San Juan del Río

Ana, víctima de violencia sexual. Entre la impotencia y la incredulidad

No señalaron a su agresor, la culparon a ella.

San Juan del Río – Ana fue víctima de violencia sexual cuando tenía 15 años, los policías le dijeron que no podía hacer nada, cuando buscaron al agresor ya no estaba. 

Era junio de 2019, Ana trabajaba los fines de semana en una tienda comercial; por redes sociales conoció a una persona que le había dicho tener 16 años y que trabajaba cerca de donde ella.

Se quedaron de ver para asistir a un concierto en la Feria San Juan del Río, llegaron al punto del encuentro del cual partirían y acordaron tomar un taxi: “Me subí al taxi, en el camino me dijo que se le había olvidado su chamarra y que iba a hacer frío, me preguntó si podíamos ir a su casa, que estaba de paso y que de ahí nos íbamos. Vi que no traía chamarra y asentí, total mi mamá me iba alcanzar en la feria” relató Ana.

Al llegar a la casa de su acompañante la invitó a pasar en lo que él buscaba su abrigo: “Yo de confiada o inocente me pasé, estaba esperando en la sala, le pregunté si ya nos íbamos porque ya era tarde, él comenzó a tratar de convencerme de no ir,” lamentó ella.

Aquella conversación se convirtió en un forcejeo, Ana tomó sus cosas y al tratar de abrir la puerta él le impidió salir, “Se puso en la puerta, agarro las llaves, cerró y me dijo que de ahí no iba a salir”.

Ella continuó buscando la manera de obtener las llaves para poder abrir la puerta e irse: “En varias ocasiones me quiso besar, me quiso quitar la ropa, yo lo empujé y me llevó arrastrando al baño, abrió el agua fría de la regadera y me aventó, después salí corriendo para intentar quitarle las llaves, casi me resbalo, me empujó contra la pared, me sostuvo del cuello y me dice otra vez que no voy a salir”.

El agresor le dijo que ella ya le pertenecía a él y que todo había sido plan de la mamá de Ana para saber hasta dónde llegaba; ella recuerda haber roto en llanto e inmediatamente le mandó un mensaje a su mamá, “Le dije todo lo que estaba pasando, que ya me quería ir, que ya por favor me recogiera, que ya no lo iba a volver hacer. Le mandé mi ubicación y le pedí que hiciera algo”.

Luego de esto, el sujeto llevó a Ana a la cocina, la insultó, y le advirtió que iban a ser pareja y que ella le pertenecía. En el forcejeo, él recibió una llamada y le dijo a Ana que tenían que salir: “Yo pensé que al salir iba a poder escaparme. Todo el tiempo que estuve ahí adentro grite y golpee las paredes esperando recibir ayuda, para estos momentos yo ya no tenía mi teléfono”.

El sujeto le pidió que tomará sus cosas y cuando se asomó por la ventana de la puerta se dio cuenta que la policía se encontraba afuera del domicilio, Ana recuerda que él le dijo “Ve lo que hiciste, vas a salir y te vas a ir derecho, yo me voy a ir por otro lado, no quiero que voltees a mirarme ni nada”, el culpable se puso una gorra y salió caminando.

Ana solo hizo caso, llegó con las autoridades, les explicó lo sucedido y le respondieron “Tú saliste por tu propia voluntad”, no le creyeron lo que había pasado porque había salido junto con él, después la vieron muy alterada y buscaron al agresor, pero ya no había rastró de él, le explicaron que era todo lo que podían hacer, que ella tenía que poner su denuncia.

“Ya eran las dos de la mañana, todo había comenzado alrededor de las 4 de la tarde, yo estaba en shock, después entré en razón y comencé a llorar. La policía preguntaba lo mismo una y otra vez, tenía sueño y hambre, me sentí mal, culpable, y las autoridades continuaban preguntando qué había pasado. No pasó ni procedió nada, solo tenía su nombre y dirección, los vecinos dijeron que no sabían ni habían escuchado nada” declaró Ana.

“Me sentía tan culpable que sentía que me lo merecía”, su entorno la señaló a ella, jamás al responsable, su familia y demás personas que se enteraron de la situación le decían que era su culpa, otras más le decían que no era para tanto, que lo superará. Ana no volvió a saber de su atacante, de acuerdo con los oficiales él ya era mayor de edad.

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