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Presas de la extorsión

Sólo el dos por ciento de quienes reciben llamadas de extorsión sí paga la suma que se le pide, informó Juan Marcos Granados, titular de la SSPM

Foto: Yunuen Banda Calixto

Por: Lourdes Durán Peñaloza

Presas del engaño, cientos de personas son víctimas de una serie de estrategias de corte psicológico que van desde un premio hasta el secuestro de un familiar, pasando por servicios bancarios y urgencias familiares.

 

Unas por miedo, otras por ignorancia. Las extorsiones telefónicas, muchas veces provenientes de Centros de Readaptación Social (Ceresos), continúan siendo un mal que aqueja a gran parte de la sociedad mexicana.

 

“Servicios de protección”

–Hacía tiempo que quería hablar con usted, señor José–, soltó la voz aguda, segura de sí misma, que se encontraba al otro lado de la línea. Eran las tres de la tarde de un sábado de octubre.

Cuando José, pequeño empresario de la zona conurbada de Querétaro, contestó el teléfono minutos antes de abandonar la oficina de su negocio, no imaginó el motivo de aquella llamada, cuya clave de teléfono correspondería al estado de Michoacán.

–¿Qué se le ofrece?– Al saludo siguió la presentación: la voz anónima se identificó como un comandante de La Familia Michoacana, quien básicamente, se comunicaba para ofrecerle “servicios de protección” a él y a su familia.

Dichos servicios incluían el cobro de dinero a los clientes que tuvieran un adeudo con la empresa, y el “despacho” de cualquier persona, cosa que aquel comandante, cuyo nombre pasó al olvido producto de una mezcla entre el pánico y la incertidumbre, garantizaba con un número de clave y otro de teléfono, al que José tendría que marcar cuando necesitara algo.

Todo aquello, por la ‘módica’ cantidad de cien mil pesos.

 

Disminución de más de 40% en denuncias por extorsión: PGJ

El tema de la extorsiones telefónicas en Querétaro se reavivó hace algunas semanas, cuando el presidente de la Cámara Nacional de Comercio (Canaco) en el estado, Roberto Ruiz Hernández, declaró que algunos de los agremiados recibían llamadas en las que los presionaban con dinero a cambio de protección.

Días después, la Procuraduría General de Justicia (PGJ) de Querétaro señaló que no se han recibido denuncias por este tipo de situaciones –“derecho de piso”– y, por el contrario, recordó que ha habido una disminución de más de 40 por ciento en el número de denuncias por extorsiones.

De acuerdo con el Centro Nacional de Información del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en lo que va del año únicamente se han presentado 29 denuncias por extorsión en Querétaro: menos de tres por mes.

Precisamente tres es el promedio de reportes relacionados con intentos de extorsión telefónica que la Secretaría de Seguridad Pública Municipal (SSPM) de Querétaro atiende diariamente, sólo en la capital del estado.

Contrario a las 29 denuncias levantadas en ministerios públicos adscritos a la PGJ, en lo que va del año la SSPM ha atendido más de un mil 500 reportes en el 066 por llamadas de extorsión.

En el caso particular de comerciantes y empresarios, la dependencia ha detectado una nueva modalidad de engaño en la que se habla por teléfono a la empresa y una vez que el empleado proporciona la información, los extorsionadores se comunican con el propietario del inmueble y dicen que tienen secuestrado al empleado.

“Como el propietario recibe la llamada (y le dicen) que se conoce el nombre del empleado y de él, lo llega a creer”, explicó Juan Marcos Granados Torres, titular de la dependencia.

Añadió que en las últimas dos semanas la Guardia Municipal ha acudido en cinco ocasiones a ubicar a dependientes que se refugian en algún cuarto de hotel, tras recibir una llamada de este tipo y obedecer las órdenes de abandonar su oficina porque si no se le van a causar daño.

“La forma que tienen esas gentes es tratar de convencer atemorizando a las personas, convenciéndolos de que es una situación real”, señaló, para luego agregar que únicamente el dos por ciento de quienes reciben este tipo de llamadas sí paga la suma que se le pide.

El funcionario destacó la participación ciudadana en el estado de Querétaro y alertó a la población sobre el cuidado que se debe tener ante este tipo de llamadas, cuyas modalidades de engaño van desde la obtención de un premio, hasta el hecho de que si no se paga determinada cantidad de dinero se va a causar un daño.

Por su parte, el procurador de Justicia de Querétaro, Arsenio Durán Becerra, manifestó que la extorsión telefónica es una situación indistinta que tiende a presentarse con mayor frecuencia en las zonas más pobladas, como es el caso del municipio de Querétaro y la zona conurbana.

Durán recordó que un alto porcentaje de los casos proviene de establecimientos carcelarios, aunque dijo, hay algunos otros en los que la persona realiza sus maniobras desde puntos diferentes.

