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Se les acabó la ‘comodidad’ de nuestro silencio: Olimpia Coral Melo

Al carecer de perspectiva de género se crean procesos en los cuales no se ven las condiciones que llevan a mujeres a vivir violencia y el resultado suele ser la impunidad.

Corregidora, Qro.- Olimpia Coral Melo, activista e impulsora de la denominada “Ley Olimpia”, sostuvo que en el estado de Querétaro la aplicación de esta normatividad no será satisfactoria hasta que se elabore un Protocolo de Atención a las Víctimas, así como una capacitación con perspectiva de género a todos los involucrados en el proceso para tener empatía y evitar la impunidad.

La Ley Olimpia consiste en tipificar como un delito la distribución o amenaza de difusión de videos y fotografías de carácter íntimo sin el consentimiento de las personas que ahí aparecen. Esta violación a la intimidad sexual podrá castigarse hasta con 6 años de prisión, según la reforma al Código Penal del Estado de Querétaro, aprobada en junio pasado.

Justamente, desde el pasado julio, la Fiscalía General del Estado (FGE) ha recibido en promedio 10 denuncias mensuales por difusión de contenido íntimo. De estos casos, el 30 por ciento se han resuelto mediante conciliación, manifestó el fiscal Alejandro Echeverría Cornejo en diciembre de 2019.

Respecto a este fenómeno, la impulsora de la Ley Olimpia manifestó que no es un caso exclusivo de Querétaro y que en otros estados se presentan situaciones similares. “Hay que revisar cada caso”, acotó en entrevista con Tribuna de Querétaro. “Incluso es posible que las mismas víctimas hayan optado por la conciliación en busca de terminar con el engorroso y largo proceso jurídico”, asentó.

Olimpia Coral exhortó a las mujeres que han sido víctimas de este delito a denunciar y dar seguimiento a sus casos: “La impunidad es el gran reto de las autoridades, pero nosotras tenemos que seguir el curso; no deben tener nunca más la comodidad de nuestro silencio”. “Yo creo que la reforma a la Ley Olimpia es un ejemplo de cómo, cuando nosotras nos organizamos, el miedo cambia de bando; hacemos fuerza entre mujeres, hasta le ponemos la agenda política a las autoridades y a las instituciones del país”, agregó.

La reforma señala cuales son las penas que cumplir; sin embargo, el estado aún carece de un protocolo de atención a víctimas: “A veces no saben ni a que fiscalía canalizar el caso”, enfatizó Coral Melo. Esta reforma al Código Penal, en primera instancia, reconoce que la difusión de imágenes y videos íntimos es un delito. Posteriormente actúa y da seguimiento a los casos, pero la activista remarcó que se requiere de un protocolo de atención a las víctimas, para que se animen a continuar con el proceso hasta las últimas consecuencias.

Perspectiva de género contra la impunidad

El tema de la capacitación es también un eje central en la elaboración de leyes y protocolos que busquen dar solución a la violencia digital: “Tendría que ser una capacitación permanente, con perspectiva de género, victimal y digital”, abundó.

Los miembros de la Fiscalía General del Estado (FGE) y en general todos los actores involucrados deberían “sensibilizarse y humanizarse” para entender la manera en que se ejerce la justicia en el país, explicó, pues al carecer de perspectiva de género se crean procesos jurídicos en los cuales no se ven las condiciones específicas y personales que llevan a mujeres a vivir violencia y el resultado suele ser la impunidad.

Las autoridades deben entonces tener la capacidad suficiente de empatizar con la víctima, además de ser capaces de entender que lo ocurrido en el “mundo digital es muy real” y afecta la vida de las personas: “Que las mismas instituciones, más allá de todo instrumento legal, se pongan en el lugar de las víctimas; y [que] las resoluciones jurídicas que se den en los casos sean en apego a los derechos humanos, en apego al sentir de las víctimas”, especificó Olimpia.

La activista explicó que “la violencia digital es una extensión de la violencia que existe en todas partes”, y que el 82 por ciento de las víctimas de este delito son mujeres; lo cual es el resultado de una educación patriarcal en la que se “hipersexualiza y objetiviza” constantemente a la mujer. Advirtió que no se puede pretender erradicar este tipo de violencia sin una reeducación con perspectiva de género que diste de los cánones establecidos por una sociedad machista.

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