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Volveré cuando mejoren las cosas, cuenta migrante serrano

Por ahora trabaja mientras que el clima lo permite, aunque está latente la amenaza de Trump

Camelia Robles

PARA DESTACAR: En cuanto al precio del dólar, el cual ya rebasa los 21 pesos, Antonio señala que es algo muy bueno, porque cada remesa enviada a México se multiplica, aun cuando los precios de muchas cosas suben, incluyendo el cobro del “coyote”, que aumentó en 2 mil dólares sus servicios.

Landa de Matamoros, Qro.- Suena el timbre del teléfono… “Bueno,  amá, ¿cómo está?”, dice una voz profunda, bastante ronca para un joven. Su madre le contesta. La alegre señora se pavonea mientras le cuenta todo lo que pasa en el rancho.

Hace dos años que él cruzó la frontera por Nuevo León. Antonio se fue a Estados Unidos para ganar dinero, construir su casa, comprarse un auto y regresar a México para casarse.

Antonio es uno de los migrantes que forma parte del millón de personas que en 2014, de acuerdo con cifras de la Organización Internacional para las Migraciones, pasaron la frontera para radicar en el vecino país de norte.

‘Toño’, como lo llama su familia, nació en Pinalito de la Cruz, una comunidad al norte de Landa de Matamoros. Solamente estudió hasta la secundaria y enseguida comenzó a trabajar en lo que pudo: de ayudante, de albañil y de “chalán”. Ya no quiso seguir sus estudios, tenía que ayudar a su madre y a sus hermanos, ya que él es el mayor de una familia de cuatro integrantes.

Su padre, Damián Camacho, falleció en octubre de 1997 por una deshidratación cuando intentaba cruzar de “mojado” la frontera por el desierto. Un mes después, su cuerpo fue repatriado. Toño acababa de cumplir cuatro años, su hermano Ricardo tres y su hermana menor tenía apenas diez meses.

Cuando Antonio tenía 19 años viajó a Georgia por unos meses, con una visa de trabajo. Estuvo en el corte de zarzamora y pronto regresó. Esta experiencia le sirvió para valorar la libertad y los salarios justos. Trabajaba demasiado y le pagaban muy poco, además de que pasó todo ese tiempo en el campo, sin poder conocer Atlanta.

A sus 21 años, ‘Toño’ llegó a Denver, en el estado de Colorado. Se ha apoyado con sus compatriotas, quienes le enseñaron cómo vive un migrante en el “otro lado”. La mayor dificultad con la que se ha topado es el idioma. El no saber hablar inglés ha impedido que lo contraten en buenos trabajos.

Según Antonio, lo que más hay para trabajar en donde estuvo es el ‘Rufin’, un material que se usa para los techos de las casas norteamericanas. Depende del contrato, si es por tiempo o por rollo de Rufin, pero en general, un trabajador obtiene de 80 a 100 dólares por jornada. Cerca de 1730 a 2158 pesos con un tipo de cambio de 21.58 pesos por dólar.

Otra labor muy popular entre los mexicanos que viven en Colorado es la construcción. En específico, la hecha con piedra. Hay algunos que sacan los bloques, otros que lo trabajan para diseño y los últimos, los cuales colocan el material en las paredes de casas y edificios. Por este trabajo ganan de 100 a 150 dólares diarios, aunque es muy pesado.

Cada quince días, Antonio envía una remesa a México. Su madre, Marcela, le administra su efectivo. También su hermano Ricardo está en Denver. Ambos tuvieron que migrar por la necesidad y la falta de oportunidades.

Antonio cuenta que a pesar de que él es de piel muy blanca se ha enfrentado a mucha discriminación por ser mexicano. “Nos dicen delincuentes” afirma, refiriéndose a las declaraciones del actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cuando éste era candidato del Partido Republicano.

“Están a la espera de lo que vaya a pasar”, dice Antonio; él y sus compañeros temen que las amenazas del republicano se vuelvan realidad y todos sean deportados.

La derrota de la candidata demócrata, Hillary Clinton, con 232 puntos frente a los 306 de Donald Trump sorprendieron mucho a la comunidad migrante en Colorado. Antonio cuenta que en Denver no apoyaban a Trump, pero que eso no impidió que llegara a “La Grande”.

En cuanto al precio del dólar, el cual ya rebasa los 21 pesos, Antonio señala que es algo muy bueno, porque cada remesa enviada a México se multiplica, aun cuando los precios de muchas cosas suben, incluyendo el cobro del “coyote”, que subió su tarifa de 5 mil dólares a más de 7 mil (más de 150 mil pesos mexicanos).

Antonio espera regresar a México para alcanzar sus metas, pero como está ahora la situación del país, prefiere quedarse allá. Cuando cambie el gobierno y si mejoran las cosas, volverá, externó. Mientras tanto, trabaja todos los días, mientras que el clima lo permite. Cuenta que, por ahora, todo está tranquilo, aunque está latente la amenaza de Donald Trump.

Cuelga el teléfono, la señora Marcela está orgullosa de sus dos hijos que emigraron a Estados Unidos. Aunque muy jóvenes, han tomado la responsabilidad de sus hogares y prefieren dejar su país, para encontrar las oportunidades que no tienen en el suyo.

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