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SJR: Hartos y cansados están los vecinos de La Rueda ante tanta inundación y poco apoyo

En esta “colonia que nunca debió existir”, hoy la gente deja secar los sueños al sol. Una camioneta con niños que gritan “fierro viejo que venda”, compra los colchones a diez pesos, los refrigeradores a 30 o 50. En La Rueda hay entre dos mil y dos mil 500 personas afectadas y 90 por ciento de las casas tuvieron algún daño, según Alejandro, miembro del Comité de Vecinos.

Para cuantificar los daños el gobierno estatal hace un censo, y hasta este jueves 7 de octubre censaron mil 300 casas en La Rueda, según el gobierno municipal de San Juan del Río; aún no se tienen datos sobre los daños a infraestructura o mobiliario, ya que continuarán con él en todas las colonias afectadas.

A tres días de la última inundación del domingo 3 de octubre se camina entre lodo, entre olor a humedad y agua sucia. Hay tendederos con ropa. Patios y banquetas con estufas y salas, con los demás muebles mojados; en la tarde se los llevará el camión de la basura.

«Estoy bien harta y cansada de las inundaciones»

Marce, mientras descansa, se toma un refresco bajo un árbol; usa botas de hule moradas:

Uy niño, ya mero nos ahogamos, mi niño. “Tú, madre —Marce habla con su perro y hace su voz, como si este le contestara—, porque yo puedo nadar”. Si me voy, ¿qué vas a hacer sin mí, Gale?

Hace cuatro años vino Pancho Domínguez y nos prometió que iba a hacer una gran infraestructura y que iba a gastar millones, no importaba cuánto, que no iba a volver a pasar. Y ahorita ya pasó hasta tres veces, él como quiera ya se largó, pero siempre son los mismos. Ay, no, estoy bien harta y bien cansada, que no termino de limpiar mi casa, como vivo solita.

A nosotros aquí nuestra casa nos costó 230, hace siete años, fue un traspaso; es lo que costaban, más o menos 200. Es lo que le alcanzaba a mi marido de su crédito y a todos los que compraron aquí, pues fue lo que les alcanzó. Uno qué más quisiera vivir en el centro o en un lugar más alto, además la mayoría de la gente de aquí luego vienen de fuera, no saben.

Nosotros queremos reubicación. Mucha gente no se quiere ir, ni yo me quiero ir, la verdad, pero qué vamos a esperar, ¿a que esto se hunda?

Ya esto es demasiado, debe haber una solución. Esta área es inhabitable.

Ayer escuché a unos niños: “oye esto parece apocalíptico”; y la verdad sí, me dio escalofríos, tienen razón.

Rocío y Leslye

—¿Qué tanto perdieron con la inundación?

—Todo.

—Pues pásalo para que vea —le dice Rocío a su hija Leslye, quien a su vez carga a su hijo.

—De hecho, el lodo estaba como a este grosor, son como 12 centímetros. El agua llegó aquí, mira, ahí está la marca—Rocío señala la pared, a una línea horizontal marcada a 90 centímetros del suelo

—Pasa para que veas, el baño, todo.

En uno de los cuartos Rocío muestra la cama llena de ropa, zapatos y juguetes rosas en su mayoría, de sus nietas.  “Todo esto ya no sirve, todo se va a tirar —dice Rocío—. En la primera inundación su refrigerador fue el primerito que se dañó, mi hija lo sacó, dijimos “ya pasó el peligro”, cuál, esta última inundación fue la más fuerte”.

—La última inundación, del domingo, pasaba la gente gritando. Las pasadas sí pasaban avisando con silbatos. Cuando nosotros quisimos salir por el puente ya había mucha agua. Nadie avisó esta vez, por eso mucha gente se quedó adentro y ya no pudieron salir, ya ni siquiera los camiones de la Guardia Nacional, ni el Ejército pudieron entrar por la gente, el agua subió muy rápido.

 Que no se les avisara, según Alejandro del comité de vecinos, se debió a que, en la segunda inundación, dos días antes que la del domingo, quedó una filtración del río, pero no pudieron resolverla debido al cansancio, poco tiempo y que la gente estaba ocupada en otras cosas.

