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Se desgañitan manifestantes en San Lázaro

En la capital, entre comerciantes que aprovecharon el resentimiento de los manifestantes contra la reforma laboral, se acorraló la Cámara de Diputados

 

Foto: Miguel Tierrafría

Por: Miguel Tierrafría

“Hasta la lluvia les favorece a esos cabrones diputados”, injuriaba un joven que estaba en la parada del camión, corriendo entre el intenso diluvio, donde primero gotas de agua mojaban los cuerpos y después hasta granizo golpeaba a los manifestantes, quienes estaban en las inmediaciones de San Lázaro protestando por la reforma laboral.

Cercado desde unos días antes, el recinto legislativo se encontraba aislado de toda persona, nadie entraba o salía del lugar. Estaba sitiado totalmente entre barricadas, policías y camiones de asalto de la policía del Distrito Federal.

Desde adentro, personal de la Policía Federal esperaba atenta cómo en el transcurso del día la multitud se acercaba y llenaba las calles.

A lo largo de los barandales rojos que recorrían el contorno de la Cámara de Diputados, cientos de mantas de sindicatos de trabajadores de todos los sabores, colores y estados de la República. Personas que ya tenían montados campamentos y donde permanecían descansando, cubriéndose del sol, ingiriendo algún alimento. Un pequeño escenario montado por los integrantes del Sindicato de Telefonistas era el espacio para que líderes sindicales subieran, dieran algún discurso y uno que otro insulto que se intensificaba con el pasar de las horas.

“Calderón estaba borracho cuando mandó la reforma laboral a la Cámara de Diputados”, “Peña Nieto y Calderón son un par de pendejos”, “Ese Peña Nieto ni sabe hablar, sólo los burros le entienden”, “Mandémosle un saludo a Calderón (rechifla) y a Peña Nieto también”, eran algunas de las frases que se escuchaban.

 

“Que se gobiernen ellos solos”

El sol era intenso y poca era la sombra para cubrirse. La expectativa por la marcha que vendría del Zócalo era mucha, parecía la calma antes del conflicto.

Mientras, la algarabía estaba presente entre los vendedores de películas, los que vendían los libros de Flores Magón, de Marx, el libro verde del “Che” Guevara, las gorras verdes con una estrella roja, los pines, las estampas de López Obrador, hasta las sombrillas de Morena las vendían; los lentes Ray Ban o Ray Juan según sea el caso, las pulseras, así como también la comida, los tacos de siete por 10, las papas a la francesa, agua mineral, las jicaletas, los cacahuates, las garnachas, de todo un poco.

De entre las paredes del ‘recinto’ legislativo una frase pintada con aerosol decía “cavaron la tumba para sepultar nuestros derechos laborales”. Mientras, continuaban las groserías contra diputados, senadores, Felipe Calderón, Enrique Peña Nieto, Salinas y párale de contar.

Unos metros adelante de donde se encontraba el mitin, la gente en casas improvisadas con lonas se cubría del sol. Una discusión entre un señor y un manifestante, el señor que traía un leño en la mano gritaba “hay que hacerlos fantasmas a éstos, hay que mandarlos a la chingada, que se gobiernen ellos solos. Ustedes no pueden ser humillados ni pasar hambre ni nada, así de sencillo” y continuó su camino, lejos del contingente de manifestantes.

 

“¡Ya vamos llegando, Felipe está temblando!”Foto: Miguel Tierrafría

Eran poco más de las cinco de la tarde cuando los del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) ya habían montado un templete como el de los telefonistas: aquí se vio el contraste. Al mismo tiempo que los que estaban en el templete del Sindicato de Telefonistas mentaban madres, gritaban, aplaudían y el ánimo era un tanto calmo, los del SME ya no venían con cara de diálogo sino de hacer algo en concreto.

“Denme una S, denme una M, denme una E, ¡SME! ¡SME!”, gritaban levantando el puño y pequeñas banderas negras con letras en rojo de las siglas del sindicato.

Apareció una gran manta con la imagen de Felipe Calderón custodiado por policías, tapada gran parte de la caravana de manifestantes que acudían.

Entre rechiflas, aplausos y los ochos, se aglutinaron totalmente en las calles que rodean la Cámara de Diputados.

“Ya vamos llegando, Felipe está temblando”, y “Aplaudan, aplaudan, que pinche gobierno se tiene que morir”, se escuchaba.

Pequeños proyectiles que emitían gas eran lanzados a lo largo de la calle, tambien pequeños cuetes eran tronados, la multitud sólo rodeaba el cuete para que no pasara un accidente. El clima pasó de ser soleado a tornarse nublado.

De pronto, los manifestantes gritaron “tápense los oídos” y la gente de inmediato siguió la orden, segundos después un estruendo aturdía los oídos: un cohetón había sido lanzado hasta donde se encontraban los policías federales (dentro de la Cámara de Diputados).

El humo cubría parte de la escena, los manifestantes corrían, reían, chiflaban y algunos decían “Córranle putos, pinches culeros”.

Los comerciantes que vendían en las inmediaciones ni se inmutaban por lo que pasaba, con un simple “esto no es nada, espérense al domingo”, se resumió la situación.

 

“Hasta Dios está de parte de estos cabrones”

Así, el mitin del SME estaba por comenzar, pero los cohetones hacia la Cámara de Diputados seguían lanzándose, mucha gente asustada empezó a retirarse aunque tambien un aire intenso y una lluvia repentina empezó ahuyentar a la gente.

Algunos exclamaban “no se vayan, ¿a poco la lluvia nos va detener?”. Quizá sí.

Un grupo de jóvenes a unos pasos de donde se gestaba el mitin bloquearon una calle e hicieron una barricada para impedir el paso de los camiones. Después se supo que un automóvil arrolló a un joven que se encontraba en esa barricada.

Los comerciantes y los manifestantes corrían a refugiarse del diluvio que cayó, primero unas gotas, luego granizo, de nuevo gotas y de nuevo granizo. Con las pancartas, con las lonas, con carteles, con sombrillas, como fuera la gente trataba de cubrirse del diluvio.

“Hasta Dios está de parte de estos cabrones”, pregonó una joven corriendo codo a codo con su compañero. Hasta llegar a una parada de camiones donde ya era inevitable cubrirse del granizo, exclamó fuertemente “Hasta la lluvia les favorece a los diputados”.

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