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“¿Qué sentiría el gobernador Calzada si tuviera un hijo en la cárcel?”


Por: Ricardo Lugo Medina

A poco más de un año de lo sucedido, en las calles de la comunidad El Colorado –El Marqués–, permanece el aroma, las huellas de una historia de tortura, negligencia y abandono.

Una historia que hasta el momento ha terminado con las esperanzas de vida del joven Miguel Urbina Franco “El Tortilla” o “Tortillas”, como se le conoce.

A Miguel, joven de 20 años, las autoridades de procuración de justicia en el estado lo han despojado de cualquier oportunidad de realizar una vida normal.

Aquel sábado 7 de enero de 2012 los hechos ocurrieron con rapidez: Gallos Blancos enfrentó en su primer partido del torneo al América en el estadio La Corregidora. El resultado: 2-0 en contra de los queretanos.

Aficionados de la porra “Pedro Escobedo” partieron a sus hogares al término del encuentro. Un grupo de seguidores de Gallos Blancos se encontraba en la entrada de El Colorado mientras un autobús que transportaba a miembros de la porra “La Monumental” paró en un comercio.

Pronto cruzaron miradas, palabras y, finalmente, golpes.

El saldo del enfrentamiento: dos heridos y la muerte del joven Christian Said Bringas Pérez.

Miguel atestiguó el alboroto causado por la riña, partió a su casa. Le dijo a su mamá “se armó un broncón”. La señora Ofelia le ofreció de cenar, vio la televisión un momento y se fue a dormir.

En su hogar, Ofelia Franco narra con seguridad que nunca lo notó con mancha de sangre alguna en su vestimenta, tampoco nervioso o espantado.

Ante el escándalo y la polémica que se suscitó a nivel nacional por la muerte del aficionado americanista, las autoridades de la PGJ lo detuvieron dos días después.

Sus amigas de la papelería, el que vende tortas, el del pollo y la señora de la farmacia, vecinos y amigos de la familia Urbina Franco coinciden en una cosa: Miguel era un joven muy tranquilo y no pudo hacer tal barbaridad.

 

Tras muerte de su padre, Miguel optó por trabajar para apoyar a la familia

Dentro del Centro de Reinserción Social (Cereso) de San José El Alto, Miguel no está dispuesto a rendirse.

Su buena conducta lo caracteriza. En el taller de carpintería elabora cuadros con figuras de santos o de caricaturas, portarretratos, alcancías, etcétera, se los da a su mamá y ella los vende para pagar la renta y los gastos del hogar.

A la hora de ingresar a las celdas, Miguel ayuda a los custodios a “encerrar” a los reos del módulo uno, dos y tres, goza el privilegio de entrar a su celda un poco más tarde.

La señora Ofelia recuerda a Miguel de pequeño. Hijo único y como cualquier niño asistía a la escuela primaria de El Colorado, cumplía con sus tareas, su mamá en ocasiones lo llevaba, pero otras no –la escuela está a cien metros del hogar–.

Terminada la primaria asistió a la secundaria tres. Gustaba de jugar futbol, los fines de semana salía con sus amigos.

Cuatro meses antes de la detención por agentes de la Dirección de Investigación del Delito (DID), en septiembre de 2011, Miguel sufrió la muerte de su padre, quien duró un año dializado. Un golpe difícil para la familia.

Miguel lo llevaba al IMSS para continuar con el tratamiento de diálisis, la dosis era una vacuna dos veces por semana para evitar la transfusión de sangre.

Urbina Franco truncó sus estudios, puesto que el panorama económico al que se enfrentaba la familia era adverso; optó por ayudar a sus padres a solventar los gastos interminables.

“Ya mejor quiero trabajar, papá, para ayudar a mi mamá”, le mencionaba a su padre al verlo enfermo y sin posibilidad de trabajar.

 

Doña Ofelia ha solicitado ayuda al gobernador

Doña Ofelia lo recuerda como un joven entusiasta. Meses antes que dializaran al padre de Miguel, éste con seguridad le decía: “no te preocupes, papá, tenemos que salir adelante, échale ganas, que te dialicen, no te deprimas, yo trabajo y ayudo a mi mamá.”

“Siempre fue noble, pueden informarse ¡eh! Fue tímido. Ahorita que voy y lo veo me dice: ‘échale ganas, mamá, esto no va ser eterno, no te deprimas, porque te deprimes tú y me deprimes a mí. Todo tiene que salir a la luz’”, narró su madre con lágrimas en los ojos.

En las interminables visitas que doña Ofelia realiza dos veces por semana al penal, ha notado en Miguel un gran cúmulo de esperanzas: lleno de seguridad, dice que pronto saldrá.

Como toda madre preocupada por el bienestar de su hijo, le reiteró: “Tú sabes lo que es bueno y es malo, pórtate bien”.

Sentada en su silla, con un rostro que anuncia molestia y con la firme convicción de que su hijo es inocente, una vez más doña Ofelia exige a las autoridades que hagan bien su trabajo, y no descarta que las autoridades sacaron provecho de la situación en la que vivían para inculparlo de un delito que nunca cometió.

“¿Qué sentiría el señor gobernador (José Calzada Rovirosa) si tuviera un hijo encerrado injustamente como el mío? Le solicitamos ayuda mediante una carta y nunca nos la respondió. Nunca me contestó nada. A declarar fue un joven que vio que no era Miguel, pero por ser menor de edad la juez no lo tomó en cuenta.”

 

Miguel Nava no la atendió cuando fue a la CEDH

La Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH) realizó las pruebas del protocolo de Estambul tiempo después de la detención de Miguel, sin embargo los exámenes fueron inútiles debido al largo tiempo que transcurrió para que el organismo las llevara a cabo.

“Cuando le hicieron la prueba ya no tenía señas de tortura. ¿Qué más señas querían si mi hijo no podía dormir, no quería comer, no podía ni subirse el pantalón él solo? Hay testigos dentro del penal que vieron cómo llegó”, recordó su madre.

“El día que fuimos a Derechos Humanos (lunes 21 de enero) no nos atendió el presidente de la comisión y no toma cartas en el asunto. No manejan el tema de la tortura, para ellos no hubo tortura. ¿Debieron dejarlo medio muerto para que admitieran que lo torturaron?

“Vi que a la francesa (Florence Cassez) la dejaron libre porque Derechos Humanos intercedió y a mi hijo nadie le hace caso”, concluyó la señora Ofelia Franco.

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