“¡Viva la México!”: El monumental grito de la música pop

El 23 y 26 de abril, la Ciudad de México fue testigo de un momento que pasó a la historia de la música pop: dos de las cantantes norteamericanas más famosas y aclamadas por el público internacional, arribaron al país tricolor para convertirlo en la capital del pop, al menos durante aquella semana. Este es un recuento de cómo se vivió la icónica visita.
Aquí voy de nuevo, me estoy enamorando
El primer rayo de sol durante la mañana del 23 de abril ya tenía en su aura un toque abrillantado, y despertaba en 22 mil fanáticos el portal a un sueño que en algunas horas se volvería realidad.
En sus primeros minutos, el sábado 26 de abril ya tenía una vibra teatral y barroca, misma que lanzaba un hechizo y te obligaba a pensar, ¿qué pasará hoy frente a más de 60 mil almas?
A una de esas almas, la protagonista e intérprete de “Last Friday Night” , no se le veía en México desde el 2018, con su gira “The Witness Tour” , donde mostró al mundo su lado más vulnerable, frente a una intensa ola de odio y cancelaciones que sufrió por… en realidad… ningún motivo. Un momento que los “Katycats” recuerdan con oscuridad.
A la segunda protagonista e intérprete de “Alejandro”, sus seguidores no la habían registrado en tierra azteca desde hacía 13 años, cuando trajo su “Born This Way Ball Tour”, gira que fue cancelada ese mismo año por lesiones en la cadera de la cantante. Otra sombra pero, esta vez, para los “Little Monsters”.
Sin embargo, el 2025 pintaba con mayor luz para ambos fandoms: en septiembre del año pasado, la exjueza de American Idol anunció su sexto álbum de estudio, “143”, que en numerología quiere decir “I Love You”. Con un gran peso futurista, la cantante norteamericana regresaba a la música junto a un semblante renovado y lista para triunfar.
Por otro lado, en enero del presente año, la encargada del medio tiempo en el Super Bowl LI, anunció su séptimo álbum de estudio, “Mayhem”, luego de haber protagonizado, junto a Joaquín Phoenix, The Joker 2, una película que tuvo un crítica muy contraria a su último material discográfico.
Voy a bailar hasta que me sienta bien
La noticia de que la chica californiana llegaría a México con su nueva gira, sucedió en uno de los momentos que internautas recuerdan con humor y algo de vergüenza. El 13 de noviembre del 2024, el programa matutino Venga La Alegría recibió a la cantante de 40 años, con un homenaje a su trayectoria que más bien pareció provocarle incomodidad y desconcierto, o al menos eso dejó ver en su rostro.
Entre un humor extraño y dinámicas sin sentido por parte de TV Azteca, la artista internacional logró llegar al final del programa solo para dar su anuncio más importante: el arranque de “The Lifetimes Tour” comenzaría en México, con su primer concierto el 23 de abril del 2025, en la Arena Ciudad de México. Para entonces, el internet ya estaba inundado de memes y críticas a la televisora de Ricardo Salinas Pliego.
Por su parte, la cantante neoyorquina anunció desde inicios de este año que encabezaría el Festival de Música y Artes de Coachella Valley, mejor conocido como “Coachella”. No había estado presente desde el 2017, cuando su álbum “Joanne” tenía poco de haberse estrenado. Luego, a inicios de marzo, el país tricolor se paralizó con una noticia ya rumoreada pero que pocos confiaban en que fuera cierta: “¡Viva La Mayhem!”, un concierto especial llegaría a México el 26 y 27 de abril, en el Estadio GNP Seguros, y gobernaba la duda: “¿Será el mismo show que presentará en Coachella?”.
La venta de boletos para “The Lifetimes Tour” fue gradual, organizada y con sabor a algodón de azúcar: pocas personas no lograron alcanzar boleto, pues la intérprete de “E.T.” ofreció siete fechas para sus fanáticos mexicanos. Una infinita gracia envolvió a los acreedores de sus boletos digitales, y aunque inicialmente cuestionaron que fuera Super boletos, el anfitrión de la vendimia, el éxito de la compra alivió cualquier riesgo de apagar el fuego artificial.
