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Trump

Luis Alberto Fernández G.

PARA DESTACAR: Fiesta demócrata no. Esa enorme minoría que encumbró con sus votos a Donald J. Trump lo hizo bajo el auspicio de uno o varios de los postulados más ajenos a los valores de la democracia moderna.

Algunos comentaristas de la televisión de Estados Unidos han afirmado que, independientemente de cómo votó cualquiera, la asunción de Trump es una celebración de la democracia. No lo creo.

Una muestra de uno de sus frutos más preciados, sí: la trasmisión pacífica del poder; cambio de élites sin violencia. No es poco, pero nada más.

Fiesta demócrata no. En primer lugar, porque el poco democrático mecanismo electoral estadounidense, de elección presidencial indirecta, operó notablemente para lo que fue creado: evitar que las mayorías populares pasaran sobre los intereses de la élite económica y, en aquel entonces -finales del siglo XVIII-, ilustrada.

Pero en segundo y más importante lugar, porque esa enorme minoría que encumbró con sus votos a Donald J. Trump lo hizo bajo el auspicio de uno o varios de los postulados más ajenos a los valores de la democracia moderna: igualdad, pluralismo, democracia, responsabilidad. Y también la libertad y la justicia.

Hoy racismo, machismo, intolerancia y prepotencia están en el poder y quienes se identifican con ello se darán cuerda, sin duda. La mayor parte del pueblo de los Estados Unidos no piensa como Trump. Pero no cuentan con el poder presidencial. Y no tienen mucha práctica en oponerse a las instituciones.

Ojalá que ese pueblo, no se resigne; ojalá que se oponga activamente. Sus antepasados políticos, los ‘Founding Fathers of the United States’, los mismos que inventaron los mecanismos para no perder el control, fueron también quienes se levantaron contra el autoritarismo de la Corona Británica y los primeros en la historia de la humanidad que dejaron escritos en una Constitución, Ley de Leyes, esos valores.

También sería de esperarse que los demócratas del mundo -particularmente, de Europa- y también de México, se opongan activa e inteligentemente al autoritarismo. No se enfrenta al tirano con sumisión, sino con reciprocidad. Cooperas, coopero; me defraudas, te defraudo. Si no por defender valores, por instinto de sobrevivencia. No es lo que ha mostrado el incompetente gobierno de México, desgraciadamente.

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