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Nostálgico de Los Beatles y del disco de acetato

Dueño de John Lennon´s Shop, Carlos Sánchez Anaya atrae a amantes de la música, puristas del sonido y coleccionistas de rarezas

Foto: Gabriela Lorena Roldán

Por: Víctor Pernalete

La música es un océano profundo de pasiones que enamora a todas las personas. El avance de la tecnología en el último siglo permitió primero la grabación de sonidos con el xilófono, pasando al añorado disco de acetato y llegando a la practicidad del disco compacto.

 

Ese océano de pasiones se vio potencializado por la posibilidad de adquirir piezas que permitían el acceso en todo momento a esos sonidos y composiciones que mandaban a viajar incluso a las mentes más serias.

El siglo del conocimiento vio cómo, de manera acelerada, lo que hoy es innovación tecnológica, mañana será el pasado obsoleto.

Esta convergencia cultural referente a la tecnología se convirtió en una posibilidad de negocio, sobre todo para un mercado de personas dedicadas a comprar la añoranza.

Carlos Sánchez Anaya, dueño de la pequeña tienda John Lennon´s Shop, se dio cuenta de esto en el año 2000, por lo que comenzó su negocio vendiendo discos de acetato y discos compactos en Santa Mónica, en la delegación Felipe Carrillo Puerto.

Después de pasar años coleccionando discos LP, este amante de Los Beatles se vio envuelto en la evolución tecnológica cuando a principios de los noventa, se anunció la irrupción de los discos compactos.

Fue así como comenzó a adquirir, a la par de sus amados LPs, los abreviados CDs que en aquel momento costaban, por lo menos, cien pesos más que los clásicos.

Además, el problema que suponía el elevado costo del reproductor convertía al disco compacto en un artículo de lujo.

Muchos pensaron que este nuevo formato no tendría cabida en el negocio de la música, pero sólo les faltaba esperar.

Aun sin contar con el reproductor, Carlos Sánchez Anaya comenzó a comprar tantos discos como fuera posible, lo que le permitió hacerse de una colección envidiable.

Precisamente con esa colección, y viéndose lleno hasta el cogote de discos en casa, John Lennon´s Shop abrió sus puertas al público.

¿Su mercado? Amantes de la música, puristas del sonido, cazadores de rarezas.

¿Su oferta? Discos de acetato y compactos de rock, metal, música mexicana, latinoamericana, new age, pop y todos aquellos géneros que hayan sido grabados.

Recuerdos del rock and roll

Carlos Sánchez Anaya nació en Querétaro, aunque la gente en general le cuestiona y considera que viene de la ciudad de México. Tal vez esto sea por el conocimiento musical que manifiesta, algo que hace algunos años no era una cuestión común.

Sin el mundo del Internet, acceder a la música era sólo para aquellos melómanos que dedicaban sus centavos a adquirir los discos de sus bandas favoritas; conocer era adentrarse en un mundo nuevo.

Pero en México la ecuación musical no estaba completa sin tomar en cuenta la censura del Gobierno Federal. Durante algunos años el rock and roll estuvo prohibido.

Carlos recuerda con orgullo cuando Los Beatles estaban listos para venir a México. Con el contrato ya firmado, un suceso inesperado dejó a México sin la cita con la historia.

“Hubo un programa de radio, había un grupo de rock, pero había tanta represión que alguien gritó ‘¡Chingue su madre el que no cante!’, y cortaron la transmisión. A raíz de eso no se permitió la entrada de los Beatles a México, alguien se hizo del contrato y se arreglaron por fuera.

Los Beatles tienen en su diario, en su registro de giras, como si hubieran venido a México, incluso aparece que tocaron en la Plaza de Toros”.

Otra de las historias que conoce Carlos, de lo que él llama “música en general”, es la de Jorge Negrete, quien quería cantar ópera, pero que tras firmar algunos contratos de música ranchera, tuvo que interpretar la música, que finalmente, lo llevó al estrellato. Sin desearlo realmente, Jorge Negrete grabó unos cinco discos de rancheras, pero incluso así tuvo la oportunidad de grabar ópera. Algunos de esos discos siguen dando vueltas y Sánchez Anaya ha podido venderlos.

The Beatles, Black Sabbath, Pink Floyd

La mayor parte de sus clientes son adultos aficionados al rock clásico, y bandas como The Beatles, Black Sabbath y Pink Floyd se venden, guardando las proporciones, como pan caliente.

Cuando Carlos Sánchez Anaya busca proveedores, suele comprar un disco de bandas y géneros diferentes, sin embargo, cuando se trata de los clásicos del rock, la proveeduría se vuelve más compleja y, por qué no, se adquieren dos o tres The Dark Side of the Moon.

En esta búsqueda incesante, de repente, han llegado algunas reliquias. Yesterday and today fue un disco editado por The Beatles cuya primera portada mostraba al cuarteto cubierto de muñecos de bebés decapitados y carne podrida.

El disco salió a la venta en Estados Unidos pero fue retirado inmediatamente por lo fuerte de la imagen, sin embargo, algunos ejemplares se quedaron en la calle y hoy valen miles de pesos. Uno de esos llegó a las manos de Carlos, pero no se haga ilusiones, no está a la venta.

Los discos que le gustan, simplemente, no están a la venta

Precisamente hablando de discos raros, Carlos Sánchez Anaya insiste en que nunca ha vendido un disco que le haya causado dolor desprenderse de él. Y es que los discos que le gustan, simplemente, no están a la venta.

Los melómanos son capaces de hacer lo que sea por un disco deseado, por lo que lo más fácil es negar la posesión de un material del que no se quiere desapegar: sin embargo, Carlos Sánchez Anaya alguna vez rompió su propia regla de oro.

Un vendedor de México, al hacer una revisión exhaustiva en su tienda, sacó unos discos guardados tras de la puerta.

Los LPs eran de una banda australiana llamada The Seekers, y aunque la intención de Carlos era no deshacerse de ellos, un año de presión fue suficiente para poder llevarse el material discográfico.

Ése es el mundo de Carlos Sánchez Anaya. Un pequeño rincón en avenida Ingenieros #509, con ese inequívoco aroma a cartón viejo.

Una humedad de décadas, colores desgastados, sonidos de época; todo forma parte de un ambiente profundo como el océano, tan amplio como lo es la pasión por la música.

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