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PRI necesita volver a las bases, ser un partido de causas, dice MALH

Somos un partido demasiado centralizado. El Comité Ejecutivo Nacional dispone candidaturas, dispone dirigencias. No hubo ningún ejercicio democrático de consulta real a la militancia en Querétaro, aseveró León Hernández, exdirigente priísta.

Para Marco Antonio León Hernández no hay duda: El escaso éxito electoral del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en Querétaro se debió a una falta de democracia al interior de la organización; mientras que “la dirigencia local actuó como una pandilla… que no supo ser incluyente” y que atendió únicamente intereses propios de la jefatura del comité encabezado por Juan José Ruiz Rodríguez.

Asimismo, le manda un mensaje al mismo Juan José Ruiz: un líder democrático se tiene que ir cuando visiblemente la militancia ya no lo quiera.

Destacó que el partido necesita un “renacimiento” de sí mismo más no una “reencarnación”, lo cual debe efectuarse cambiando filas, ideas y volviendo a tener una ideología sustentada en las demandas sociales. A su vez, aseveró que la militancia priista y la sociedad le dieron la espalda a la dirigencia estatal en Querétaro, dijo, debido a que: “intentaron quedarse con todas las posiciones”.

Por otra parte, advirtió que si el partido continúa cometiendo “torpezas” seguirá perdiendo votos, militantes y eventualmente llegará a disolverse y perder el registro a nivel nacional y en el estado de Querétaro.

– ¿Cuál es su balance del estado actual del PRI a nivel estatal tras las elecciones de 2018?

Dicen que en la vida, que en la política, son los hechos con lo que se puede evaluar; no con las buenas intenciones ni con los discursos. Aquí el hecho muy concreto: la caída en la votación a favor del PRI y la pérdida, en consecuencia, de posiciones. [Diputaciones] locales solamente tenemos triunfos uno en la Sierra y otro en El Marqués y dos plurinominales. Municipios, pues solamente el de Jalpan y Pinal; es decir, la representación política y la población que representa el PRI está disminuida como nunca en la historia política de Querétaro, al menos desde que existe el PRI. Efectivamente, la ola de Morena, muy fuerte, fue demasiado impactante en el resultado electoral: tanto federal como local.

– ¿Cuántos y qué grupos existen dentro del PRI estatal en este momento y qué los mantiene divididos?

En el caso de Querétaro el problema ha sido la dirigencia local, que actuó como pandilla. Yo te diría que no percibo realmente grupos; yo percibo el grupo que está en la dirigencia estatal, que no supo ser incluyente y que atendió a intereses de este [propio] grupo.

Se cometieron errores muy graves en la postulación de candidatos en algunos municipios. Por ejemplo, en el caso de Colón, se impuso en contra de la voluntad de la militancia a la diputada Tony Puebla [Vega] por la influencia de su esposo [Sócrates Valdez]; pero fue una imposición muy dura, en la que no hubo ningún ejercicio de inclusión, de respeto a lo que dijeran allí las bases. Otro caso duro fue el de Tolimán, donde se impone a la esposa [Sara Reséndiz] de uno de los del grupito de Juan José [Ruiz Rodríguez]. Se pudieron haber ganado municipios clave tanto como distritos…

– ¿Qué necesitaría el partido para reposicionarse nuevamente en Querétaro?

Es una pregunta muy interesante, es una cuestión vital para el partido. Podemos decir, que, yéndonos a la baja, los votos por el PRI en el estado son alrededor de 120 mil; en la elección local andamos alrededor de los 140 mil. Es decir, que en una votación, 140 [mil] no es nada despreciable, y habla de que el PRI si tiene posibilidades de futuro.

¿Qué es lo que hay que hacer? En primer lugar, tiene que democratizarse el partido. Tiene que voltear a ver a las bases; tiene que volver a ser un partido nuevamente de causas. […] El gran problema es que la gente tiene que hacer un deslinde muy sólido y preciso de todo lo que implicó la corrupción y a impunidad, la falta de convicción de cuadros. No teníamos cuadros para competir. Si hubiera sido el candidato de la presidencia de la República cien por ciento priista, seguramente la derrota hubiera sido más grave, más deplorable. Esto es parte del problema. El partido tiene que hacer el deslinde de todo esto.

– ¿Por dónde debería empezarse para iniciar una conciliación interna y qué se necesita?

El PRI tiene que hacer varias cosas. Tiene que hacer un ejercicio en el que permitan que los militantes, todos sin excepción, puedan hablar, puedan decir su verdad… Tendrá que haber un cambio de dirigentes: tanto federales como estatales y municipales. Será el tiempo de que quien quiera ser el dirigente del partido empiece a legitimarse de manera abierta y transparente; que no esté esperando que aparezca por allí el dedo celestial que lo señale como en el pasado y ha demostrado que no funcionó.

Antes estaba la preocupación de que se decía “vamos a cambiar las siglas del PRI” por que es un modelo agotado -lo que era cierto- pero, “es que si cambiamos las siglas nos vamos a ir al último lugar de la boleta”, y era muy cómodo estar en el segundo lugar. Pero bueno, está el caso de Morena: estaba en el último lugar de la boleta…. Entonces, ese no es el problema, el problema es hondo […] Tiene que cambiar obviamente el discurso del partido. Como ves, o hacemos un escrutinio mayor, o vamos a tener que hacer una autopsia.

Escuchar a la gente, tener tolerancia. […] que si tienen algo que decir lo puedan decir, pero que no lo hagan a través de una declaración en una red social o en un medio de comunicación. Y que esto, finalmente permee hacia todos los sectores y organizaciones para que sea la militancia del partido la que hable. El tamaño de la derrota debe de ser del tamaño de la apertura para que los militantes expresen lo que quieran. […]

Es cierto, yo voté por Juan José [Ruiz Rodríguez] hasta el 2021; pero se cree que un líder democrático se tiene que ir cuando visiblemente la militancia ya no lo quiera. Así es un líder democrático. Escuchemos a la gente y veamos lo que dice. Después tendremos que hacer una asamblea para tomar los grandes acuerdos, toda la declaración de principios, el programa de acción. Somos un partido demasiado centralizado. Las facultades plenipotenciarias las tiene el Comité Ejecutivo Nacional: dispone candidaturas, dispone dirigencias. No hubo ningún ejercicio democrático de consulta real a la militancia en Querétaro: desde el candidato a senador que nos impusieron hacia abajo, todo fue imposiciones -algunas más burdas- y otras pocas candidaturas que acudieron a lo que la gente quería debidamente, son contadas.

– ¿Quién sería el mejor, o quienes serían los probables candidatos para asumir la dirigencia estatal del PRI en este momento?

No se trata de proyectar a nadie ni de apoyar a nadie, se trata de que quien quiera ser dirigente que levante la mano y que se ponga a trabajar, a recorrer el estado, el municipio y que empiecen a entender que son sujetos al análisis. La gente les va a decir en su cara si fueron buenos dirigentes del partido, si fueron buenos regidores, si fueron buenos diputados locales o federales. […] En esto va, finalmente, lo que me dices: si el partido hace las cosas bien va a empezar en un proceso lento pero seguro a recuperar espacios. Si el partido sigue en todas las torpezas que está cometiendo, bueno, claro, el partido va a seguir perdiendo votos y perdiendo espacios, se va a disolver y terminará perdiendo el registro.

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