San Juan del Río

Historia de Vida: Arturo, “El Hippie” de San Juan del Río

El Hippie cuenta por qué le dicen el Hippie:

   —El apodo del Hippie viene del rollo de la artesanía, regularmente la gente dice “ah, vamos a ver a los hippies”, en aquel tiempo la gente decía “vamos a ver al hippie” y de ahí surgió, dije, “si ya me conocen así, pues para qué le cambio”.

   Busqué al Hippie para ver qué nos contaba sobre el festival de Avándaro, que cumple su aniversario 50 y le festejaron el cumpleaños en Ciudad de México. No dijo nada, el Hippie tenía 10 años en aquél 1971, aunque sí está consciente del parteaguas que fue para la (contra)cultura en México. A cambio, me dio algo de su historia de vida, así como cuando dicen te adivina el gusto musical y encuentra el disco perfecto para ti.

   Quise comenzar a grabar la entrevista, “no, ahorita, pérame”, me dijo el Hippie. Y seguimos hablando de Juan Rock, de Andrés del Patio Colonial, quien tocó en los primeros grupos de Rock en San Juan, del Rey Lagarto (Ulises). 

   —Honor a quien honor merece —dice mientras se niega a empezar a hablar sobre los inicios del rock en San Juan, porque él no es nacido aquí, es de Ciudad de México; su abuela sí es de aquí, de San Isidro.

   Nos pasamos hacia la banca verde que está frente a su puesto, ese que se materializa a las 11 de la mañana y se va a las 8 de la noche, con artesanías, la mayoría hechas por él. Empiezo a grabar.

   —Yo nací en Iztacalco, viví en varias colonias allá en la Ciudad de México, como yo vengo de unos padres separados viví con mi abuela, mi abuelo, mi hermana, después me regresé con mi madre. Yo, desde la Ciudad ya trabajaba en los tianguis en la Universidad. Haz de cuenta que yo estoy influenciado en este rollo porque mi abuela siempre fue comerciante, me trajo desde los seis años, me crie con ella.

   El Hippie se llama Arturo Sierra Castillo. Desde hace 35 años vende discos en esta avenida: la Juárez esquina con Hidalgo, antes de llegar al puesto de revistas.

   —Sí, yo me influencié en el Rock and Roll gracias a mis tíos, a ellos les gustaba, lo escuchaba con ellos.

   —¿Qué música recuerda más que le ponían sus tíos? —Le pregunto removiendo telarañas.

   —Eh, pues por ejemplo… Se me fue ahorita la onda, no puede ser, ya las lagunas mentales, mi amigo, ya me estoy dando cuenta. Ah. Regresando al Rock y mis inicios, ya después de influenciado por mis tíos, tuve amigos que tocaban en cinco grupos de Rock y ya ahí me fui metiendo más en este rollo.

   —¿Y usted no toca?

   —No, fíjate que debería haber tocado, pero no me apliqué —dice con tono nostálgico en la voz—. Mi amigo era el mejor guitarrista de los que tocaban, echábamos tragos, y entre trago y trago, le decía “pues a ver” —hace ademán de tocar la guitarra—. Sí la regué en ese aspecto, sí me hubiera gustado, porque ya después me aventé en el 99 a hacer tocadas, primero como inversor y luego organizador, con un cuate de Querétaro.

   Llega una señora a comprar dos cubrebocas. También otro comprador, más adelante en esta entrevista, habría de recordarle al Hippie que ahora se saca más de vender cubrebocas que discos. “¿Estos días faltó mucho, ¿verdad?”, pregunta la señora; “andaba de gira”, responde el Hippie. Termina de atenderla y para seguir nuestra conversación, ataca: “de hecho, mi amigo, a mí me tocó ver a Queen en vivo”.

   —Me tocó ver hace 44 años a Three Souls y a los Dug Dug´s, ahí en el teatro Mario Moreno Cantinflas, allí en Aragón. A Javier Bátiz, a Paco Gruexxo, Bohemia Fría, El Vago; algunos de los que oí tocaban en talleres de herrería, establos, ahí improvisaba la raza para armar los toquines.

   —¿Y cómo llegó a San Juan?

   —Llego aquí por mi abuela. Yo lo combiné, porque trabajaba en Conagua, antes Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos, nos daban el chance de cambiarnos a cualquier parte de la República, te daban tu mudanza y una vivienda del Fovissste, yo ya venía de visita a San Juan con los familiares de mi abuela, me gustó y dije “aquí mero, aquí llego a San Juan”. Y yo ya vendía allá, aquí le seguí, estuve en el centro de Querétaro también como seis años, en La Cruz, ocho años; y en los tianguis del Tepetate, Tintero, Rocío, iba a Celaya, Salamanca, Irapuato.

   —¿Cómo le nació vender discos?

   —Lo mío son las artesanías en general. Y como estás en el mismo medio, quedas influenciado con toda la música. Yo te escucho música de todo estilo: jazz, blues, ska, trova, creo que todos los géneros son buenos, no hay que encerrarse en uno, hay que escuchar a los demás.

   —Y ahora con las nuevas aplicaciones de música, ¿cómo decide seguir vendiendo discos?

   —De hecho, sí he cambiado mucho, muchos camaradas que venden discos han desaparecido, por lo mismo, la tecnología, pero hay gente a la que le gusta más, porque hay veces que no salen las versiones completas, la discografía completa. También por la nostalgia, el disco es (fue) algo bueno, es triste que desaparezca.

   —¿Para usted qué es el Rock?

   —Es un gusto, son satisfacciones y es una forma de vida. Sí, libertad. Hay mucha gente que luego lo agarra como competencia, y esto no es competencia. Es como en los eventos, atrás de ti vienen un montón de chavos, me quedan las satisfacciones de hacer algo y aportar algo a la gente, impulsar y estar vigente. La gente cree que te haces rico, y no, el Rock siempre ha sido difícil, es más satisfacción que monetario.

   —¿Por qué es difícil el Rock?

   —Pues los prejuicios de la gente, siempre —dice entre risas—. “Eres roquero, eres drogadicto, eres lo peor».

   —¿Y cómo son esos prejuicios aquí en San Juan del Río?

   —Todavía están marcados, la gente no entiende, no aprende, siempre marginan a la gente por su manera de ser. Así lo toman a uno. Por ejemplo, aquí hay gente que ve que estoy trabajando y se expresan: mugroso, malviviente, drogadicto.

   —¿Cuándo se van a animar o qué? —el Hippie interrumpe nuestra plática para saludar a un joven de lentes y cabello corto castaño, que pasa detrás de nosotros; con “animar” se refiere a ir a tocar en vivo en la misma banqueta de su puesto, donde, según dice el Hippie, está el mejor escenario.

   —Ya no estamos tocando, ahí luego le cuento —le responde con decepción quien fuera cantante y guitarrista de Eerised.

   Continúa contándome sobre él, mientras sonríe, mientras frente a nosotros fluye el río de carros y atrás el de personas. Quizá esto que encontré al entrevistarlo es lo mismo que encontraron esas cuatro personas que se acercaron durante todo el tiempo que estuvimos platicando; una de ellas: “en dónde se había metido, ya no lo había visto, se extraña, es como de la familia de San Juan del Río”.    —A mí siempre me ha gustado tratar de ser humilde, mi amigo, a parte no somos nada en esta vida, desaparecemos pronto —me dice el Hippie y se disculpa por no darme la entrevista que buscaba.

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