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Un desempleado con dignidad

Por Víctor Pernalete

Hace más de tres meses que no tiene empleo. Edgardo Viveros, de 41 años, se lo toma con calma. Aún conserva un porcentaje del dinero que le dieron de su última liquidación, además de que su esposa sigue trabajando.

Viveros asegura que les ha pasado lo contrario, de que su esposa pierde su trabajo y él sigue conservándolo, y que siempre se han apoyado en ese aspecto. La pareja no tiene hijos, por lo que la presión es menor a la de otros millones de personas.

Edgardo Viveros se tituló como licenciado en Teología, aunque aclara que la carrera llevaba el nombre de Ciencias Religiosas (en la UNIVA, una universidad católica), ya que la Secretaría de Educación Pública sólo así aceptaría el registro.

Cuenta también con una carrera técnica y un diplomado realizado en otra institución privada, éste en habilidades laborales.

Su experiencia es vasta. Como muchos podrían suponer, son pocos los puntos que lo unen a su carrera universitaria.

“Trabajé muchos años en el ramo industrial, en ventas y marketing, tengo experiencia en ese tipo de labor. También trabajé en una empresa que vende sistemas de pesaje para la industria. También trabajé en grupo Comercial Mexicana, como coordinador de consumos internos. Trabajé para Banamex”.

Aún así, el empleo no se ha dado. A Edgardo poco le importa que estos empleos no estén relacionados con su carrera universitaria, aunque aclara: “Tienen nada que ver, y a la vez tanto”.

Se refiere a la parte humana, algo que hoy en día parece total y completamente olvidado.

Su último empleo, sin embargo, sí tuvo que ver con su formación académica. Dio clase de Formación Ética y de Valores y de Formación Humanística en el Colegio México Nuevo, institución privada de corte católico. Los dueños al parecer decidieron quitar sus materias y, por lo tanto, Edgardo quedó sin trabajo.

A Viveros, como a muchos otros queretanos, las cifras que da el Gobierno Estatal sobre creación de empleos le resultan poco menos que irrisoria. Más de 25 mil empleos creados este año, anunció el gobierno comandado por José Calzada Rovirosa en días pasadas, rompiendo la marca que ellos mismos se impusieron. Pero hay muchos matices.

“Como ciudadano de a pie escuchamos estas cifras, tanto a nivel federal como estatal. Realmente no estoy de acuerdo con estas cifras. A mí me gustaría que hubiera más transparencia y que te desmenuzaran bien cuáles son los criterios que tienen para llegar a esos números. La realidad es distinta a esas cifras, contrasta completamente.

“Es algo que siempre me he preguntado. Dime qué fuentes de trabajo se siguen conservando, y a partir de cuándo se empezaron a generar. Hay gente que consigue trabajo y en tres meses lo deja, porque no se respetan las condiciones.

“A mí me ha pasado, simplemente no estás a gusto con lo que te ofrecen; la calidad del trabajo no te permite una estabilidad y permanencia. Es muy falaz hablar de estos números. ¿Son trabajos de calidad?”, cuestionó.

 

“Querétaro se destaca porque carece de estabilidad laboral”

Hablar de este tema le causa molestia. Y es Edgardo es uno de los miles de queretanos que no ven por ningún lado esos 25 mil empleos. Y si los ve, no llenan sus expectativas. Y es que en Querétaro hay una oferta amplia, pero aclaró:

“Es alentador en el sentido de que abres el periódico y encuentras una variedad de trabajos. En Querétaro no te mueres de hambre, sin embargo, no encuentras lo que tú quieres, a lo que te quieras dedicar y quieras desarrollarte. Querétaro se destaca por esto, no hay una estabilidad laboral. En cuanto no haya una reforma laboral, millones de personas van a estar así en la tablita”.

En cuanto a la remuneración, Edgardo Viveros también está inconforme. Muchos trabajos son de poca calidad, y los pocos que valen la pena, no ven reflejada equitativamente la relación costo-beneficio.

“Somos un estado que tiene catalogado un salario que corresponde a la realidad, porque Querétaro es muy caro, desde ahí te afecta. La remuneración, desde que yo llegué al estado, no ha sido muy buena. Son salarios que te exigen mucho y recibes lo necesario. En mi experiencia son bajos”, afirmó.

Edgardo sabe que hay otra cara de la moneda. Además de tener un gobierno preocupado por romper records, existen también los empresarios y empleadores que, aprovechándose de la delicada situación de los miles de solicitantes que pasan por sus oficinas de recursos humanos, no cumplen las condiciones prometidas y ofrecen salarios “de risa”.

