ricardo Juárez Curiel, uno de los inconformes por la instalación y funcionamiento de granjas de pollo en Huimilpan, denunció haber recibido amenazas de muerte por manifestarse en contra de las casetas (Tribuna de Querétaro).

“Me hablaron por teléfono para avisarme que mi casa había sido robada”, narró durante una pausa de 15 minutos, tras más de cuatro horas de rendir su declaración en la agencia del Ministerio Público del municipio de Huimilpan.

Al llegar a su domicilio, encontró todas las puertas de su casa abiertas y una de las ventanas estaba forzada; los cajones de los muebles volteados y los espacios en los que antes había relojes, monedas de plata, joyería y perfumes, ahora lucían vacíos, cosa que de inmediato reportó a la Guardia Municipal.

Luego, descubrió un par de mensajes escritos con lápiz labial en los espejos de la recámara principal, en los que le advierten que deje de hacerla de “pedo” por las granjas.

“Nos amenazaron de muerte. Nos dicen que guardemos nuestras cosas y nos pidieron que no denunciáramos… que nos fuéramos de ahí, porque nos iban a matar”, manifestó.

Su casa, ubicada en el camino a Los Carranza, a un kilómetro de las naves en las que la empresa Avícola Gala S. P. R. de R. L. engorda pollos, resalta a la vista por una manta en la que Ricardo manifiesta abiertamente su inconformidad por la instalación y funcionamiento de las mismas.

Los hechos, así como la incertidumbre de lo que pueda pasar en un futuro, quedaron asentados en la averiguación previa H/208/2012.

 

Se calientan los ánimos

“Se está encendiendo la mecha”, advirtió Juárez Curiel durante los escasos 10 minutos que duró la entrevista.

La tardanza de las autoridades para resolver el conflicto y la impunidad con que operan las granjas, dijo, están llevando a los inconformes al borde de la desesperación, al grado de querer tomar carreteras, destruir las granjas, y hacer justicia por su propia mano.

Recordó que, desde su origen, las granjas se construyeron de manera ilegal, al margen de las autoridades.

“Es una burla para todos nosotros… sin cumplir con ninguno de los requisitos para operar, siguen operando y no hay autoridad que se imponga”, lamentó, para luego añadir que los dueños de las granjas se han dedicado a dividir a las comunidades “comprando voluntades”.

Por eso, no descartó la posibilidad de que quienes entraron en su casa y lo amenazaron sean simpatizantes de aquellos que se han dedicado a crear encono entre los vecinos.

Es triste, concluyó, que se inclinen por la inversión de unos particulares (hace días un funcionario público le apostó a los “muchísimos” millones de pesos que esas granjas tienen invertidos en el municipio), dañando a cinco mil personas de seis comunidades de Huimilpan.

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