En el otro escenario, Ticketmaster lo volvió a hacer. Aunque la “Madre Monstruo” ofreció dos fechas para sus conciertos, miles de fanáticos se quedaron sin entradas. Tres pre-preventas para miembros millonarios de Banamex y dos ventas generales convirtieron la compra en un mal romance para más de uno. Lágrimas, enojo y estafas de revendedores por todos lados en internet. ¡Vivan los que alcanzaron boleto! Y esta vez la plataforma no pudo ni advertir que se agarraran fuerte.
¿Me ves ahora? Te he estado esperando, llorando
El norte de la Ciudad de México comenzaba a recibir, desde temprano, neumáticos foráneos que transportaban a una generación entusiasmada y apasionada como su diva pop favorita. Ellas y ellos crecieron cantando “I Kissed a Girl”, “Hot N Cold” y “California Gurls”, mientras, seguramente, apenas terminaban el grado de primaria, o vivían su sueño adolescente en la secundaria.
Allá por el sur de la CDMX, el Metro desprendía rayos de fama, mientras el concreto se convertía en el soporte de vehículos, grandes y pequeños, que transportaban creatividad, pasión y cánticos grupales. Eran las canciones más nuevas y más viejas, las más recordadas y las más desconocidas. No importaba si era “Poker Face” o “Dance In The Dark”, “Telephone” o “Venus”, todas y todos iban movidos por su corazón de diamante.
Pantalones plateados, botas galácticas, tiburones azules y hongos colorados revestían la fachada de la Arena CDMX. Entre risas emocionadas y poses para las fotografías, las puertas del recinto ya sentían las miradas ansiosas que imploraban la apertura a su interior. No era para menos, pues desde adentro explotaba un eco donde se podía confirmar que las pruebas de sonido estaban ocurriendo.
Cuando las entradas por fin se abrieron…
Los Pequeños Monstruos también imponían pasarela. Tacones altísimos, pelucas respingadas, látex y actitud: los siete álbumes de su artista favorita desfilaban en el estadio más grande de México, el antiguo Foro Sol. Entre pulseras de la amistad, mercancía oficial o no oficial, y bicitaxis con la velocidad más alta que la música de sus bocinas, los fanáticos ya estaban dispuestos a casarse con la noche, junto a los accesos … Fueron los sueños quienes ingresaron.
Muéstrame que me llevarás al Nirvana
Cuando entras y logras ver el espectáculo que estará a punto de ocurrir, es cuando sabes que cada peso y esfuerzo invertido ha valido la pena. Desde quienes pagaron en lo más alto un boleto de 800 pesos, hasta quienes compraron paquetes VIP arriba de 20 mil pesos. En gradas o en general, junto al escenario o junto a tu persona favorita, el espectáculo prometía una experiencia inolvidable.
Por un lado, un escenario en forma de infinito, que atravesaba toda la cancha general, y sus pantallas a manera de mosaico, recordaban a los fanáticos los momentos en el pasado de la cantante: un collage de sus videos musicales y alguno que otro video en vivo del público, que ya abarrotaba las barricadas. Por el otro lado, unos pilares barrocos color marfil, casi en ruinas, recordaban a los fanáticos el “Born This Way Ball Tour” y ponían fin a la duda instaurada: sí, sería el mismo show que en Coachella.
La emoción, los nervios y la pasión se combinaron, de pronto, en una chispa al interior. La temperatura subió, el suelo desapareció y las luces dejaron de existir: ahora solo quedó suspendido el eterno grito del masivo encuentro histórico en la Ciudad de México. La luz volvió a la vida e iluminó a las dos cantantes pop más esperadas de este año.
Se trataba de un videojuego bajo la ciencia ficción, en donde la madre de los “Katycats” tenía que salvar al mundo postapocalíptico de una malvada Inteligencia Artificial, y liberar la fuente de energía más preciada de la tierra: las mariposas. Ella apareció en el escenario dentro de una cápsula suspendida en el aire, y flotaba dentro como si estuviera poseída por la tecnología. “Who’s gonna save us, from losing our minds?”, fue “Artificial” la canción de apertura, junto a “Chained To The Rhythm” y “Teary Eyes”.
