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Querétaro, por debajo del promedio nacional de felicidad

En el marco del Día Internacional de la Felicidad conmemorado el 20 de marzo, Querétaro se presentó con un índice de satisfacción con la vida más bajo con respecto al promedio en México, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

Los datos revelados por el Inegi indicaron que Querétaro tiene un nivel de satisfacción con la vida y salud autorreportada con un promedio de 8.5 sobre 10, mientras que el promedio nacional es de 8.6.

Este metadato es generado con base en la metodología elaborada y propuesta por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Asimismo, se evaluaron factores que podrían determinar la satisfacción de los pobladores a nivel estatal, como: la cantidad de hogares por persona, la desigualdad de ingresos disponibles de los hogares per cápita, el porcentaje de pobreza extrema, la incidencia de trabajo informal, el porcentaje de viviendas con acceso a servicios básicos, la percepción de inseguridad, y la satisfacción con el tiempo de ocio, entre otras.

Teresa Monserrat García Ángeles, psicóloga especialista en el área clínica, detalló en entrevista con Tribuna de Querétaro, que, detrás de las cifras oficiales persisten matices que invitan a cuestionar qué tan real es ese bienestar.

El contexto no es menor, pues, a nivel internacional, México descendió del lugar 10 al 12 en el Informe Mundial de la Felicidad.

Métricas reveladas

En Querétaro, la entidad se posiciona entre las de menor desigualdad, menor pobreza extrema y altos niveles de acceso a servicios básicos; sin embargo, enfrenta problemáticas como una alta incidencia delictiva, una percepción de inseguridad significativa y un porcentaje considerable de trabajadores en la informalidad. A ello se suma que, solo 7.7 de cada 10 trabajadores se declaran satisfechos con su tiempo de ocio, lo que la posicionó como una de las 10 entidades más bajas de la nación en este aspecto.

Entre los factores asociados al nivel de satisfacción se encuentra que, actualmente el 69.6 por ciento de la población cuenta con acceso a servicios de salud y tan solo seis de cada 10 queretanos sienten confianza hacía la fuerza policial de la entidad.

“Un puntaje alto no necesariamente refleja un bienestar emocional profundo”

La especialista García Ángeles, advirtió que, un puntaje alto no necesariamente refleja un bienestar emocional profundo. Desde su experiencia, muchas personas reportan satisfacción no porque realmente se sientan plenas, sino porque responden a dinámicas sociales y necesidades de adaptación.

En consulta, explicó: “Dentro de consultorio se cuestiona mucho el hecho de estar satisfecho con lo que se está haciendo o realmente se está haciendo porque no hay otra manera de poder vivir” y agregó “es común encontrar individuos que no están conformes con su trabajo, su rutina o incluso con sus espacios de descanso, lo que contrasta con los resultados de las encuestas”.

La especialista señaló que, si bien las mediciones del Inegi son útiles como referencia, enfrentan limitaciones importantes. Una de ellas es la tendencia de las personas a responder lo que consideran socialmente aceptable, más que a expresar con honestidad su estado emocional.

En entornos clínicos, donde esa presión disminuye, emergen cuestionamientos más profundos sobre la satisfacción personal y el sentido de vida. En este sentido, García Ángeles también subrayó que “puede existir una diferencia entre sentirse satisfecho con la vida y tener una buena salud mental” y explicó que, desde una perspectiva psicoanalítica, el bienestar no implica una felicidad constante, sino la capacidad de reconocer, sostener y procesar emociones diversas, incluidas aquellas que resultan incómodas.

Otro elemento que influye en estos resultados es la normalización del malestar “las personas podrían reportar que sí están felices, aunque exista la inseguridad o desigualdad porque es parte de su cotidianidad. Digamos, hay personas que están acostumbrados a vivir así desde hace años”, mencionó. En contextos donde la inseguridad, la desigualdad o la precariedad han sido parte de la vida cotidiana durante años, estas condiciones tienden a dejar de percibirse como problemáticas.

Además, hizo hincapié en la ausencia de cuestionamiento como un factor de felicidad: “muchas personas han experimentado la sensación de que a lo mejor se han cuestionado por qué viven así, pero como son muy pocas las que se cuestionan, se dan cuenta que el hecho de que lo hagan es vivir un poco incómodos, entonces obviamente nadie quiere esta incomodidad y es mejor ignorar estos problemas y seguir viviendo como si nada pasara”, detalló.

A esto ella se suma un componente cultural relevante: la tendencia a encontrar aspectos positivos incluso en situaciones adversas, lo que permite hacer más llevaderas las dificultades, aunque no necesariamente las resuelve. Esta capacidad de adaptación, “profundamente arraigada en la sociedad mexicana”, puede influir en la manera en que las personas evalúan su propia vida.

Ampliar las formas en que medimos la felicidad

Ante este panorama, la especialista consideró necesario ampliar la forma en que se mide el bienestar, más allá de la satisfacción general y propuso incorporar indicadores relacionados con el propósito de vida, las redes de apoyo, las herramientas emocionales y la resiliencia. “¿Hasta dónde es nuestra resiliencia? ¿Qué se hace para tener esta resiliencia? ¿Qué tipo de redes de apoyo tiene para estas circunstancias cuando no se siente uno feliz?”, cuestionó.

En este contexto, para García Ángeles, el Día Internacional de la Felicidad se convierte en una oportunidad no solo para celebrar, sino para reflexionar. Más que aspirar a un pensamiento idealizado de felicidad, el llamado, desde la psicología, es a reconocer que “estar bien” también implica más cosas que la satisfacción. Finalizó: “Lo que les podría decir es que estar bien también es permitirse estar mal, validar nuestra tristeza, nuestro enojo, nuestras dudas. Todo eso da paso a que estas emociones no se conviertan en síntomas que nos paralicen o cosas que normalicemos”.

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