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¿Qué paso ayer?

Por: Saúl Ugalde

Dando cuenta de la balacera desatada el martes 18 de septiembre, pocas horas después de los hechos en el sitio web de Ciudad y Poder se publicó que “según fuentes extraoficiales el día de ayer se encontró una ‘narco- manta’ donde se anunciaba el secuestro de un queretano en Juriquilla, lo cual desató un enfrentamiento que concluyó en Plaza Candiles donde se detuvo a nueve sujetos, también hubo detonaciones en otros puntos de la ciudad, como la colonia Lomas de Casa Blanca, entre policías y los supuestos secuestradores”.

La primera pregunta que me vino a la mente fue: ¿Qué paso ayer? ¿Una “narco-manta” anunciando un secuestro? Descartada la idea de que los propios secuestradores quisieran dar publicidad al hecho, la pregunta inmediata fue: ¿Entonces quién? ¿Con qué propósito?

Una banda de presuntos narcotraficantes denunciando a una banda de presuntos secuestradores es un hecho usual en algunos estados en los que el crimen organizado ha sentado sus reales, pero en la “segunda entidad más segura del país” –si nos atenemos al discurso– esos hechos eran altamente improbables, al menos hasta la tarde del 18 de septiembre pasado.

En materia de seguridad, Querétaro siempre había sido considerado un estado seguro. Es más, esa convicción no provenía de la confianza en la eficacia de nuestras corporaciones policiacas y de investigación del delito, sino en la certeza casi generalizada de la existencia de un pacto entre bandas del crimen organizado para dejar a Querétaro fuera de disputas violentas.

¿Cuál sería el incentivo para no disputarse la plaza? Proteger a sus familias. Esta convicción popular se veía reforzada cada vez que en estados vecinos se suscitaban hechos violentos y Querétaro permanecía sin mácula, aunque también ayudaban las declaraciones simplistas como que “fueron ejecutados en otro estado y sus cuerpos arrojados aquí”, a propósito de los cuerpos encontrados cerca de la comunidad de Paso de Mata, municipio de San Juan del Río, al inicio de esta administración.

La balacera del martes 18 de septiembre que no se pudo ocultar como la “narco- manta” a la que hace referencia Ciudad y Poder (y que habría aparecido el lunes 17 de septiembre), supone el fin del pacto en el que creíamos y en el que estaba fundamentada nuestra convicción de que “aquí no pasa nada porque los narcos no van a exponer a sus familias” y deslegitima la versión oficial que nos ubica como la “segunda entidad más segura del país”.

El miércoles 19 de septiembre aparecen versiones contradictorias. Que no fue secuestro, que se trató de una banda de narcomenudistas, que su detención llevó más de dos meses de inteligencia policial, que se montó el operativo a partir de una denuncia anónima que ubicó a los narcomenudistas. Presuroso el procurador del estado atajó de inmediato la pregunta que ronda en el aire: ¿Querétaro ha sido infiltrado por el narcotráfico? Según Arsenio Durán “no hay evidencia de que se trate de algún cártel de la droga que se haya asentado en Querétaro”.

“Tres horas de angustia y terror”, cabeceó un medio impreso, participaron por lo menos 400 elementos de la Policía Federal, Estatal, Municipal, investigadora y efectivos del Ejército, reportó otro, se registraron movilizaciones en Candiles, Tejeda, Loma Dorada, Lomas de Casa Blanca, Colonia Obrera y Juriquilla, coinciden casi todos.

Todo para capturar una célula de presuntos narcomenudistas que operarían aquí “aisladamente”, de acuerdo al discurso oficial de que no hemos sido infiltrados por el narcotráfico. ¿Cómo se puede operar “aisladamente” el negocio de la droga? ¿Uno va, se surte y se regresa a vender “aisladamente”?¿A los cárteles que controlan el negocio no les importa dónde se distribuye su producto? Asumir estos supuestos sería tanto como aceptar que de verdad ningún cártel tiene interés de asentarse en Querétaro y eso es absolutamente inverosímil ¿Usted lo cree?

Es muy revelador que en la agenda de temas de la administración estatal el combate al crimen organizado no forme parte de las prioridades ni a nivel discursivo. No recuerdo un discurso en el que se haya hecho una referencia explícita al tema.

El bajo perfil que se le ha dado al tema durante la primera mitad de esta administración, a la luz de hechos cada vez más violentos, denota que los asesores en materia de seguridad erraron el diagnóstico y, al parecer, el problema ya los rebasó.

Mientras termino de escribir y veo la foto que ilustra la nota de Ciudad y Poder, me pregunto si acaso los ciudadanos no merecemos información fidedigna para, al menos, tomar decisiones informadas como cambiar la ruta al colegio o surtir la despensa en otra parte.

Me lo pregunto porque en la imagen que veo –en la que aparecen unos 20 elementos cubriendo a sus compañeros que toman por asalto una vivienda– reconozco la calle por la que circulan mi esposa y mi hija camino al colegio y en la que habitualmente hacemos las compras ¿Es mucho pedir? ¿Será que es más importante seguir siendo, a fuerza de discurso, la segunda entidad más segura del país?

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