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Tus tres libros de cajón. Tres espectáculos de la FIL

Por: Luis Enrique Corona Mandujano

Pan caliente

Salieron los cuatro del hotel con maleta deportiva vacía en mano. Como un equipo de traficantes cruzaron la noche que azotaba a Guadalajara. Llegaron a la Expo Guadalajara donde se percibía un ambiente de fiesta, locura y demencia. ‘Derecho’, ‘Rojo’, ‘Manotas’ y ‘El Chore’ entraron a la Feria Internacional del Libro con una sola misión. No saldrían con su mochila llena de billetes, tampoco drogas, ni armas. Su búsqueda se reservaba solo a un objeto específico: tenían que comprar libros, muchos libros

 

Feria es la palabra primordial aquí, y es que la gente se olvida de eso por exaltar los libros, el valor del conocimiento y de paso burlarse de cierto presidente de elevado copete. Pero por sobre todo, se trata de un verdadero carnaval de las diversiones, llena de alegrías, payasos y marionetas.

Pero cuando cae la noche y empieza la venta nocturna, los apacibles y educados ciudadanos se trasforman en salvajes compradores. Los stands se llenan como latas de sardinas y las filas de las cajas superan a los bancos en quincena. Todos hacen cola infinita para comprar el ultimo tomo de ‘Game of Thrones’, y esperan con ansias que el autor les firme la adquisición. En este mundo, donde lo ‘geek’ y las letras se juntan, el Santa Claus de los nerds, George R.R. Martín, se convierte en dios.

Moverse en estos pasillos laberínticos es un reto para los cuatro protagonistas de esta historia.

‘Rojo’ anda tras la pista de marxistas muertos: los fantasmas que recorren la FIL: ya ‘El Capital’ es su biblia.

‘Manotas’ busca poetas y literatos latinoamericanos. José Saramago era su objetivo. ‘Derecho’ buscaba buenos libros de historia, su carrera frustrada; ‘El Cerro de las Campanas’ era su fetiche. ‘El Chore’ solo está ahí para cargar el botín, los puños eran su armas y proteger la maleta era su único interés. No volteaba a ver mucho los libros y se fijaba más en los precios que a pesar de las ofertas a él le seguían pareciendo excesivos.

Payasos

Unos caballeros muy distinguidos precedieron el acto chusco de la FIL. Eran unos moneros muy profesionales que amaban su trabajo y que disfrutaban de hacer chistes de fina estampa y referencia política. Todos integrantes de la revista ‘El Chamuco’, cada uno presentó libros con alto valor educativo, entretenidos en formato y ricos en contenido.

‘Patricio’ presentó un libro con la historia del México prehispánico, y ‘El Fisgón’ presentó un interesante estudio sobre el neoliberalismo, mismo que acompañó con un rap que divirtió a todos los invitados. Se preguntaban sobre Donald Trump e hicieron el típico chiste sobre el presidente Peña Nieto, que ya se siente desgastado pero que no deja de ser necesario.

Después llegaron los otros. Todos arregladitos, presumían que iban a dialogar sobre un tema de interés. El sistema anticorrupción o algo así. Hasta la fecha nadie de los que observaron ese espectáculo puede terminar de decidir si se trató de una obra de tragicomedia de intenso humor, o un verdadero debate político.

También parecía un clásico segmento de ‘Laura en América’, cuando el coordinador de la Red por la Rendición de Cuentas y una analista política calificaron de “amlover” a cierto senador del Partido del Trabajo. Claro que a este no le importó, pues estaba tratando de tener cierta historia romántica con un exsecretario de Relaciones Exteriores, que quiere ocupar Los Pinos por cierto. Y por ahí andaba el panista expresidente de la Mesa Directiva del Senado de la República, tratando de no ser invisible entre todo el drama que se desarrollaba en el recinto.

Golpes bajos e indirectas eran el plato fuerte entre estos “expertos” que no se dejaban ventanear enfrente del público expectante y sediento de sangre política. Al final no hubo acuerdo, ni derrotas, ni victorias, el amargo sabor del debate. Pero eso no evitó que los fans se abalanzaran contra estas “estrellas de rock” para pedirles fotos y halagar su figura intelectual ¡Qué bonito sería ser un senador!

Cigarros

Al final de tremendo espectáculo todos estaban cansados, había sido una grandiosa Feria del Libro, solo le faltó la visita del presidente y en su memoria todos los que fueron procuraron llevar tres libros de cajón aprendidos, o por lo menos el título y el autor.

Muchos libros de youtubers, los carteles de Margarita y su historia, arruinaron el aroma intelectual pero no estropearon el ambiente de fiesta. Sin embargo, nuestros héroes estaban exhaustos. ‘El Chore’ había cargado la pesada mochila con libros por todo el laberinto de la FIL y necesitaba un descanso.

Se encontró con un robusto y corto hombre de semicanosa cabellera y se acercó a preguntarle “¿Y ahora que sigue, amigo?”. Medio distraído, el hombre le contestó que buscaba un lugar para fumar un cigarro. Y a ‘El Chore’ se le antojó uno de esos tubos cancerígenos al escuchar su nombre.

Después de un rato, regresó a buscar al hombre y le dijo “oye, amigo, ¿tendrás uno de esos cigarros que me regales?”. El otro contesto: “¿qué pasó, chavo? no se fuma aquí”. Pero igual sacó la cajetilla y le obsequió un tubo antes de irse con paso ocupado.

‘El Chore’ salió a fumar su cigarro, pero cada bocanada era muy pesada, el humo era insoportable, casi como cien Marlboro, así que lo apagó. Se sentía muy delicado al abandonar ese placer tan rudo, y no dejó de preguntarse en todo el día: “¿pero qué clase de cigarros fuma Paco Ignacio Taibo II?”.

 

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