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TLCAN: ¿En que se parece la dieta del mexicano a la dieta del estadounidense?

Por: Clara Escamilla Santana

Profesora Investigadora, FCA, UAQ

Especialista en Planeación estratégica de mercados

 

A 20 años de iniciado el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) hacemos una reflexión sobre su impacto en el consumo de alimentos de la población. Indudablemente  el TLCAN es un tema controversial debido a que en contados aspectos ha cumplido con su objetivo, mientras que en otros ha dejado mucho que desear; tal es el caso de la independencia alimentaria y el cambio en el consumo alimentario de la población, en donde se tiene como principales resultados el incremento en la pobreza, así como en la obesidad y el sobrepeso debido a  la industrialización y globalización de la agricultura en México.

 

El TLCAN puesto en marcha el 1º de enero de 1994, tuvo como uno de sus objetivos principales el incremento del comercio mediante la integración de la producción agrícola. La producción de granos y cereales ha sido desde siempre de alto costo en México en comparación con Estados Unidos y Canadá que cuentan con mejor infraestructura y tecnología para ellos; Entonces la idea fue impulsar el cambio de producción de cereales a producción de frutas y hortalizas, ya que en este rubro el país cuenta con la ventaja comparativa de un clima estable y ciclos de producción más cortos. El resultado del cambio de cultura agrícola, ha sido una desbandada de millones de pequeños agricultores de maíz hacia la mano de obra barata en la industria o en la migración,  y una importación masiva del maíz amarillo para la industria pecuaria, con lo cual también se pierde una gran oportunidad de negocio como país.

La principal consecuencia de la falta de estrategias adecuadamente implementadas y el alejamiento de la producción de alimentos básicos es:

a)      el  impacto que el desarraigo de sus tierras ha tenido para los agricultores- muchos de ellos no encontraron trabajo cayendo aún más en la pobreza y otros prestan sus servicios en la agricultura de exportación.- y

b)      el cambio en la dependencia del consumo de alimentos debido al incremento en precios de los productos nacionales.

Al día de hoy, importamos el 80% del arroz que consumimos, 33% del frijol y 56% del trigo. La exportación de maíz amarillo de Estados Unidos a México se ha cuadruplicado desde la implementación del TLCAN. El costo de la producción de leche se ha incrementado tanto que ahora somos el primer importador de leche en polvo. La Organización para la Agricultura y la Alimentación indica que un país es dependiente en alimentos cuando sus importaciones superan el 25% de las exportaciones de un país; y este es el caso de México que importa el 33% de lo que consume. Resumiendo podemos decir que México exporta a Estados Unidos en su mayor parte productos complementarios a la dieta como lo es la cerveza y las frutas y hortalizas tropicales y es su segundo socio después de Canadá.

La dieta del mexicano

Con la apertura comercial mediante el TLCAN el control del sistema alimentario de México ha sido tomado por las corporaciones trasnacionales, las cuales son productoras, exportadoras e importadoras y con ello influyen en la dieta del consumidor mexicano. Hoy en día consumimos refresco endulzado con jarabe de fructosa producido a partir de maíz en lugar de azúcar de caña.  En lugar de la dieta a base maíz en la cual se encuentra una gran cantidad de productos (tamales, tostadas, pozole, enchiladas), ahora preferimos la comida rápida como la pizza y las hamburguesas, el pollo frito con la receta secreta de un general, las donas, las carnes procesadas, las  botanas  y una gran cantidad de productos nuevos y listos para comer procesados con altos niveles de grasas y azúcares.

Una pregunta que deberíamos hacernos es ¿por qué los mexicanos adoptamos tan rápidamente esta dieta? en donde la mayor proporción de la ingesta, hoy en día se encuentra en el trigo, la grasa y los carbohidratos no refinados? Tal vez la respuesta se encuentre en las aspiraciones del consumidor mexicano y los modelos que los medios masivos nos promueven: el modelo de vida americano. Por supuesto que la mayoría de los mexicanos no obtenemos el ingreso que el americano promedio obtiene, y no podemos acceder a todos los productos a que él accede. Sin embargo, debido a la globalización del mercado y la propagación de franquicias, si podemos acceder a lo que el consumidor estadounidense promedio consume; de esta forma inconscientemente nos identificamos con el desarrollo, simplemente porque consumimos productos industrializados baratos y con muy poco contenido proteico.

Entre 1988 y 1999 mientras se trabajaba e implementaba el TLCAN la energía obtenida de las grasas se incrementó de un 23.5% a un 30.3%, mientras que la ingesta de carbohidratos refinados y refrescos se incrementó 6.3% y 37.2% respectivamente. Como resultado del cambio, el consumidor ha vivido una transición nutricional, la cual se caracteriza por un insumo calórico excesivo lo cual enfrenta actualmente al país con un incremento en la obesidad y sobrepeso tanto en niños como en adultos, y al mismo tiempo un gran incremento en la desnutrición de la población. Ocupamos el segundo lugar en obesidad de adultos después de Estados unidos y el primero en obesidad infantil, con esto queremos decir que somos el espejo en consumo de alimentos de Estados Unidos y por ende también en el impacto que este  tipo de ingesta tiene en los factores de riesgo de la obesidad, sobrepeso. Para México el costo de estos riesgos se ha incrementado agudamente y tendrá su mayor costo en un periodo de  20 a 25  años cuando los ahora niños se deberán encontrar en  la fase más productiva de su vida.

¿Qué se requiere hacer para aminorar el impacto que el TLCAN en el rubro alimentario ha tenido?

Aunque en Estados Unidos y Canadá hay organizaciones de pequeños agricultores que han pedido que se renegocie el TLCAN para que se proteja a los alimentos básicos y a la agricultura, en México son escasas las voces y propuestas para proteger los mercados de básicos. El sector agrícola en el segmento de pequeños productos requiere recibir no solamente apoyos fuera de tiempo, sino de toda una estrategia de canales de comercialización atractivos, generación de infraestructura de riego y  tecnología de punta competitiva para mejorar los rendimientos sin deterioro del medio ambiente, en paralelo con una estrategia y políticas para el cambio cultural de aceptación de las nuevas tecnologías, en donde un grupo multidisciplinario de expertos (agrónomos, sociólogos, ingenieros en hidráulica, geólogos y mercadólogos) que desarrollen e implemente nprogramas personalizados para cada región agrícola de acuerdo a la oportunidad y vocación de negocio. También se requiere de campañas publicitarias de concientización acerca del valor de la dieta tradicional del mexicano basada en el maíz bien llevada, y que lo identifica con una riqueza cultural y de adecuada condición física y de salud.

 

Resumiendo. A 20 años de la puesta en marcha del TLCAN podemos decir que ha cambiado la dieta del consumidor mexicano y ha vulnerado aún más la dependencia alimentaria, debido a que buscó globalizar los alimentos básicos de la dieta del mexicano; sin embargo aún es tiempo para que el Estado implemente estrategias y políticas que permitan impactar positivamente en la disminución de la pobreza alimentaria y la conciencia en el consumo de alimentos.

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