En algunas ocasiones, afirmó, quienes llevan a cabo estos actos delictivos utilizan el directorio telefónico y toman a un gremio determinado, por lo que no está dirigido a un sector de la sociedad en lo particular.

 

“Qué poco valora a la familia, señor José”

El problema con José era que el negocio estaba quebrado, y el hombre que contestó el teléfono minutos antes pensando que era un cliente en busca de materiales para decoración, traía 200 pesos en la bolsa, no cien mil.

“Las ventas no están como para andar dando dinero. Esa cantidad nunca la trae uno en mano… a veces ni siquiera la tienes en el banco”, manifestó días después durante una entrevista.

–Traigo 200 pesos, si le interesan, aquí están– le dijo en aquella ocasión al individuo que se encontraba del otro lado de la línea.

–Qué poco valora a la familia, señor José. ¿A poco piensa que ya con eso le vamos a dar protección?–, reclamó la voz anónima, en un tono que con el paso de los minutos se tornaba más agresivo.

Luego, esa voz pidió la cantidad de mil dólares por los servicios que antes ofrecía a cambio de cien mil pesos mexicanos.

–Lo mismo da que me pida mil pesos. No tengo dinero. Ya le dije, traigo 200 pesos en la bolsa.

El comandante salió de sus cabales: “me dijo que me daba dos horas como máximo, y que en dos horas volvería a marcar. Que si no le contestaba, se llevaría a un miembro de la familia, y que el tiempo que yo me tardara en conseguir el dinero, era el tiempo que él iba a detener al familiar.

“Me espanté… pensé en darles un poco de dinero ¿y si a la hora de dárselos ve dónde vivo?, ¿y si se lleva a alguien de mi familia? No sabía qué hacer.”

 

Todos los ciudadanos son víctimas potenciales del delito

El mismo presidente de la Cámara Nacional de Comercio en Pequeño (Canacope) en Querétaro, Eduardo Chávez Hidalgo, reconoce haber sido victima de extorsión telefónica.

–Estaba yo en la ciudad de México–, narró, la vez que recibió una llamada de “Los Zetas” a su teléfono celular. Al contestar le hicieron saber que lo tenían perfectamente ubicado como Eduardo Chávez, presidente de la Canacope.

–Colgué, me comuniqué con la familia, y estaba perfectamente bien–. Desgraciadamente, agregó, las extorsiones telefónicas son una dinámica que se vive y se ha incrementado de manera considerable en el estado de Querétaro.

“Tomé las medidas adecuadas y cuando llegué me di cuenta de que nada más era una llamada de extorsión. Me presenté ante las autoridades, hice la denuncia y adopté medidas precautorias para que toda la familia estuviera tranquila.”

Más que una actividad dirigida exclusiva y principalmente hacia el sector empresarial o a los miembros de algún organismo o cámara, Chávez Hidalgo interpreta las llamadas de extorsión como una situación determinada por el azar en la que todos los ciudadanos son víctimas potenciales del delito.

Por eso, y a fin de fomentar la prevención y la cultura de la denuncia de estos actos delictivos entre sus agremiados, la cámara que preside mantiene un contacto permanente con el Observatorio Ciudadano de Seguridad del Estado de Querétaro (OCSEQ).

“Hay que estar alertas, no hay que estar confiados (…) si nosotros caemos en el juego de los delincuentes y en el juego de la delincuencia organizada, podemos tener problemas graves.”

 

“Ellos (autoridades) trabajan con nosotros”

–Haz tu denuncia anónima a las autoridades, de cualquier manera ellos no van a hacer nada, porque para que sepas ellos trabajan con nosotros–, fueron las últimas palabras que José escuchó del comandante aquel sábado de octubre, antes de se cortara la comunicación.

Desconectó el teléfono y se salió de la oficina. Apaciguados los nervios, marcó al 066. “No te preocupes, es algo normal”, le dijeron, y luego lo turnaron al 089, en donde le agradecieron su llamada y tomaron el reporte.

“En ambos números les pregunté si podían hacer algo para hacerme sentir más tranquilo, como enviar patrullas para que se dieran unas vueltas, por lo menos unos dos o tres días en lo que me sentía más seguro, y me dijeron que no podían hacer nada, a menos que levantara una denuncia.”

El teléfono permaneció desconectado los siguientes días, y nadie supo si volvieron a marcar: “hasta ahorita no ha habido nada”, dijo en un tono que se pierde entre el alivio y la preocupación.

–¿Pensaste que podía sucederte alguna vez a ti?

–Ya me lo habían comentado, pero no pensé que fuera tan en serio. Pensé que era algo más en juego, que no te espantaban tanto. Te hacen sentir que realmente sí puede pasar.

–¿Por qué no denunciar?

–A veces las personas que se supone te están protegiendo son las que te dan en la torre. Ya no sabes ni de quién te tienes que cuidar.

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