Era un teatro oscuro con la dualidad como protagonista, una puesta en escena que reflejaba el dolor, la lucha y la superación interna de la aclamada artista estadounidense. Apareció en el escenario sobre un enorme vestido rojo de terciopelo, mismo que albergaba a sus bailarines tras las rejas de una prisión. “I’ll dance, dance, dance, with my hands, hands, hands, above my head”, fue “Bloody Mary” la canción de apertura, junto a “Abracadabra” y “Judas”.
Bailó con esqueletos sonrientes, venció a su yo del pasado; se elevó sobre sus seres amados, bajó para sonreírles con su tacto. Una luchó contra serpientes, la otra con sus demonios internos. Ambas al máximo decibel, bajo láseres y reflectores que abrillantaban los ojos de los espectadores. Cada una con su estilo, cada una sobre su escenario, pero con la misma fuerza con la que ruge un león.
Las estrellas bajaron por un momento del espacio, allá donde estuvo por minutos el 14 de abril, para recordarle que hay algo para ella fuera del odio irracional en internet: el amor eterno e infinito de sus fans. Las estrellas volvieron a bajar tres días después, para encender de nuevo el camino de la fama que, en ocasiones, le ha ocasionado mucho dolor. De un lado a otro, de izquierda a derecha, de un corazón a otro, las estrellas, que más bien eran flashes de celulares, danzaron al ritmo de “Wide Awake”, en la Arena CDMX, y al ritmo de “How Bad Do You Want Me”, en el Estadio GNP.
Cuando empezaron a sonar los primeros segundos de la última canción, la energía comenzó a despedirse. Las luces brillantes, por un lado, y las luces rojas, por el otro, cerraron el telón del histórico momento en la CDMX. “Firework” conquistó el alma de quienes esperaron siete años el regreso de su diva pop favorita. “Bad Romance” enamoró, una vez, a quienes esperaron 13 años para ver en su hogar a la madre de todos los monstruos. El escenario descendió, la silueta se absorbió, y de pronto, solo el monumental grito permaneció.
Si el mundo se acabara, me gustaría estar a tu lado
Con cada paso rumbo a sus hogares, el tiempo parecía de otra dimensión. Las risas desveladas, las voces gastadas, las lágrimas resecas, los corazones contentos, se mezclaban entre la oscura y frenética urbe. Resonaron en cada rincón las palabras de una de ellas:
“Estoy muy contenta de haber comenzado mi gira en México, porque ustedes se lo merecen todo. Son fuertes, son inteligentes, son poderosos. Nunca olviden eso (…) ‘¡Viva la México!’”, exclamó una de ellas, el 23 de abril, con la guitarra acústica que cruzaba su pecho.
“A todos mis hermosos Pequeños Monstruos, es un honor para mí estar aquí, en su hermoso país (…) Estoy orgullosa de compartir este momento con ustedes nuevamente, solo que esta vez no es el final, sino el principio (…) ‘¡Viva la México!’”, declaró la otra, el 26 de abril, en el balcón de su estructura barroca, con una bandera tricolor extendida.
“¡Viva la México!”, gritaron ambas. La noche se desvaneció, como el fantasma de la pista de baile. Los coches se perdieron en la oscuridad, así como en las luces borrosas de la ciudad. Y las dos divas pop, con el mismo gusto hotelero, se fueron a descansar: al prestigioso Four Seasons, se fueron a cobijar.
Y si hasta ahora ha prevalecido la duda de quiénes son las dos divas pop que hicieron temblar a la Ciudad de México en la misma semana de abril, a continuación es revelado: se trata de la única cantante femenina en empatar a Michael Jackson, con cinco sencillos en el número 1 del Billboard Hot 100, así como de la multipremiada por los Grammy y ganadora del Óscar a Mejor Canción Original en el 2019: Katy Perry y Lady Gaga, respectivamente Las únicas.






