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Vidas amenazadas por el Estado: caso Acteal-Ejido Puebla

Por: Diana Limón Loaeza

Hace poco más de 16 años, en la comunidad de Acteal, Chenalhó, Chiapas, se ejecutó una de las masacres más terribles de la historia de nuestro país.

El 22 de diciembre de 1997, un grupo de paramilitares asesinó a 49 personas (4 no nacidos) que se encontraban realizando oración en la ermita de Acteal para pedir por la paz y la justicia en sus comunidades. La población indígena de Chiapas vivía un clima de violencia y terror sembrado por grupos armados por los gobiernos municipal, estatal y nacional.

La Sociedad Civil de las Abejas de Acteal experimentó la consecuencia de organizarse y luchar por sus derechos como pueblos indígenas; la muerte.

Las Abejas apoyaron las demandas del EZLN desde su levantamiento en enero de 1994, pero a diferencia del EZLN, estas comunidades eligieron la resistencia pacifica.

Entre 1994 y 1997 ya se advertían las estrategias del Estado mexicano para exterminar cualquier idea, persona, movimiento u organización que pretendiera buscar justicia, libertad, igualdad, democracia y la recuperación de los derechos que les han sido negados durante siglos a los indígenas de México.

Comunidades enteras desplazadas, quema de casas y disparos durante largas temporadas manifestaban la presencia de grupos paramilitares en acción y formación

La masacre de Acteal fue un crimen de Estado que se cubrió con mentiras y omisiones por parte de los tres niveles de gobierno quienes se convirtieron en cómplices y responsables de que la justicia aún no llegue a sobrevivientes y familiares de los mártires de Acteal.

Hoy en día los paramilitares que participaron en la matanza de 1997 están libres. Regresaron a las comunidades. La herida sigue abierta y la población de Acteal convive con los causantes del dolor más grande que han experimentado: los asesinos de sus hijos, hijas, padres, madres, abuelos y abuelas son ahora sus vecinos. Se vuelven a escuchar a lo lejos disparos por las noches y el temor de que se repitan los hechos de 1997 está presente otra vez.

La Sociedad Civil de las Abejas de Acteal se ha mantenido firme durante todos estos años, siempre recordando y exigiendo justicia por los hechos acontecidos aquel 22 de diciembre de 1997.

Acteal se suma a una serie de crímenes perpetrados por el Estado a través de la estrategia de guerra contrainsurgente del Plan de Campaña Chiapas 94, el cual se echó a andar después del levantamiento armado del EZLN en la zona del Norte, y en la Selva, hasta extenderse a los Altos de Chiapas. Además de la masacre de Acteal hubo desapariciones y desplazamientos forzados, violencia y  asesinatos que siguen impunes.

Acteal se ha solidarizado con denuncias de otras comunidades que sufren hostigamiento, violencia e intimidación por parte de grupos paramilitares y algunas autoridades que provocan enfrentamientos entre hermanos para despojarlas y despojarlos de sus casas, tierras y otros recursos naturales que son parte de su territorio.

El año pasado, hace más de cinco meses, se presentó una serie de agresiones contra algunas familias que eran bases de apoyo del Ejército Zapatista de Liberación Nacional y contra otras más pertenecientes al Ejido Puebla del municipio Chenalhó. La agresión la cometió un grupo de partidistas (priistas y perredistas). La denuncia se realizó a través de la Junta de Buen Gobierno de Oventik, y por medio del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas.

Debido a las constantes agresiones, ataques y acusaciones sin fundamento, las familias se vieron obligadas a desplazarse del Ejido Puebla. Algunas se refugiaron en casas de familiares, otras con bases de apoyo del EZLN y otras cuantas fueron recibidas en la comunidad de Acteal, con la Sociedad Civil de las Abejas.

A finales del mes de agosto se instalaron en Acteal cerca de 100 personas, 17 familias aproximadamente. Entre estas personas se encuentran niños, niñas, jóvenes, mujeres y hombres que se preocupan  por sus vidas y que no pueden regresar a sus casas por temor a sufrir la represión de los partidistas.

Recibir a las familias desplazadas del Ejido Puebla requirió y sigue requiriendo de donaciones y apoyos para atender necesidades básicas como alimentación y salud.

Algunas comunidades que pertenecen a la organización de la Sociedad Civil de las Abejas y otras que trabajan con la Parroquia de Chenalhó han donado costales de frijol y maíz para que se pueda proporcionar alimento a los desplazados.

A través de las redes solidarias se ha podido dar difusión a los productos, medicamentos y apoyos que se requieren a la mayor brevedad.

En diciembre tuve la oportunidad de ir a Acteal y me encontré una comunidad muy diferente a la de mis recuerdos, ahora hay casas de emergencia donde viven decenas de personas, tendederos llenos de ropa que atraviesan el centro de Acteal, la cocina esta llena de actividad, ahí se encuentran mujeres, niños y niñas mientras los hombres trabajaban en la organización de los eventos para conmemorar el aniversario de la masacre.

Personalmente, pude platicar con algunos de los desplazados. Me explicaron que gracias al apoyo de otras comunidades han podido comer pero que los menores de edad están enfermando mucho por la temporada de frío y no hay medicinas para todos, además de que, hasta la fecha, aún no cuentan con atención médica

Los pocos medicamentos que llegan a la comunidad son administrados por los promotores de salud quienes junto con la mesa directiva ya solicitaron el apoyo de algún doctor solidario que brinde consultas a los desplazados y así se pueda atender en medida de lo posible las enfermedades que padecen.

La situación en Acteal y de los desplazados del Ejido Puebla es por demás alarmante. Siguen experimentando hostigamiento, amenazas violentas e intimidación por parte de autoridades, partidistas y paramilitares de la zona. Las abejas han denunciado y advertido en repetidas ocasiones el terror que están viviendo a través de sus comunicados mensuales y otros medios libres y solidarios.

Hoy Acteal es nuevamente uno de cientos de casos donde el Estado lleva a cabo estrategias de exterminio. Aniquilar cualquier semilla que parezca florecer, esa es la misión de los gobiernos y las distintas instituciones que pretenden vender la justicia al mejor postor.

Ya no se trata únicamente de dar la mano, de voltear a ver por debajo del hombro. No es altruismo lo que necesitamos. Necesitamos organización, declararnos en contra de este Estado represor y asesino de todos aquellos que pensamos diferente para generar alternativas de resistencia a este sistema empeñado en desaparecer la dignidad y la esperanza.

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