“Mientras no se genere una reforma laboral seria, pensando en la realidad de nuestro país, va a haber empresarios que de manera ilícita que contratan personal, con condiciones pobres, indignas y que no ofrecen ningún crecimiento.

“Estos clásicos trabajos que ves en el periódico, en los que te llaman en una fecha y un lugar determinado, te juntan en grupos y te explican un negocio de sistema piramidal, y que resultan ser una farsa.

“¿Cómo es posible que el gobierno permita que este tipo de pseudoempresas se establezcan? Lo único que intentan hacer es engañar a la gente”, añadió.

Viveros, además, ve con desprecio a las outsourcing. Un servicio que muchos políticos encuentran total y perfectamente legal, mientras que otros los demonizan, aunque claro, sólo en discurso.

“El más fuerte en Querétaro en Man Power. Están alimentando al corporativo Santander. Contratan gente de manera indiscriminada, sin contar con los perfiles porque no están ofreciendo las condiciones adecuadas, Man Power es un ejemplo claro”.

Para estas empresas, lo importante es la cantidad de solicitantes. Porque, finalmente, el que no se encuentre a gusto puede retirarse, ya que en la fila hay otros tres esperando.

Las posibilidades de hacer carrera y desarrollarse como persona están completamente cercenadas. Un trabajador con tiempo en su puesto de trabajo, es un empleado peligroso. La rotación es brutal.

“Contrata gente a destajo, y por las mismas condiciones que ofrecen la gente sale y entra, hay una rotación tremenda para una empresa que maneja una esclavitud disfrazada”.

Edgardo lo tiene claro, no se trata de que les lancen huesos. La cuestión no es encontrar empleo a como dé lugar, sino tener posibilidades de calidad que le permitan desarrollarse como persona. Una visión mucho menos pragmática que la que se tiene hoy en día. “Por dinero baila el perro” reza un dicho popular. Hasta ahí hemos llegado.

“Yo creo que es una cuestión de calidad. He conseguido trabajo en dos semanas, pero he rechazado varios trabajos porque no cumplen con lo que ofrecen o no ofrecen lo que busco como ser humano, pero hay que comer. Ésa es la disyuntiva”.

La eterna disyuntiva

La juventud se ha enfrentado desde hace décadas a la gran disyuntiva de su vida. Seguir la línea de las pasiones, las aficiones y el desarrollo espiritual, estudiando lo que gusta; o por el contrario, la otra línea, la de la comodidad, la de la practicidad; la que dé dinero.

Es un hecho que Edgardo siguió su pasión. Estudió Teología porque era lo que le movía, sabiendo que jamás se haría rico en ello. Eso sí, tiene claro que tampoco es imposible vivir de ello, ya que el sector educativo le brinda la posibilidad de dedicarse a su carrera.

“Estudié porque me gusta. Estaba consciente que iba ser difícil, pero no imposible. Desgraciadamente se permiten muchos abusos. Hay una vigilancia, el gobierno permite muchos abusos, mi caso ha sido un constante peregrinar”.

Edgardo se lamenta de la dinámica social de hoy en día. La misma cultura lleva a las personas a considerar que lo importante está en el dinero, lo cual no sólo los aleja de la posibilidad de seguir sus sueños, sino que les afecta en su salud y relaciones interpersonales.

“Estamos inmersos en una inercia y dinámica social, un borreguismo que no te permite ser tú mismo. Esto al final te trae problemas hasta de tipo psicológico, porque no te permite desarrollarte en lo que te gusta, y no tienes tiempo.

“Puedes estudiar algo que te permita ganar un buen dinero y que te permita tener un buen patrimonio, Pero generalmente va a ir esto en detrimento de tu salud, mental y física, te va alejar de tu familia”.

Por último, Viveros invita a todas las personas a darse a respetar. No dejar que el contexto actual se los trague, sino sobreponerse a la situación y demostrar que ellos, como personas, valen más que cualquier empleo.

“Yo le diría a la gente que intente ser íntegra. Que sean fieles a sus principios y convicciones. Que no permitan ser pisoteados en su dignidad en ninguna ámbito, menos en el laboral. Sé que hay mucha necesidad y mucha gente tiene que aguantar humillaciones en el trabajo porque su familia tiene que comer”, manifestó.

Edgardo ha seguido esta filosofía en su vida. Su condición actual es producto de esta decisión. Estar desempleado no se resume en el hecho de no llenar un perfil, sino que ese empleo no llena su perfil personal. El México actual vive un paradigma que aunque muchos han decidido formar parte de él, algunos, como Edgardo, se han mostrado como los románticos rebeldes. Deja una frase lapidaria para el final.

“Soy de la idea, y tal vez por eso sigo desempleado, no he permitido que pisoteen mi dignidad”, concluyó.

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