Violencia estética: ¿Qué es lo que ves en el espejo?

Existen muchos tipos de violencia, pero hay algunas que vemos todos los días y no nos damos cuenta. Entre la violencia física, sexual, psicológica y otras más, existe también la violencia estética.
¿Qué ves cuando te miras en el espejo? —preguntó Maricruz Ocampo Guerrero durante la conferencia El mito de la belleza: violencia y discriminación, organizada por la Sociedad de Científicos Anónimos de Querétaro el pasado jueves. La violencia estética ha recaído durante mucho tiempo sobre las mujeres, desde niñas y jóvenes hasta mujeres de la tercera edad, impidiendo una plena y satisfactoria aceptación de lo que cada una ve en su reflejo.
La delgadez extrema, las cejas definidas, el busto y los glúteos de buen tamaño son algunos de los estándares de belleza que se espera ver en las mujeres. Sin embargo, todos ellos son prácticamente imposibles de poseer de manera natural, pues para replicarlos se requieren intervenciones quirúrgicas, depilaciones dolorosas y dietas extremas. En esta imposibilidad radica la violencia, ya que se espera que las mujeres alcancen un estándar de belleza inalcanzable.
Frases como: “La suerte de la fea la bonita la desea”; “La belleza cuesta”; y “aunque la mona se vista de seda, mona se queda” son algunos ejemplos que evidencian la dualidad de esta violencia. Dejan en claro que, hagan lo que hagan, las mujeres NO ganan. Por un lado, se les exige “estar arregladas” para verse bien, pero, por otro, se considera innecesario gastar en cosméticos, pues se les dice que, por más que lo intenten, nunca lograrán verse bien.
Sin embargo, estas exigencias no sólo residen en cuestiones estéticas, sino que trascienden límites, que provocan que la hipersexualización sea impuesta por una sociedad que aplaude las ombligueras y las minifaldas en niñas, pero que al mismo tiempo la culpa de la violencia sexual de la que pueden ser víctimas solo por usar ropa “inapropiada”.
Además, la integridad psicológica, la salud física y la autoestima se ven gravemente afectadas, lo que deja una marca en la vida de cada mujer o, en algunos casos, las lleva al suicidio ante la imposibilidad de cumplir con cada petición. Durante rueda de prensa, Maricruz Ocampo respondió a algunos cuestionamientos:
– ¿Qué acciones se están llevando a cabo o qué se debería empezar a hacer en el estado para concientizar y prevenir la violencia estética?
– Lo que podemos hacer es cambiar nuestro metro cuadrado, es decir, la escuela, el trabajo, la familia, la colonia, etc. Porque en estos espacios muy probablemente podré incidir en personas que me escuchan, en lugar de intentar tener una reunión con Mauricio Kuri, que, por cierto, no me ha recibido desde que llegó a la gubernatura. En cuanto a nuestro metro cuadrado, debemos evitar hablar sobre el aspecto físico de las mujeres y darles libertad a las niñas para decidir cómo quieren vestirse, de manera que se sientan cómodas. Pero también es importante reflexionar: ¿qué les estamos diciendo a los niños? Frases como “No te dejes el pelo largo, pareces niña” refuerzan estereotipos dañinos.
Ahora, a nivel estatal, y es algo que yo he mencionado mucho, se deben eliminar los uniformes distintivos entre niñas y niños, es decir, la falda y el pantalón, porque la mayoría podría usar pants, lo cual incluso sería más económico para las familias, ya que una hermana podría donar su uniforme a su hermano. Esa es una medida, pero otra sería evitar los nombres de bares con referencias como “La ingrata”, ya que refuerzan la revictimización.
Además, se debe evitar acudir a lugares como Hooters, que cosifica a las mujeres, así como a antros donde primero dejan entrar a las mujeres y, a medianoche, a los hombres, porque lo que realmente están vendiendo son mujeres en estado de ebriedad, entre muchas otras problemáticas.
– ¿Ha habido iniciativa por parte de alguna institución privada o pública en contra de estas violencias?
– Tenemos muchas. Es decir, nuestro ordenamiento jurídico es de los más avanzados que existen. Por ejemplo, la paridad en los espacios de toma de decisiones y la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, en donde se describen violencias sumamente naturalizadas, como la obstétrica, la laboral o la doméstica.
También contamos con una Secretaría de las Mujeres y con un proyecto en el que pude participar, mediante el cual se entregará a todas las mujeres una cartilla con sus derechos, para que tengan pleno conocimiento de ellos. Muchas no los conocen; es decir, no saben que tienen derecho a la educación, a la salud, etc.
Se ha logrado implementar el reconocimiento de la violencia vicaria, aquella en la que se utiliza a los hijos para lastimar a la expareja. Sin embargo, aún hay deudas pendientes, como la discusión sobre el aborto, la cual ya nos adelantaron que no se llevará a cabo. Es claro que se va a despenalizar, pero tal vez no en esta legislatura, porque hay resistencia al tema.
Tampoco se ha logrado el reconocimiento de ciertos tipos de violencia, como el acoso sexual callejero, el cual se está intentando visibilizar, aunque sea como una falta administrativa. La violencia estética, a pesar de parecer superficial, es una de las que más vivimos día a día. Empezar a trabajar en esta, que parece pequeña, nos ayudará a combatir otras aún más graves.



