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Un ‘Dragón’ morirá

“Mi mujer y mis hijos están muy tristes. Me dicen: ‘Papá, no queremos que te mueras’. Ya no me queda mucho tiempo… Yo lo sé. Lo acepto.

Gerardo Mata se ha resignado a la muerte. Durante 38 años (casi la mitad de su vida) escupió fuego en los cruces de avenidas para subsistir. Inhalar y exhalar gasolina volatilizada durante tanto tiempo dañó gravemente su sistema respiratorio; desarrolló un carcinoma en el pulmón derecho; lo cual llegó luego de un accidente.

“Mi mujer y mis hijos están muy tristes. Me dicen: ‘Papá, no queremos que te mueras’. Ya no me queda mucho tiempo… Yo lo sé. Lo acepto. Para llevarle el pan a mi mujer yo hice de ‘dragón’ y ahora tengo qué pagar la quimioterapia. Para este 6 de junio tengo qué pagar 7 mil pesos; ya nada más me faltan 700”, me explicó.

Tiene la mejilla izquierda raspada, y el brazo y una costilla derechos fracturados. Usa una sonda para orinar y una muleta para caminar, a la que tiene amarrada una botella recortada a la mitad, para recibir monedas de las personas a las que explica su situación y pide caridad. Su familia le pide que mantenga reposo, pero se niega a hacerlo.

Su vida como tragafuegos comenzó en San Luis Potosí, donde nació en 1938, y había quedado atrás. Después de varios años de matrimonio y tener dos hijos, se dedicó a la construcción, y su vitalidad fue tal que siguió trabajando hasta hace poco. Un día colocaba las maderas de molde para la construcción del techo de un segundo piso; resbaló y cayó hacia un pasillo de la casa. La barda del pasillo raspó su mejilla y el impacto en el suelo rompió su húmero y una costilla sobre la que se este se presionó.

Después de ser hospitalizado su condición empeoró; luego le fue detectado el cáncer. Su andar es desenfadado, su mirada delata un cansancio entumecedor y su voz una serenidad incorruptible. También necesita la atención de un quiropráctico, porque las lesiones le impiden tomar asiento y debe permanecer de pie todo el tiempo que no está en su casa recostado.

Es infrecuente ver a alguien en su condición abordar los camiones para pedir ayuda; casi siempre son los familiares; y menos a alguien con una mente tan resuelta y un carácter a la vez tan sensible. Importa poco si existe o no un paraíso: Él ya lo tiene para dentro de sí. “Usted es joven: Viva su vida dignamente. Yo ya casi me voy, Dios me guarde, pero sí le digo a todos eso: Viva su vida dignamente”.

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