Un timbre, una mirada y el viaje que terminó mal

Como ciudadana de San Juan del Río, viví una situación lamentable a bordo de un camión de transporte público de la Ruta 2 en San Juan del Río con placas A57550T, el sábado 8 de diciembre, entre 3:00 y 3:30 p.m.
Como lo indica el reglamento -y como está escrito dentro de los propios camiones- yo toqué el timbre una cuadra antes de mi destino. Sin embargo, el conductor frenó de manera brusca, pero, como aun no era mi parada, no me moví. Sin embargo, podía sentir su mirada acusadora en mí, voltee a verlo y el me miro por el retrovisor y me corrió del camión con un “pues bájese”.
Yo de manera calmada le expliqué que la parada estaba a la vuelta, pero el conductor me respondió: “Sí, pero ya tocaste el timbre, ¿no?”.
Aun sin corresponderme bajar en ese punto, descendí por la actitud hostil del operador y con el miedo de que su molestia y enojo, lo llevara a ocasionarme daño. Además, este mismo camión llegó con 30 minutos de retraso: debía arribar a las 2:15 p.m. a la Universidad Tecnológica de San Juan del Río, pero llegó hasta las 2:30 p.m. Durante esta media hora de espera, más de 30 personas, estábamos en espera del camión para poder continuar con nuestro día o al menos, llegar a la parada de 5 de mayo.

En cuanto llegué a mi casa, marqué al número de quejas que está escrito dentro y fuera de los camiones: 4422117000. Vi en mi celular que, de aparecer el número, se cambió a “Agencia de Movilidad del Estado de Querétaro”, me sentí con esperanza de ser escuchada pero esa esperanza se desvaneció en cuanto la llamada fue terminada antes de ser iniciada. Ni siquiera entró la llamada.
Esta no es la primera vez que, como usuaria del transporte público, vivo comportamientos groseros por parte de conductores. Cuando aún era estudiante, hace dos años, hice la parada para tomar el camión en la mañana hacia la universidad. Me subí, le dije “buenos días” al conductor, pero en cuanto vio mis cuatro pesos en mano junto con mi credencial, me corrió del camión. ¿Su motivo? Que ese día no había clases… pero ni siquiera me dio la oportunidad de pagarle los 10 pesos, el pasaje completo. Solo, me corrió. Sin contestarme mis “buenos días”.
El retraso en rutas y el mal servicio son constantes y afectan diariamente a estudiantes, trabajadores y familias que dependen del transporte público para moverse con seguridad y dignidad.
Sin mencionar la discriminación que sufre la población adulta mayor. En cuanto suben, se les espera que tomen asiento de inmediato, y aun estando de pie, el conductor retoma su viaje con prisa, y esta acción, puede afectar su salud física.
Hago un llamado respetuoso a las autoridades para que atiendan estas situaciones que vulneran a la ciudadanía y afectan la confianza en el servicio de transporte.



