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Tortura, práctica cotidiana de la “justicia” queretana

Por: Víctor López Jaramillo

La tortura es una herida latente de la democracia. Sangra la justicia ciega coágulos de impunidad. La tortura sigue presente en la administración de justicia queretana. Es método habitual para arrancar confesiones, para segar vidas, sembrar culpas, cosechar muertes.

En la antigua Roma sólo se torturaba a esclavos y a pobres. Dos mil años después, en Querétaro sólo se tortura a los pobres que están indefensos ante un sistema, que como Saturno, devora a sus hijos marginados.

Pese a la alternancia democrática, Querétaro no ha erradicado las prácticas violentas de la justicia, quizá porque los personajes que reptan en los sótanos de la justicia son los mismos. Cambian los colores del gobierno, nunca los torturadores.

La tortura en tiempos del PRI

En los noventa, en los fines de la era priista, de las cañerías de la justicia se les escapó una prueba que mostró que los policías queretanos eran buenos torturadores.

Un moretón debajo del oído derecho alertó a los familiares de Roberto Hernández Rico de que éste no había muerto de un paro cardiaco. El joven de 28 años en realidad había muerto asfixiado.

“El Curkis”, que es como le decían, fue detenido a las 2: 40 AM del 1° de octubre de 1994, fue interrogado sin la presencia del Ministerio Público y de un abogado defensor y hasta las 11:15 AM, ante el mal estado físico del detenido, pidieron la intervención de un médico para que lo atendieran. pero ya no se pudo hacer nada para salvarle la vida.

Entonces, la Policía Investigadora Ministerial (PIM) era dirigida por Apolinar Ledesma Arreola, quien en tiempos del PAN llegaría a ser procurador y después titular de Seguridad Pública del municipio de Querétaro del 2003 a 2006 y Roberto G. Oviedo Serrano era el jefe del grupo asignado en dicha investigación a robo de negocio en donde resultó muerto Roberto Hernández.

Ante la queja de los familiares, quienes afirmaron que ésta no es la primera muerte que ha sucedido en los separos, la CEDH apoyada por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) solicitan una segunda necropsia, la cual se lleva a cabo el 10 de octubre en presencia de Pablo Enrique Vargas Gómez, visitador adjunto de la CEDH.
En las observaciones de la recomendación de la CEDH, se concluye que a “Roberto Hernández Rico, le fueron violados sus derechos humanos, al resultar muerto como consecuencia de los tormentos de que fue objeto durante el tiempo de su detención, la cual además fue de manera prolongada.”

La tortura en tiempos del PAN

El cambio de colores en el partido no significó mayor avance en la erradicación de la tortura en Querétaro. Cambió el color de gobierno, pero siguió el gobierno la misma aristocracia. En las cloacas de la justicia, los mismos torturadores.

Un informe de Amnistía Internacional (AI) de 2001, reveló que siete detenidos por la Procuraduría General de Justicia (PGJ) del estado fueron torturados. Acusados de secuestro y homicidio de policías, el informe de AI señalaba que no juzgaban si eran culpables o no los detenidos, sino que sus derechos humanos habían sido violentados al ser víctimas de tortura.

El procurador Apolinar Ledesma, viejo conocido del tema, guardó silencio.

Pero el gobernador panista Ignacio Loyola Vera no guardó silencio. Nunca supo estimar el preciado don de guardar silencio y se justificaba al decir que a veces los policías dan un “zape” al delincuente.

Pero la máxima aportación filosófica de Ignacio Loyola, hermano del actual alcalde capitalino Roberto Loyola Vera, fue su disertación entre madriza y tortura. El 26 de julio de 2002, Ignacio Guerra se metió a la fuente de Plaza de Armas para protestar porque su colonia no tenía agua. La policía se lo llevó y torturó. Pero, en la interpretación hermenéutica de Ignacio Loyola, eso fue simplemente una madriza.

Y así, el hermeneuta Loyola Vera también interpretó un accidente como un atentado. El 11 de noviembre de 2002, Ignacio Loyola viajaba con sus amigos en motocicleta por las apacibles carreteras de Querétaro. Unas motocicletas en sentido contrario se impactan contra la camioneta que conduce Eustacio Yáñez Ledesma.

Literalmente, Eustacio se impacta contra el poder. El accidente deja como saldo dos motociclistas muertos. Don Eustacio pierde la libertad y como consecuencia es torturado para que confiese que se trataba de un atentado contra el gobernador.

Y de vuelta el PRI

Tortura en tiempos del PRI y en tiempos del PAN. Nada cambia, los actores son los mismos, las mismas élites y los mismos pobres, los únicos que sufren la tortura.

José Miguel Urbina Franco está preso acusado de haber asesinado a un aficionado del América. La confesión del crimen fue arrancada bajo tortura.

¿Hasta cuándo permitiremos las prácticas de tortura en nuestro sistema de justicia?

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