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Sin la cruz en la frente, así fue el miércoles de ceniza en SJR

El calor de la tarde en San Juan del Río sofoca, son las 3:30 de la tarde, camino a través de la plaza independencia para dirigirme a la Parroquia de San Juan Bautista, tal vez el calor sea el arrepentimiento, conversión y penitencia que este día representa para los fieles católicos.

Camino rápido para llegar a la iglesia, porque casi siempre guardan frescura en su interior, trato de verle la frente a las personas para saber si ya fueron a recibir la ceniza, pero nadie tiene nada, en su brillosa frente.

No hay señal de ninguna cruz de ceniza y para mi sorpresa, la casa de Dios, está cerrada. ¿Pero cómo es posible que esté día esté cerrada? Como debe de ser, hay un cartel en la entrada de la parroquia, me acerco para leerlo y resulta que la imposición de ceniza fue de 8:00 am a 13:00 pm y que el segundo horario sería a partir de las 4:00 de la tarde y hasta las ocho de la noche.

En eso se acerca un señor de edad avanzada y me pregunta a qué hora van a dar la ceniza, asumo que no alcanza a leer y le doy la información, se aleja y busco un lugar para sentarme y refugiarme del implacable sol.

Ya casi son las cuatro, en un abrir y cerrar de ojos ya hay dos filas para entrar al templo parroquia San Juan Bautista y al santuario guadalupano. La fila avanzó muy rápido, cuando entrabas al recinto te proporcionaban gel y como lo dije líneas arriba, la frescura de la iglesia era liberadora. Avanzamos con sana distancia entre las sillas, la musicalización del ambiente celestial estaba a cargo de una mujer y un hombre tocando lo que parecía ser el círculo de sol, con un Si menor incluido.

Con razón nadie tenía su cruz de ceniza en la frente, pues este año para evitar el contacto directo, espolvorearon la ceniza en la cabeza de los asistentes.

“Arrepiéntete y cree en el evangelio” me dijo la señora que daba la ceniza. Todos al recibirla se persignaban con una cruz en los dedos, por su puesto, para no desentonar, hice lo mismo. Fui a la otra iglesia, para ver cuánta concurrencia había y por cuestiones de aceleramiento y orden de una de las mujeres que ponían la ceniza, volví a recibir el polvillo negro. Tal vez eso fue para reconocerme aún más como pecadora y recordar que “polvo somos y al polvo volveremos”.

Finalmente salí, fue muy eficiente el asunto, ojalá así fueran todos los trámites habidos y por haber. Afuera había un módulo en donde podías llevar una bolsita de ceniza para tu familia y venía con un instructivo, en donde lo primero que decía era: “Arrepiéntanse y crean en el evangelio”, con la convicción de prepararnos a la celebración de Pascua, nos mantenemos en paz.

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