—Ahorita lo que necesito es un colchón, una colchoneta para dormir, cobijas —dice Leslye, quien además comenta no haber recibido nada de dinero, ya que ella renta esta casa.

—Yo ayer me fui a caminar con las niñas, porque lloran mucho por sus juguetes. Me las llevé a caminar y me dice mi nieta “mira su cocinita ya no sirve”. Las llevo para que vean que no son las únicas que perdieron sus juguetes. Les digo, “sí, ya no sirve su cocinita, y ella no está llorando. Ahora que lleguen los Reyes Magos te van a reponer tus cosas”, y ya como que se resignan un poquito, porque ellas están chiquitas. De hecho, ellas ahorita no han entrado aquí.

—La gente que se queda adentro no es por gusto, a veces es por temor porque hay mucho ladrón aquí, o porque de plano no tienes adónde ir. Luego las autoridades de la entrada se ponen muy prepotentes, uno con la impotencia adentro y ellos con su prepotencia allá afuera, pues no.

—Si te das cuenta —dice Rocío mientras señala la cocina, la sala y los cuartos— aquí fue pérdida total. Ella me dice “lávame ese roperito”, le digo “nena ya no sirve”, me dice “arriba pongo la ropa de mis niños”, le digo “no, es que ya no”. Ella piensa que yo no la quiero ayudar, me dice “este lo voy a lavar” —su sillón—, pero ya no sirve.

—Yo sí pido apoyo del gobierno, porque es muy difícil hacerse de sus cosas, yo tengo tres hijos chiquitos, es muy feo estarlos durmiendo en el piso, no tener ni dónde cocinarles. Perdieron todo lo de la escuela. Pido que esta vez nos apoyen parejo. No nos conformamos con despensas que dan, ni con kits de limpieza, porque eso de qué nos sirve, de qué te sirve tu kilo de frijol, tu kilo de arroz, cuando no tienes ni dónde cocinar, ni trastes —dice Leslye.

Que no pase como hace cuatro años

“Con el gobierno anterior, con las inundaciones de hace cuatro años, se tuvo una plática y no se tuvo un acuerdo, no se cumplió lo que se habló. Ahorita a Mauricio Kuri se le ha visto en la mejor disposición, se le ve más seriedad y más compromiso a este gobierno que al pasado”.

De acuerdo con representantes vecinales de La Rueda se tiene una mesa de trabajo con el gobernador de Querétaro y el censo que se está realizando arrojará información de los daños tanto al gobierno como a las personas de la colonia. El lunes 11 de octubre tendrán una reunión donde se hablará de una posible reubicación, aunque primero se deberá realizar un estudio del subsuelo y a partir de eso las autoridades determinarán si reubicar o mejorar las áreas donde corre el río.

Asimismo, los vecinos plantearán que se realicen obras a corto plazo, aunque, según comentaron, el gobernador les anticipó que el estado está corto en el tema de presupuesto.

Dentro de las soluciones que encontraron son que el Infonavit, a las personas que cuentan con su crédito vigente, les está haciendo valer su seguro y el municipio ha indemnizado a quien tenga su predial al corriente. De igual forma han planteado al Infonavit que condone la deuda de la vivienda, “porque ahorita las casas se depreciaron mucho, ya no valen lo que antes”, pero esto significaría perder su seguro.

El censo también mostrará las afectaciones estructurales y al mobiliario, que es como planean se ayude a quienes son dueños, pero también a quienes rentan en el fraccionamiento.

Por último, quienes representan al fraccionamiento mencionaron que en esta última inundación también “afectó el cambio de gobierno. Luego no saben del tema, van entrando. Falta organización… En la segunda inundación veías Guardia Nacional, Ejército, estatal y municipal aquí dentro del Fraccionamiento; en la tercera, nadie”. La Rueda fue el lugar más afectado, sin embargo, Los Nogales y Bosques de San Juan también sufrieron daños en viviendas por las inundaciones y nueve colonias más fueron desalojadas de emergencia el 3 de octubre dada su cercanía al Río San Juan.

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