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Tres meses de trabajo y a buscar otro

“Es que ya fue la campaña, ya nos van a correr”, le comentó una compañera a Carmen, quien trabajó para Santander

Foto: Yunuen Banda Calixto

Por: Miguel Tierrafría

Hace tres años Carmen entró a trabajar en una campaña de ventas que se llamó “Santander te reconoce”, la cual duró tres meses porque no tuvo éxito.

Antes de su despido, tuvo un accidente cuando iba rumbo a su trabajo y sufrió un esguince cervical que la mantuvo incapaci­tada por 15 días; al querer reincorporarse al trabajo, ya había sido despedida por la ‘em­presa’ que la contrató: el outsourcing.

Para entrar a Santander acudió a distintos outsourcing hasta que Manpower la reclutó para trabajar en Santander, éste le concedió una entrevista y pudo así entrar a trabajar a la recién planeada campaña.

“Estuve tres meses, primero es el periodo de capacitación que es como una semana ya ahí tambien te hacen un examen y quien no lo pasa pues fuera sin ningún tipo de pago, porque en realidad es tu periodo de prueba, creo que casi nadie lo reprueba, te dan chan­ce de entrar a la campaña aunque no hayas pasado el examen.

“Durante la segunda mitad de agosto, sep­tiembre, octubre estuve ahí”, afirmó Car­men, quien es estudiante de la Universidad Autónoma de Querétaro.

Ya con el puesto en el corporativo Santan­der, la cuestión era cuándo les darían gafetes como empleados, a lo que la empresa se jus­tificó con ellos con el argumento de que el chip salía caro, por eso aún no se les otorgaba y continuaron así sin ser validados ya como empleados.

Con el pasar de los meses, hasta finales de octubre es cuando le ocurrió un accidente en la avenida Bernardo Quintana cuando partía a su trabajo.

“Más o menos a finales de octubre tuve un accidente, iba en el taxi hacia mi trabajo, hacia Santander y tuve un accidente en Ber­nardo Quintana.

“Nos chocaron por atrás, entonces sufrí un esguince cervical y pues ya el Seguro me incapacitó, y la campaña no iba muy bien, ya habían despedido a gente y nos habíamos quedado sólo ciertas islas”, manifestó.

Mientras Carmen estaba incapacitada, ella tenía que llevar a las oficinas del outsourcing, en el corporativo Santander, un certificado de incapacidad por parte del Seguro Social.

Su sorpresa fue cuando “me encontré a una de las chavas y me dice ‘es que ya fue la campaña, ya nos van a correr’ y le digo ‘no manches, ¿en serio?’ Me respondió que sí. Así se quedó y dije ‘bueno, de todos modos yo estoy incapacitada’, eso me parece que fue después del 5 de noviembre y me dice ‘pero ya nos hicieron una entrevista de recolocación y tú estabas en la lista de recolocación pero pues ya fue la entrevista’”.

Antes de que concluyera su incapacidad, ella pidió a Manpower la entrevista de reco­locación de puesto, sin embargo, el outsour­cing no accedió porque ya había pasado el periodo de entrevistas para incorporar a per­sonas en otros puestos de trabajo, Carmen precisó que “prácticamente me despiden de forma injusta porque me hacen firmar mi re­nuncia, se acaba mi periodo de incapacidad y me despiden.”

“Te sacan como rateros”

Carmen recordó como, casualmente, cuan­do ella había acudido a llevar el certificado de incapacidad a Manpower, corrieron a algu­nos de sus compañeros, les dieron su cheque y les hicieron firmar la carta de renuncia.

“De repente fue así de pues ya, se acabó el trabajo, y de hecho la manera en que los corrieron, les dieron su cheque de finiqui­to y dentro de Santander hay una sucursal y ya no los dejaron ir a cambiar su cheque al banco, ya se tenían que salir, porque hay ciertas medidas de seguridad muy estrictas, no puedes hacer muchas cosas, no puedes tener el celular prendido, que lo hacen pero de todos modos hay medidas de seguridad, pero pues ese día eran prácticamente como rateros porque hubo como un resguardo.”

Ella precisó que como es soltera y nadie depende de su ingreso económico, el hecho de que la despidieran en cuanto terminó su incapacidad no la afectó, aunque ella resal­tó la manera en que de un día para otro los despidieron sin siquiera darle tiempo al em­pleado para buscar otra fuente de empleo con anticipación.

“No lo vi tan grave cuando me dieron de ba­ja porque soy soltera, no tengo a nadie a quien mantener, pero había muchas personas que en realidad sin trabajo pues si se quedaban sin comer, o sea si hubo injusticia dentro del despido: primero, porque nunca te avisaron como para empezar a conseguir trabajo y que te dijeran ‘mira, la campaña no va bien, tal vez te despidan pues igual y puedes empezar a buscar en otro lugar’.

“Pero pues nunca nos avisaron, la manera en que los despidieron tambien fue de un día nada más, fue de ‘bajen todos y váyanse, recojan sus cosas y váyanse’”.

“Dejar de vivir para sobrevivir”

Hasta antes de que el Congreso de la Unión aprobara la reforma laboral, el outsourcing funcionaba a consentimiento del Gobier­no Federal sin regular las condiciones de contratación que ejercen estas empresas, al evadir muchos de los derechos de los tra­bajadores.

En su experiencia de hace tres años, Car­men sentenció que el hecho de tener empre­sas de contratación no tiene ninguna ventaja porque el outsourcing “es una ganancia im­presionante para la empresa. Si haces cuentas se desvinculan de darle derechos al trabaja­dor. Con la reforma laboral pues ahora va estar peor.

“Sin embargo actualmente el único que tie­ne las de perder es el trabajador, porque el outsourcing hace muchas cosas, el outsour­cing no está obligado a pagarte Seguro y a veces te meten el mínimo y pues en realidad sí es cerrarse porque no tienes otra opción.”

Carmen señaló que con el outsourcing no se tiene garantía ni de trabajo ni de seguro mé­dico, para ella el ser soltera todavía implica un respiro porque no tiene a quien mantener, pero señaló el caso de las personas de las cua­les depende su familia y que no se tenga la certeza de tener el trabajo el día de mañana.

“De verdad que la empresa se sigue enri­queciendo con el trabajo de las personas, que en realidad se quedan con lo mínimo para sobrevivir, creo que es lo peor que nos puede pasar como personas el dejar de vivir para sobrevivir, y a qué costo estás sobrevivien­do”, concluyó.

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