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Tamales en La Candelaria, un sincretismo religioso

Los pueblos prehispánicos ofrecían variantes de este platillo a lo largo de las festividades en veneración a diversos dioses; entre ellos a los Tlaloques: ayudantes del dios Tláloc.

La práctica de ofrecer tamales en el Día de la Candelaria es el resultado de un sincretismo religioso —es decir, la combinación de distintas creencias— que parte de los pueblos indígenas y el catolicismo. Los pueblos prehispánicos ofrecían variantes de este platillo a lo largo de las festividades en veneración a diversos dioses; entre ellos a los Tlaloques —ayudantes de Tláloc, dios de la lluvia—, el 2 de febrero, según documentó fray Bernardino de Sahagún en la Historia General de las Cosas de la Nueva España, y esto se conjugó durante la Colonia con la festividad de la Virgen de La Candelaria, según señala la Secretaría de Cultura federal en su blog.

Los tamales prehispánicos

La palabra “tamal” proviene del náhuatl ‘tamalli’, que significa “envuelto”. En su obra, fray Bernardino de Sahagún describe a los tamales como “panes redondos hechos de maíz, ni bien rollizos ni bien redondos, que se llamaban pan de ayuno; eran grandes”. Así mismo, señala que —al menos en el valle de México— se hacían, variablemente, con harinas de amaranto o frijoles, con carne, y algunos eran dulces. A veces se comían con camarones, y después de comerlos se bebía pulque, según relata.

Se ofrendaban a los dioses por parte de los pobladores, para que estos los favorecieran; aunque también se repartían entre ellos: “Daban a cada uno todos los tamales que podían tomar con una mano; daban tamales de muchas maneras: unos llamaban ‘tenextamalli’, otro ‘xocotamalli’, otros ‘miahuatamalli’, otros ‘yacacoltamalli’, otros ‘necutamalli’, otros ‘yacacollaoyo’, otros ‘exococoltlaoyo’ (…) nadie tomaba dos veces”.

Bernardino de Sahagún recuenta que compartir tamales era una práctica de urbanidad: las familias se apresuraban a hacer tamales, y la que terminara una porción antes que el resto los repartía entre las otras familias. También existía la fiesta llamada ‘Huauhquiltamalqualiztli’, cuando todas las familias de todos los pueblos comían tamales, ofrendaban cinco ‘huauhquiltamalli’ al fuego, y uno más lo ponían sobre cada tumba de sus difuntos; de lo cual, según la Secretaría de Cultura, también proviene la ofrenda del Día de Muertos.

El 2 de febrero marca el final de las festividades navideñas, en el que la figura de Jesucristo “es llevada al templo junto con velas o candelas para ser bendecidas, con la creencia de que pueden ayudar en momentos difíciles”, según el artículo ‘No te Hagas Roscas con los Tamales’ de la Secretaría de Cultura federal.

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